Brasil, anfitrión de la COP30, anunció la publicación de dos nuevas hojas de ruta que trazan estrategias globales para abandonar los combustibles fósiles en los sistemas energéticos y para detener e invertir la deforestación y la degradación forestal hacia 2030. El anuncio llega en la antesala de la conferencia COP31 y después de que varios países intentaran sin éxito, en la COP30 del año pasado, incluir una referencia a una hoja de ruta para abandonar los fósiles en el acuerdo final. La medida importa para México y América Latina porque la región es particularmente vulnerable a los impactos climáticos y depende en distinta medida de la producción y el consumo de hidrocarburos, además de albergar ecosistemas forestales críticos.
Un compromiso voluntario fuera del sistema de la ONU
Al concluir la COP30, la presidencia brasileña se comprometió a crear hojas de ruta basadas en ciencia durante el año siguiente sobre la transición away from fossil fuels y sobre la detención de la deforestación, aunque estas serían voluntarias y quedarían fuera del sistema de Naciones Unidas. Los documentos presentados ahora buscan orientar la acción de países, gobiernos subnacionales y sectores productivos, sin carácter vinculante.
El peso de los fósiles y la deforestación en el clima
Los combustibles fósiles y la deforestación son motores clave del cambio climático. Según la Presidencia de la COP30, la energía representa el 75% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), mientras que la pérdida de bosques contribuye con el 11%. Reducir esas emisiones exige transformar la matriz energética y, al mismo tiempo, proteger los sumideros de carbono que representan los bosques.
Hoja de ruta de combustibles fósiles: el enfoque de preparación de Belém
La hoja de ruta de combustibles fósiles se centra en el llamado “Enfoque de Preparación de Belém”, que examina la exposición de los países a los combustibles fósiles y su capacidad para gestionar la transición en pilares complementarios. Estos son:
- Demanda energética: abarca el uso de energía en transporte, industria y edificios.
- Oferta: evalúa cómo la producción de combustibles fósiles puede adaptarse a medida que se expanden los sistemas energéticos de bajas emisiones y cae la demanda.
- Economía en general: aborda la dependencia fiscal, la inversión, el costo del capital y las señales de precios, entre otros temas.
El documento reconoce la necesidad de una coordinación cuidadosa para la transición, con reducciones en la producción de combustibles fósiles que deben coincidir con la disminución de la demanda mientras los sistemas de bajas emisiones se expanden lo suficiente para mantener una energía confiable y asequible.
La hoja de ruta plantea tres propuestas clave:
- Alentar a países, gobiernos subnacionales y sectores a comenzar ahora a usar el Enfoque de Preparación de Belém para evaluar sus circunstancias e identificar prioridades.
- Lanzar una agenda colectiva para acelerar la acción coordinada en esta década crítica.
- Mantener el diálogo y la cooperación internacionales, incluso a través de futuras presidencias de la COP y del Balance Global.
Hoja de ruta de deforestación: bosques y ecosistemas asociados
La hoja de ruta de deforestación abarca bosques tropicales, subtropicales, templados y boreales, así como ecosistemas relacionados como turberas y manglares. También destaca la degradación forestal, que hace que los bosques pierdan su capacidad de almacenar carbono, regular el agua, sostener la biodiversidad y mantener medios de vida.
El documento identifica cinco áreas complementarias de acción en las estrategias nacionales:
- Conservación.
- Manejo forestal sostenible, agroforestería y bioeconomía.
- Combate a la degradación forestal.
- Combate a la deforestación.
- Restauración, reforestación y forestación.
Entre las propuestas se incluyen mejorar los sistemas de información y monitoreo forestal, fortalecer la asistencia técnica y la creación de capacidades, combatir el crimen ambiental transnacional y promover incentivos comerciales que recompensen la producción sostenible y libre de deforestación.
La brecha financiera: de 84,500 a 300,000 millones de dólares
La hoja de ruta de deforestación identifica el financiamiento como una de las mayores brechas de implementación. Cita investigaciones del PNUMA que indican que el financiamiento forestal anual debe aumentar de 84,500 millones de dólares en 2023 a más de 300,000 millones por año hacia 2030. Al examinar un amplio rango de mecanismos internacionales de financiamiento forestal, como REDD+ y el Fondo Tropical Forest Forever (TFFF), el documento concluye que muchos instrumentos existentes operan por debajo de su potencial, lo que apunta a la necesidad de escalar el financiamiento, mejorar el acceso y recompensar a países y comunidades por la conservación y el manejo forestal sostenible.
Implicaciones para América Latina y México
Para la región, las hojas de ruta ofrecen un marco de referencia para planificar la transición energética y proteger los bosques, aunque su carácter voluntario limita su exigibilidad. Países con economías dependientes de hidrocarburos enfrentan el reto de diversificar sus ingresos fiscales y atraer inversión hacia energías limpias, mientras que naciones con grandes extensiones forestales, como las de la cuenca amazónica, requieren financiamiento y cooperación internacional para cerrar la brecha. México, con compromisos en materia de deforestación y una transición energética en marcha, puede usar estos instrumentos para evaluar su exposición y priorizar acciones.
Las hojas de ruta estarán disponibles para consulta pública y se espera que sirvan de insumo en las discusiones rumbo a la COP31. Su éxito dependerá de la voluntad política y de la movilización de recursos para convertir las propuestas en resultados tangibles.

