Un equipo de investigación liderado por el Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales (CIRES, por sus siglas en inglés) presentó un método inédito para muestrear microplásticos en la atmósfera utilizando un sistema aéreo no tripulado, es decir, un dron. El hallazgo, publicado en la revista Scientific Reports, busca llenar un vacío de conocimiento sobre cómo estas partículas se desplazan por el aire y hasta dónde pueden llegar.
La relevancia del estudio radica en un hecho ya confirmado por la ciencia: los microplásticos están presentes en el cuerpo humano, en los alimentos que consumimos y en entornos remotos del planeta, como el agua de mar y el hielo del Ártico. Sin embargo, su comportamiento en la atmósfera había sido mucho menos explorado. Esta investigación propone una herramienta concreta para empezar a medirlo.
Por qué importa estudiar los microplásticos en el aire
Los microplásticos son fragmentos de plástico menores a cinco milímetros que se desprenden de productos cotidianos, textiles sintéticos, neumáticos y residuos industriales. Su ubicuidad ha encendido alarmas sanitarias y ambientales, pero la mayoría de los estudios se han centrado en el agua y el suelo. La atmósfera, en cambio, funciona como una autopista invisible que puede transportar estas partículas a miles de kilómetros de su origen.
Entender ese transporte atmosférico es clave por varias razones:
- Exposición humana: la inhalación de microplásticos suspendidos en el aire es una vía de entrada al organismo que aún se estudia con cautela.
- Dispersión global: partículas liberadas en una ciudad pueden depositarse en ecosistemas remotos, incluidos glaciares y océanos.
- Modelos climáticos: la presencia de estas partículas en la atmósfera podría influir en procesos físicos y químicos que aún no se comprenden del todo.
Hasta ahora, la falta de métodos estandarizados para capturar muestras a distintas alturas limitaba la calidad de los datos. El nuevo enfoque con drones pretende resolver precisamente ese cuello de botella.
Cómo funciona el muestreo con sistemas aéreos no tripulados
El método desarrollado por el equipo de CIRES emplea un sistema aéreo no tripulado equipado con un dispositivo de captura de partículas. A diferencia de las mediciones desde el suelo o desde torres fijas, el dron puede operar a diferentes altitudes y en ubicaciones de difícil acceso, lo que ofrece un perfil vertical de la concentración de microplásticos.
Esta capacidad es especialmente valiosa porque la distribución de las partículas no es uniforme: puede variar según la altura, la velocidad del viento, la humedad y la cercanía a fuentes de emisión. Contar con muestras aéreas permite construir mapas más precisos del movimiento de los plásticos en la tropósfera baja.
Ventajas frente a los métodos tradicionales
Los muestreadores fijos, ya sea en azoteas o en estaciones de monitoreo, capturan partículas en un solo punto y a una altura limitada. El uso de drones aporta flexibilidad y reduce los costos logísticos de campañas de medición en zonas remotas. Además, permite repetir vuelos en intervalos cortos para observar cambios temporales en la concentración de microplásticos.
El estudio, sin embargo, no se limita a describir el instrumento: también valida la metodología y analiza las primeras muestras recolectadas, lo que sienta las bases para que otros grupos de investigación repliquen el procedimiento.
Implicaciones para América Latina y México
La región latinoamericana enfrenta desafíos particulares en materia de contaminación por plásticos. Ciudades con alta densidad poblacional, actividades industriales intensivas y una gestión de residuos desigual generan condiciones propicias para la liberación de microplásticos al ambiente. Al mismo tiempo, ecosistemas clave como manglares, selvas y costas están expuestos a la deposición atmosférica de estas partículas.
Contar con métodos accesibles de monitoreo aéreo podría ayudar a universidades y agencias ambientales de la región a generar datos propios. Hoy, la mayor parte de la evidencia sobre microplásticos atmosféricos proviene de estudios realizados en Europa, América del Norte y Asia. Cerrar esa brecha de información es indispensable para diseñar políticas públicas basadas en evidencia local.
En México, por ejemplo, instituciones académicas ya realizan investigaciones sobre microplásticos en cuerpos de agua y suelos agrícolas. La incorporación de drones como plataformas de muestreo aéreo abriría una nueva dimensión de análisis, especialmente en zonas urbanas con altos niveles de tráfico vehicular y desgaste de neumáticos, una fuente documentada de estas partículas.
Los retos que quedan por delante
El nuevo método no está exento de limitaciones. La autonomía de vuelo de los drones, la calibración de los dispositivos de captura y la estandarización de los protocolos son aspectos que deberán refinarse para que los resultados sean comparables entre distintos estudios y regiones.
También será necesario ampliar el tamaño de las muestras y diversificar los entornos de prueba: no es lo mismo volar sobre una zona industrial que sobre un área rural o costera. La comunidad científica deberá acordar indicadores comunes para medir la concentración de microplásticos en el aire, de manera similar a como se hace con otros contaminantes atmosféricos regulados.
Por lo pronto, el trabajo publicado en Scientific Reports representa un paso concreto hacia una vigilancia más sistemática de un problema ambiental que, hasta hace poco, pasaba desapercibido en la agenda atmosférica. La posibilidad de medir es el primer requisito para poder mitigar.

