La noche del martes dejó una estela de hitos electorales que pocos analistas anticipaban. Por primera vez en décadas, candidatos demócratas ganaron en estados como Texas, Kansas y Carolina del Sur en unas elecciones para cargos nacionales. La magnitud de la derrota del partido gobernante en los comicios de medio mandato recuerda a la de 1974, tras el escándalo de Watergate que forzó la renuncia de Richard Nixon, aunque la comparación resulta incompleta en un contexto de profunda polarización y lealtades partidistas muy arraigadas.
Un vuelco electoral sin precedentes
El desplazamiento del voto republicano hacia el demócrata por un margen de dos dígitos tiene escasos precedentes. Según el análisis de datos de The New York Times, el cambio respecto a las elecciones presidenciales de 2024 se produjo en todos los grupos demográficos, con un giro especialmente notable entre los hombres jóvenes y los votantes hispanos. Los 54 senadores que el Partido Demócrata ya ha asegurado —y que podrían llegar a 55—, así como los más de 250 miembros de la Cámara de Representantes que podría alcanzar, superan las proyecciones más optimistas.
Texas, Ohio, Georgia y Alaska tendrán gobernadores demócratas por primera vez en décadas. Estos son algunos de los hitos que dimensionan la victoria:
- Texas no elegía a un senador demócrata desde 1988.
- Kansas no votaba por un demócrata desde 1932.
- La victoria en la Cámara de Representantes, con más de 13 puntos de ventaja en el voto popular, no se veía desde 1976.
- Ningún partido había logrado ganar más de dos escaños en el Senado que el partido contrario hubiera ganado por más de diez puntos en las presidenciales.
El rechazo a Trump, factor determinante
El rechazo a Donald Trump es profundo. Ya era impopular cuando ganó en 2024 en un país dividido, pero sus acciones, políticas y declaraciones en los últimos dos años han erosionado su apoyo incluso entre los más fieles. Ningún presidente había llegado a unas elecciones de medio mandato con niveles tan bajos de aprobación en décadas. El precedente que se suele citar es el de Harry S. Truman en 1946, en una era de recesión económica y participación política difícilmente comparables con el entorno actual.
La participación fue alta para unos comicios de mitad de mandato, y la dimensión de las victorias es abrumadora. Los demócratas ganaron las carreras al Senado en Texas por más de un millón de votos y en Carolina del Norte por más de 800.000, según datos parciales.
Resistencia cívica y descontento social
El dominio personal de Trump en la política dentro y fuera de Estados Unidos puede hacer olvidar la resistencia que despertó en su propio país. El descontento con sus políticas ha calado en todo el territorio, movilizando no solo protestas callejeras, sino también organización cívica para denunciar, incluso ante los tribunales, las acciones del Gobierno. El escrutinio de la prensa ha sido constante, incluso desde medios limitados por sus dueños, como The Washington Post, o con línea editorial conservadora, como The Wall Street Journal. Organizaciones de defensa de las libertades civiles, como la ACLU, no se han amedrentado. Las tácticas para rediseñar distritos en la Cámara de Representantes o limitar el derecho al voto no han tenido el impacto suficiente para frenar la ola de descontento popular.
Trump asegura que la derrota no es suya, pero había pedido expresamente en decenas de ocasiones (74, según el recuento de The New York Times) que los republicanos votaran como si él estuviera en la papeleta. Además, impulsó a algunos de los candidatos que hundieron a su partido en territorios amigables, como Carolina del Sur, Carolina del Norte y Texas. La magnitud de la derrota parece haber sorprendido al propio presidente, quien en una entrevista con The New York Times dijo anoche estar “completamente dispuesto a aceptar los resultados” y a “trabajar con los demócratas” en el Congreso.
Factores del voto: precios, corrupción y democracia
Las victorias de candidatos progresistas del Partido Demócrata como Abdul El-Sayed en Michigan y Troy Jackson en Maine, pero también de aspirantes más conservadores como Adam Hamilton en Kansas, o de perfiles intermedios como James Talarico en Texas, reflejan sobre todo un deseo de cambio. El enfado con Trump tiene como causa más visible la subida de precios, en particular del combustible por la guerra en Oriente Próximo, pero también el deseo de que el Congreso limite el poder presidencial. La percepción de corrupción en el Gobierno fue un factor decisivo a favor de los demócratas, según la encuesta a pie de urna de la agencia AP. La mayoría de los votantes dijo haber votado para expresar oposición a Trump, y entre sus preocupaciones destacan el estado de la economía —por la guerra y los aranceles— y la democracia. La política migratoria también motivó el voto: múltiples encuestas mostraban que una pluralidad creía que el presidente había ido “demasiado lejos” con las deportaciones y la persecución de migrantes y extranjeros.
“Estas elecciones han sido una reacción contra la crueldad en Washington”, afirmó en su discurso de victoria Adam Hamilton, pastor metodista y nuevo senador demócrata por Kansas.
Lecciones de Kansas y el futuro inmediato
Hace dos décadas, uno de los libros más populares entre los demócratas desesperados que hacían oposición a George W. Bush era What’s the Matter With Kansas? (¿Qué le pasa a Kansas?), de Thomas Frank. El ensayo intentaba explicar cómo votantes empobrecidos y marginados podían apoyar a un partido que defendía políticas para los más ricos. La respuesta, insatisfactoria, era que las guerras culturales sobre el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo pesaban más que la realidad inmediata. Kansas ha cambiado desde entonces, pero quizá hacía falta alguien tan fuera de la norma como Trump para darle la vuelta.
El resultado de estos comicios no solo reconfigura el mapa político estadounidense, sino que envía una señal sobre el hartazgo ciudadano y la resistencia de la sociedad civil. Con el Congreso en manos demócratas, se abre un nuevo capítulo de contrapesos y negociaciones que marcará la agenda legislativa y el debate público en los próximos meses.

