La comunidad latina de Estados Unidos acude a las urnas este año con un ánimo que combina frustración económica e indignación política. Así lo describe Matt Barreto, profesor de Ciencias Políticas y Estudios Chicanos y Centroamericanos en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y cofundador de la encuestadora BSP Research, quien ha asesorado las campañas presidenciales de Hillary Clinton en 2016, Joe Biden en 2020 y Kamala Harris en 2024, además de haber trabajado como asesor de la Casa Blanca durante la anterior administración demócrata.
En entrevista, Barreto sostiene que el electorado hispano no está protagonizando un realineamiento partidista hacia los demócratas, sino un rechazo frontal al presidente Donald Trump. “Más que una reversión o un cambio de tendencia, el voto latino es un rechazo a Trump”, afirma. Según sus encuestas, los demócratas tienen prácticamente asegurada la recuperación de la Cámara de Representantes, mientras que el Senado sigue siendo una incógnita.
Participación y motivación: presidenciales vs. midterms
Barreto explica que las elecciones presidenciales siempre generan mayor entusiasmo, especialmente entre las minorías raciales y étnicas. “Sabemos que este año habrá un descenso en la participación en comparación con 2024; la cuestión es si esa disminución será significativa o leve”, señala. En estados como Texas, los niveles de participación se acercan mucho a los de las presidenciales, lo que refleja un interés inusual para unos comicios de medio mandato.
El aumento de la votación anticipada, que en algunos lugares ha batido récords respecto a 2022, se explica, según el experto, por el descontento con la gestión económica. Trump llegó al poder prometiendo una recuperación basada en su experiencia empresarial, pero “la situación económica ha empeorado, especialmente para los votantes latinos y los de clase trabajadora”. Los precios de los alimentos, el costo de la gasolina y los aranceles son las principales preocupaciones que movilizan a los latinos.
Encuestas y escenario electoral
El académico confía en que no habrá grandes sorpresas. “Casi todas las encuestas señalan que los demócratas van camino de recuperar la Cámara de Representantes, con una ventaja promedio de siete puntos; diría que es prácticamente un hecho”, sostiene. La imagen negativa de los republicanos, que no han marcado distancias respecto a Trump, lastra sus posibilidades. En el Senado, en cambio, la incertidumbre es mucho mayor.
Barreto insiste en que el giro latino hacia los demócratas es circunstancial. “Es un alejamiento marcado de Trump. Y, dado que en Estados Unidos tenemos un sistema bipartidista, los latinos se inclinan hacia los demócratas. Pero más que una reversión, se trata de un repudio a Trump; es un rechazo hacia él. No es una tendencia. Es solo un dato puntual”, subraya. Tras estas elecciones, los demócratas deberán presentar argumentos y resultados concretos para mantener el apoyo latino, pues no existe una alineación partidista sólida y generalizada.
El peso creciente del electorado latino
La relevancia del voto latino radica en su volatilidad y en su crecimiento demográfico. En las últimas tres o cuatro elecciones ha oscilado entre los demócratas y Trump. Los demócratas tuvieron buenos resultados en 2018, pero en 2024 los republicanos captaron más votos. Para 2026, todo apunta a que el péndulo vuelve a moverse. Además, los latinos son el grupo de votantes que más rápido crece y ya constituyen un bloque importante en estados como Texas, Carolina del Norte y Georgia. En la contienda por el Senado en Iowa, por ejemplo, representan entre el 5% y el 6% del electorado, un margen suficiente para inclinar la balanza en una elección reñida.
Abstención y juventud
La abstención entre los latinos ha sido históricamente mayor que en otros grupos, pero Barreto atribuye esto a la falta de contacto de los partidos, no al desinterés. “Si los candidatos no llaman a tu puerta o no se ponen en contacto contigo, es menos probable que votes”, explica. Los jóvenes son el segmento más propenso a no votar, en parte porque la comunidad latina es la más joven: su segmento más numeroso está compuesto por menores de 40 años, mientras que entre los blancos el grupo más grande son los mayores de 60. “Las personas mayores votan en proporciones muy elevadas porque tienen más experiencia y conocen el sistema”, agrega.
Más de cuatro millones de latinos podrán votar por primera vez tras cumplir 18 años desde la última elección. Sus prioridades son conseguir un empleo bien remunerado, costear una vivienda y acceder a la atención sanitaria. “Los partidos y los políticos consolidados no logran conectar bien con los votantes jóvenes, especialmente con los latinos”, advierte Barreto.
¿Un bloque monolítico?
El experto rechaza la idea de que los latinos voten como una unidad cohesionada, pero sí los considera un bloque electoral diverso. “La mayoría de los latinos coincide en que tienen mucho en común con otros latinos. No obstante, no se les debe considerar una unidad totalmente cohesionada. ¿Acaso todos ellos —los 40 millones— comparten los mismos gustos en cuanto a comida, música o candidatos? Por supuesto que no”, ilustra. La diversidad interna no impide su estudio como grupo, del mismo modo que se analiza a los hombres blancos de clase trabajadora.
Economía e inmigración: la combinación explosiva
Aunque la economía es la principal preocupación de todos los estadounidenses, la inmigración es el tema que más indignación provoca entre los latinos. “La indignación conduce a la movilización. Mucha gente está muy molesta; no esperaban que Trump fuera tan extremista. Creían que se centraría únicamente en perseguir a los llamados ‘criminales’, pero no es así”, afirma. Cuando la economía no se recupera y, al mismo tiempo, las autoridades migratorias actúan en las calles —incluso con episodios de violencia—, la situación se vuelve insostenible. Figuras como la congresista María Elvira Salazar, en Florida, se están distanciando de Trump. “Es una doble circunstancia negativa que coincide en el mismo ciclo electoral”, apunta.
Gerrymandering: un cálculo fallido
Los republicanos han rediseñado distritos electorales para reducir la influencia de las minorías, un fenómeno conocido como gerrymandering. Barreto sostiene que ese cálculo se basó en el desempeño de Trump entre los latinos en 2024, que ahora es mucho peor. “En estados como Texas y Florida, estos distritos rediseñados podrían no dar los resultados que los republicanos esperaban. Partieron de premisas erróneas”, concluye.
Con este panorama, las elecciones de medio mandato de 2026 se perfilan como un referéndum sobre la gestión de Trump y como una prueba de fuego para los demócratas, que deberán demostrar que merecen el voto latino más allá del rechazo al adversario.

