Desde que Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada de Venezuela el pasado 3 de enero, se han registrado cambios en el aparato represivo del chavismo. Canjes de nombres en algunas agencias, reducción de la persecución a opositores y excarcelación de cientos de presos. Los ajustes más drásticos incluyen el anuncio del desmantelamiento de El Helicoide, principal centro de tortura del régimen; el cierre de la oficina presidencial que centralizaba la información de inteligencia; la Ley de Amnistía para liberar presos políticos; y la salida del fiscal general y del ministro de Defensa del madurismo.
Escepticismo en la sociedad venezolana
La sociedad venezolana aún mira con escepticismo el nuevo momento político. Los cambios de la era Delcy se han implementado mientras el gobierno estrecha vínculos con Estados Unidos bajo Donald Trump y abre la posibilidad de una negociación con la oposición liderada por la presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, Dinorah Figuera. La lógica parece simple: cumplir con las exigencias de la Casa Blanca y su plan de tres fases para Venezuela (estabilización, normalización y transición, aunque sobre esto último el gobierno encargado no se ha pronunciado) y evitar conflictos internos de relevancia. Visitas de altos cargos estadounidenses lo confirman: el director de la CIA, el secretario de Energía, el comandante del Comando Sur, el secretario del Interior y el presidente del Estado Mayor Conjunto.
Persistencia del engranaje represivo
Sin embargo, en Venezuela siguen operando tanto el engranaje de organismos dedicados a controlar y vigilar a los ciudadanos como docenas de centros de reclusión y tortura. Pese al anuncio de la amnistía del 30 de enero y el contraste entre las cifras del gobierno (7,325 personas liberadas al 5 de marzo según Rodríguez) y lo que afirman organizaciones de derechos humanos, los principales órganos responsables de sembrar el terror permanecen activos. La ONG Foro Penal Venezolano indica que al 24 de junio de 2026 todavía hay 373 presos políticos y un acumulado de más de 10,000 detenciones arbitrarias desde 2014.
El Helicoide: símbolo de tortura
El Helicoide, conocido como el principal centro de tortura del chavismo, ha sido escenario de denuncias constantes por violaciones a los derechos humanos. Aunque se anunció su desmantelamiento, organizaciones como Human Rights Watch señalan que aún se realizan traslados de presos a otras instalaciones, lo que sugiere que la estructura represiva no se ha desmantelado por completo.
Relación con Estados Unidos
El acercamiento con Estados Unidos ha sido clave en estos cambios. El plan de tres fases impulsado por Washington busca estabilizar el país, normalizar las relaciones y eventualmente facilitar una transición política. Sin embargo, la oposición venezolana y analistas internacionales advierten que las concesiones del chavismo podrían ser tácticas para ganar tiempo y legitimidad, sin un compromiso real con la democracia.
Perspectivas futuras
El futuro de Venezuela sigue siendo incierto. Mientras Delcy Rodríguez busca consolidar su liderazgo, la presión internacional y las demandas internas por justicia y libertad continúan. La Ley de Amnistía ha sido criticada por excluir a ciertos presos políticos y por no garantizar investigaciones sobre crímenes de lesa humanidad. La comunidad internacional observa de cerca, pero las acciones concretas del gobierno serán determinantes para evaluar si realmente hay un cambio de rumbo.
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