Cortesía

Hace casi seis años, durante su primer mandato, Donald Trump firmó una ley bipartidista para eliminar gradualmente los hidrofluorocarbonos (HFC), potentes gases de efecto invernadero usados en refrigeración comercial. Ahora, en un giro sorprendente, su administración ha revertido las reglas de la EPA que implementaban esa ley, prometiendo que esto reducirá los precios de los alimentos. Sin embargo, economistas y exfuncionarios de la EPA advierten que el efecto será el contrario.

¿Qué son los HFC y por qué importan?

Los HFC son gases de efecto invernadero extremadamente potentes, utilizados como refrigerantes en supermercados, sistemas de aire acondicionado y máquinas de bebidas. Su potencial de calentamiento global es cientos o miles de veces mayor que el del CO2. Además, los sistemas que los usan son propensos a fugas: la EPA estima que los supermercados en EE.UU. pierden en promedio el 25% de sus refrigerantes cada año.

La promesa de Trump: ¿ahorro real o teatro?

Trump afirmó que las nuevas reglas ahorrarían a las familias estadounidenses más de 2.400 millones de dólares. Pero Chris Barrett, economista de la Universidad de Cornell, explica que los refrigerantes representan una fracción mínima del costo de los alimentos. “Para un consumidor que gasta 200 dólares a la semana en el supermercado, el ahorro máximo sería de uno o dos dólares”, señala. De hecho, un análisis interno de la EPA reconoce que la medida podría aumentar los precios al distorsionar la oferta y la demanda.

El impacto climático

La reversión retrasa los plazos para que supermercados y empresas de aire acondicionado reduzcan el uso de HFC, y exime a transportistas de reparar fugas. Según un informe de Inside Climate News, esto podría generar 68 millones de toneladas métricas adicionales de CO2 equivalente para 2050. Además, la Enmienda de Kigali, que busca reducir el calentamiento global en 0.5 °C para fin de siglo, se ve comprometida.

La verdadera causa del alza de precios

Barrett señala que el aumento de los precios de los alimentos en los últimos seis años se debe principalmente al clima extremo y los choques climáticos, no a las regulaciones ambientales. “Relajar estas reglas agrava el cambio climático, lo que genera más sequías y olas de calor que reducen la productividad agrícola y, en última instancia, aumentan los precios”, advierte.

Mientras tanto, grandes cadenas de supermercados apoyan los cambios, pero no hay garantía de que trasladen los ahorros a los consumidores. “Necesitamos preguntarnos: ¿quién se beneficia realmente de estas promesas vacías?”, concluye Barrett.

Otros artículos relacionados:

Por Editor

Deja un comentario