La sombra de la extorsión se alarga sobre el tejido empresarial mexicano. Un nuevo estudio revela un preocupante incremento en los intentos de extorsión contra negocios, acompañado de una desconfianza generalizada y casi absoluta en las autoridades para resolver el problema. Según el más reciente Monitoreo de Percepciones Empresariales de VESTIGA Consultores, la proporción de empresas que reporta haber sufrido intentos de extorsión pasó del 26% en 2024 al 41% en 2026, mientras que aquellas que terminaron realizando pagos casi se duplicaron, del 5% al 9%.
La crisis silenciosa: pagar y callar
El dato más alarmante, sin embargo, no es solo el aumento de la incidencia, sino la respuesta empresarial ante ella. Más de 9 de cada 10 empresas (más del 90%) optan por no denunciar los intentos o actos de extorsión que sufren, una cifra que se ha mantenido inamovible durante los últimos dos años. Esta “crisis silenciosa” se explica, en gran medida, por la percepción de impunidad: aproximadamente el mismo porcentaje, un 90%, declara tener desconfianza total o casi total en que las autoridades mexicanas puedan investigar y sancionar estos delitos de manera efectiva.
“Cuando se trata de seguridad, de la integridad del negocio, de los activos de las empresas y, sobre todo, de las vidas de sus empleados y accionistas, no hay mucho análisis costo-beneficio que valga”, advierte Sergio Díaz, socio director de VESTIGA Consultores. “Por eso nos urgen mucho mejores condiciones de seguridad en el país, porque sin ellas una gran proporción del empresariado no va a seguir tomando riesgos y eso irá en detrimento de la actividad económica”.
Las micro y pequeñas empresas, las más golpeadas
El impacto de la extorsión no es homogéneo. El estudio de VESTIGA detalla que el problema golpea con mayor fuerza a las empresas de menor tamaño, que son más vulnerables por su perfil y recursos limitados. Según los datos, el 15% de las empresas pequeñas reportaron haber realizado pagos por extorsión en el último año, frente a un 5% de las medianas y solo un 1% de las grandes corporaciones.
“Por razones de menor visibilidad y mayores capacidad económica y de gestión de seguridad, las empresas micro y pequeñas están más expuestas al delito de la extorsión y, por supuesto, lo están padeciendo más”, explica Díaz. Sectores como el comercio, la construcción y el transporte son particularmente sensibles a esta presión delictiva, que erosiona no solo sus finanzas sino también su capacidad de operar con normalidad.
Un futuro sin optimismo
La perspectiva a futuro que tienen los propios empresarios no es alentadora. Cerca del 80% de las empresas encuestadas considera que en los próximos tres años no habrá mejoras significativas en la incidencia de la extorsión en México. Esta falta de expectativas positivas refleja un círculo vicioso: el aumento del delito alimenta la desconfianza en las instituciones, y esta desconfianza, a su vez, desincentiva la denuncia, perpetuando la impunidad.
Díaz subraya un principio clave en materia de seguridad: “En seguridad, como consultores y académicos lo sabemos, es incluso más importante la percepción que la realidad”. La percepción actual es de vulnerabilidad y abandono institucional, un cóctel que frena la inversión y el desarrollo económico. La extorsión ya no es solo un problema de seguridad pública; se ha consolidado como una grave amenaza para la economía digital, el desarrollo y la estabilidad empresarial en México, una tendencia que requiere atención urgente y estrategias efectivas más allá de la retórica.

