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domingo, 25 de octubre de 2026
geopolitica

Lula y Flávio Bolsonaro: la batalla final en Brasil

Brasil define su futuro en el balotaje entre Lula y Flávio Bolsonaro. El sindicalismo y la clase trabajadora se movilizan en un clima de incertidumbre.

Por Editor5 min de lectura0 comentarios
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Cortesía
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La sede del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo, en el gran São Paulo, se ha convertido en un símbolo de la resistencia lulista. En sus pasillos, entre carteles y fotografías, resuena con fuerza una consigna: “¡Aquí no hay miedo!”. Doña Célia, de 80 años, regenta desde hace medio siglo un pequeño bar y una tienda de recuerdos en el vestíbulo del edificio. Aunque ya le cuesta hablar, su energía es contagiosa cuando se le pregunta sobre la posibilidad de una victoria del ultra Flávio Bolsonaro en el balotaje de este domingo. “¿Miedo? El miedo es una equivocación. ¡Aquí no hay miedo!”, exclama. Para ella, Lula lo es todo.

El edificio de cuatro plantas, que alberga la sede sindical, es un santuario del lulismo. Las efigies del presidente se mezclan con las de figuras históricas como Gandhi, Che Guevara y Rosa Luxemburgo. En la segunda planta se ha reconstruido, a modo de museo, el despacho que Lula ocupó como líder sindical entre 1975 y 1981: la máquina de escribir, el teléfono, la agenda de cuero. Allí se encerró dos noches en 2018 antes de entregarse a la policía tras su condena judicial. El portalón rojo de la entrada, que franqueó aquel 8 de abril, se ha convertido en un hito histórico.

Un bastión sindical en tiempos de cambio

São Bernardo do Campo, cuna de la industria automovilística brasileña, ha sido testigo de la transformación del movimiento sindical. La planta de Volkswagen, instalada a finales de los años cincuenta, fue la primera de la marca en Sudamérica y dio empleo a generaciones de familias. Wellington Damasceno, de 41 años, es el actual presidente del sindicato. Entró como aprendiz en la misma planta donde trabajaba su padre y hoy lidera una organización que ha visto reducirse su membresía de 250.000 a 74.000 afiliados debido a la desindustrialización y el cierre de fábricas como las de Ford y Toyota.

“Están siendo días muy intensos”, relata Damasceno. “Tenemos una organización muy bien diseminada por las fábricas y no hemos dejado de hacer el trabajo sindical y burocrático a la vez que el político. Nos hemos tenido que desdoblar para atender a los trabajadores y estar en la calle, repartiendo panfletos, con el auto de megafonía. La mayoría de nuestra gente está muy obstinada en buscar el voto. El lunes lo vamos a celebrar”.

El líder sindical insiste en que el resultado de la primera vuelta, en la que Flávio Bolsonaro sorprendió al quedar primero, ha despertado a muchos sectores de la sociedad. “Ver a Flávio en primer lugar ha tenido un efecto sobre la gente, que ha actuado de forma espontánea, sin necesidad de coordinarla. Ha sido maravilloso. Flávio quiere acabar con el descanso semanal de dos días [recién aprobado por el Congreso] e implantar el salario por horas. Estamos viendo cómo gente que luchó contra la dictadura y por las primeras elecciones democráticas se está sumando a la manifestación”.

Desafíos de la nueva era industrial

Damasceno no oculta que el sindicalismo y la industria afrontan un cambio de época. La competencia de la industria automovilística china, que ha entrado con fuerza en el país a través de BYD tras asumir una factoría de Ford en Camaçari (Bahía), es una de las principales preocupaciones. “Si implantas tecnología, vas a perder trabajadores. Pero si no la implantas, pierdes la empresa entera. Para hacer esa transición necesitas créditos y ayudas”, ejemplifica.

El “gran desafío”, admite, es lidiar con una nueva realidad social que a menudo se vincula con el retroceso de la izquierda: cómo acercar el sindicalismo a ese trabajador que ahora actúa por cuenta propia, “que conduce un auto, reparte comida en bicicleta o tiene un pequeño taller”. “Muchos de esos eran antes metalúrgicos y se siguen considerando así”, apunta.

En las columnas del vestíbulo de la sede sindical aún resisten las pegatinas de la época de la pandemia: “Vacuna en el brazo, comida en el plato. Fuera Bolsonaro”. Seis años después, la lucha continúa. El rival es otro, pero el apellido es el mismo: Bolsonaro. La sombra del expresidente Jair Bolsonaro planea sobre el balotaje, y sus políticas, especialmente durante la pandemia, son recordadas por los trabajadores. Valdir Davide, veterano sindicalista despedido por Mercedes en 1989, lo resume: “Yo hablo con el pueblo y veo lo que hay”. A los que no se dejan convencer, les recuerda los más de 700.000 muertos en la pandemia, cuando Bolsonaro padre no quería comprar vacunas.

El futuro en juego

La elección de este domingo definirá no solo el rumbo político de Brasil, sino también el futuro del movimiento sindical y de la clase trabajadora. En São Bernardo do Campo, la cuna del lulismo, la esperanza y la determinación se entrelazan con la incertidumbre. Como reza una de las paredes del sindicato: “Luta” (lucha). Y la lucha continúa.

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