La Real Academia de las Ciencias de Suecia ha otorgado el Premio Nobel de Física de 2026 al belga Francis Halzen, de 82 años, por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico. El anuncio, realizado este martes 6 de octubre, reconoce un hallazgo que abrió una nueva ventana al universo utilizando estas partículas esquivas, conocidas como “partículas fantasma”.
Halzen, investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison, recibió la noticia durante un viaje a Italia para asistir a un congreso. En rueda de prensa, el científico expresó: “Muy poca gente pensó que funcionaría. Fue toda una aventura cuyo éxito no estaba ni mucho menos asegurado; y si lo conseguimos fue gracias a la colaboración, y a la suerte”.
IceCube: un telescopio de neutrinos bajo el hielo antártico
El experimento IceCube es una estructura colosal: un cubo de un kilómetro de lado enterrado a dos kilómetros de profundidad en el hielo del Polo Sur, en la Antártida. Su objetivo es aislarse de cualquier interferencia terrestre para detectar neutrinos, partículas que atraviesan la materia sin dejar apenas rastro y que viajan durante miles de millones de años por el universo.
Cada segundo, unos 100 billones de neutrinos atraviesan nuestro cuerpo sin que lo notemos. Capturar su interacción es extremadamente difícil, pero Halzen ideó un método revolucionario: utilizar el hielo antártico como medio detector. Cuando un neutrino interactúa, produce una partícula cargada que, al superar la velocidad de la luz en el hielo, genera un destello azul conocido como luz Cherenkov. IceCube detecta esos destellos mediante más de 5.000 sensores ópticos distribuidos en hileras verticales.
La construcción del observatorio requirió siete años, entre 2004 y 2010, en uno de los entornos más hostiles del planeta. Se utilizó agua caliente a presión para derretir el hielo y sumergir los detectores, formando un volumen de 1.000 millones de toneladas de hielo instrumentado. El costo total del proyecto ascendió a 279 millones de dólares, financiado principalmente por Estados Unidos, con contribuciones de Alemania, Bélgica y Suecia. Actualmente, 14 países participan en la colaboración científica.
El descubrimiento que cambió la astronomía
En 2013, IceCube logró su gran triunfo: detectó 28 neutrinos de origen cósmico, es decir, provenientes de fuera de nuestro sistema solar. La mayoría de los neutrinos que llegan a la Tierra son producidos por el Sol, pero estos tenían una energía mucho mayor y su trayectoria apuntaba a fuentes astrofísicas lejanas. El hallazgo fue portada de la revista Science y marcó el inicio de una nueva era en la astronomía.
“El IceCube permitió reconstruir la trayectoria de estos mensajeros hasta su origen, lo que inició una nueva era de la astronomía que no se basaba en luz, sino en estas partículas fantasmales que permitían estudiar los enigmáticos cuerpos que las originan, como los agujeros negros supermasivos”, explicó Halzen.
Actualmente, detectores como IceCube, enterrados en viejas minas o en el fondo marino, permiten observar nuestra galaxia, la Vía Láctea, no solo con luz, sino también con los neutrinos que emite. Este nuevo campo de la astronomía de neutrinos complementa la observación tradicional y ofrece una visión más completa de los fenómenos más violentos del universo.
Colaboración internacional y desafíos presupuestarios
El proyecto IceCube es un ejemplo de cooperación científica global. En 2026, el observatorio se salvó de un recorte del 50% de su presupuesto impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El Congreso rechazó esa reducción y garantizó la financiación de la instalación hasta 2031, incluyendo la construcción de un detector de segunda generación ocho veces más grande que el actual.
La continuidad de IceCube es crucial para seguir explorando el universo con neutrinos. La próxima generación, conocida como IceCube-Gen2, ampliará significativamente la sensibilidad y permitirá detectar un mayor número de eventos cósmicos, acercándonos a comprender mejor la física fundamental.
Reacciones de la comunidad científica
Enrique Zas, investigador del Instituto Gallego de Física de Altas Energías y antiguo estudiante postdoctoral de Halzen, reconoció que esperaba el premio: “Tenía el presentimiento de que le iban a dar el Nobel”. Zas trabajó con Halzen a finales de los 80 durante tres años, realizando cálculos sobre la mejor forma de atrapar neutrinos y estimar cuántos llegarían a los detectores. Recuerda que un intento previo de construir un telescopio de neutrinos bajo el mar en Hawái fracasó, en parte porque los tiburones se comían los cables. La opción de Halzen, con esa forma de queso gruyer enterrado en el hielo, fue “una innovación total”, destaca Zas.
Juande Zornoza, también exestudiante postdoctoral de Halzen, subraya que el físico belga “fue una persona clave para conseguir el apoyo de científicos y gente con poder de decisión para construir estos primeros detectores, gracias a los que ahora sabemos que el universo está lleno de neutrinos”. Zornoza incide en que el hallazgo “abrió una nueva ventana al universo”. “Al abrirla teníamos miedo de que diera a un descampado, pero gracias a IceCube vimos que, al contrario, nos mostraba un sitio lleno de cosas interesantes, como el colapso de estrellas y agujeros negros supermasivos que nos ayudan a entender mejor la física fundamental”, expone.
Zornoza es coordinador de España en KM3NET, un detector de neutrinos de nueva generación que se está construyendo en el fondo del Mediterráneo, a 3.500 metros de profundidad. En 2025, este experimento detectó la partícula con más energía observada hasta la fecha en el universo: un neutrino de origen desconocido cuyo hallazgo fue portada de Nature.
Un Nobel individual en una era de grandes colaboraciones
Es posible que con este premio individual —algo cada vez menos común— la Academia haya intentado evitar los problemas sobre cómo premiar a grandes colaboraciones científicas en las que decenas o incluso cientos de científicos aportan trabajo y esfuerzo. Halzen “ha sido una de las caras más visibles del campo”, argumenta Zornoza, aunque no la única.
El trabajo de Halzen y su equipo ha transformado nuestra comprensión del universo. Los neutrinos, esas partículas casi invisibles, se han convertido en mensajeros cósmicos que nos permiten estudiar los fenómenos más extremos, desde explosiones de supernovas hasta la actividad de agujeros negros supermasivos. Este Nobel reconoce décadas de esfuerzo y el impacto duradero de una idea audaz.
Contexto de los Premios Nobel 2026
Este es el segundo galardón que se anuncia esta semana. El lunes se otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por el descubrimiento de la optogenética, una herramienta que permite activar las neuronas con luz. Mañana se anunciará el de Química.
Cada premio Nobel está dotado con 11 millones de coronas suecas, aproximadamente un millón de euros. Desde la creación del galardón en 1901 hasta 2025, se han otorgado 119 premios de Física a 229 científicos, de los que solo cinco han sido mujeres.
El Premio Nobel de Física 2026 a Francis Halzen no solo celebra un descubrimiento científico, sino también la tenacidad y la visión de un investigador que se atrevió a imaginar un telescopio en el hielo antártico. Su legado perdurará en las generaciones futuras de astrónomos y físicos que seguirán explorando el universo con neutrinos.
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