En el marco del Día Interamericano de la Calidad del Aire (DIAIRE), que se conmemora este 14 de agosto, la industria mexicana enfrenta una realidad ineludible: la contaminación atmosférica no solo proviene de chimeneas o escapes vehiculares. Existe una amenaza invisible que habita en las cámaras frigoríficas, centros logísticos y plantas industriales: las fugas de refrigerantes.

Los sistemas de refrigeración y HVAC-R son la columna vertebral de la vida moderna y el comercio. Sin embargo, cuando estos gases se liberan de manera no controlada, el impacto ambiental es devastador. Muchos refrigerantes poseen un Alto Potencial de Calentamiento Global (GWP, por sus siglas en inglés), lo que significa que un solo kilogramo liberado puede equivaler a toneladas de CO₂ en la atmósfera. Las fugas no solo contribuyen al calentamiento global con un potencial miles de veces superior al CO₂, sino que reducen drásticamente la eficiencia energética, elevando los costos operativos en las empresas.

El desafío de la invisibilidad es uno de los mayores obstáculos para la acción. A diferencia de otros incidentes industriales, una fuga de refrigerante no genera humo ni olores perceptibles en muchos casos. “Una instalación puede perder pequeñas cantidades de manera continua durante meses sin ser detectada visualmente. El problema no es solo la cantidad liberada, sino el efecto dominó que genera: un sistema con bajo refrigerante trabaja más para alcanzar la temperatura deseada, disparando el consumo eléctrico”, explica Jorge Naranjo, Business Development Manager para la línea Bacharach en MSA Safety México. Esta combinación de gas liberado y mayor demanda energética crea una huella de carbono doble que compromete los objetivos de sustentabilidad de cualquier corporación.

En México, el marco jurídico ha evolucionado para sancionar no solo la acción, sino también la omisión en el control de estas sustancias. De acuerdo con la legislación vigente, el manejo de gases refrigerantes ha dejado de ser un asunto de conciencia ambiental para convertirse en una disposición legal estricta. Según el Artículo 414 del Código Penal Federal, se imponen penas de uno a nueve años de prisión y multas de hasta 3 mil días a quien realice actividades con sustancias peligrosas (como los refrigerantes) sin aplicar las medidas de prevención o seguridad necesarias que causen daño a los recursos naturales o la salud pública.

La Ley Federal de Responsabilidad Ambiental establece que las personas morales son responsables de los daños ocasionados por sus representantes o empleados cuando estos sean omisos en sus funciones. El daño es atribuible a quien omita impedirlo si tenía el deber jurídico de evitarlo. Además, existen normas específicas que regulan este sector, como la NOM-052-SEMARNAT-2005, que clasifica los residuos peligrosos, y la NOM-162-SEMARNAT-2011, que identifica a los refrigeradores y aires acondicionados como productos que requieren un plan de manejo obligatorio.

La sustentabilidad en la refrigeración ha evolucionado. Ya no basta con elegir gases de bajo Potencial de Calentamiento Global o GWP por sus siglas en inglés. La detección temprana de fugas se posiciona como una acción ambiental clave para reducir el impacto climático y evitar sanciones legales, al tiempo que se protege la eficiencia operativa de las empresas.

Por Editor

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