Eric Schmidt, ex CEO de Google y actual CEO de Relativity Space, afirmó que China se encuentra ahora apenas seis meses por detrás de Estados Unidos en el desarrollo de inteligencia artificial, una brecha que él mismo había estimado en dos años hace apenas un año o dos. La revelación la hizo durante una entrevista en el marco del Masters of Scale Summit 2026, en el programa Rapid Response, conducido por Robert Safian. Para México y América Latina, la advertencia es clara: la competencia tecnológica entre las dos potencias define el tablero global y las economías de la región deberán posicionarse ante un escenario de rápida difusión de modelos abiertos y capacidades de cómputo.
La carrera por la inteligencia: el reto de la década
Schmidt calificó la competencia entre China y Estados Unidos como “la competencia que define a nuestra generación y a nuestra época”. El motivo, explicó, es que ambas naciones están volcadas en desarrollar sistemas de razonamiento e inteligencia sobrehumanos, es decir, capacidades que ya superan las humanas en tareas específicas. Puso como ejemplo los vehículos autónomos Waymo que operan en San Francisco: “tienen mejor visión que los conductores humanos, especialmente porque no beben”, ironizó.
El exdirectivo recordó que él formó parte del grupo que impulsó restricciones a la exportación de chips hacia China hace algunos años, con la expectativa de que tardarían unos diez años en sortearlas. Sin embargo, la realidad lo sorprendió: “Hace un año o dos, parecía que China estaba uno o dos años atrás. Ahora parece que están seis meses atrás, y hay muchos estudios que lo demuestran”.
¿Cómo lo logró China pese a las restricciones?
Pese a los controles sobre semiconductores, el gigante asiático encontró la manera de desarrollar algoritmos similares a los estadounidenses y de aprovechar el conocimiento generado, pero con una décima parte de la energía y, en algunos casos, con menos rendimiento. Schmidt subrayó que existe un intenso debate en la industria sobre si esa brecha se ampliará o se reducirá, pero por ahora, dijo, “es una carrera de dos caballos”.
El empresario identificó varias ventajas estructurales de China:
- Energía abundante y renovable: mientras Estados Unidos prometió hace una década avanzar en energías limpias y no lo cumplió, China tiene “energía infinita, en su mayoría renovable”.
- Agilidad en infraestructura: no enfrenta las colas de interconexión eléctrica que en EU pueden durar hasta siete años, y está construyendo centros de datos de forma masiva.
- Financiamiento a startups: a pesar de un mercado financiero más restringido, logró fondear empresas como DeepSeek, que recientemente realizó una gran ronda de inversión. Schmidt reveló que intentó invertir en DeepSeek y descubrió que es ilegal bajo la ley estadounidense.
- Estrategia nacional: el gobierno puede dictar la IA como prioridad nacional y alinear a todos los actores detrás de ella.
En contraste, Estados Unidos cuenta con talento, mercados de capital profundos —”¿dónde más podrías conseguir 50 mil millones de dólares en un mensaje de texto?”, preguntó—, pero carece de energía y de centros de datos suficientes. Schmidt estimó que para 2030 o 2031 se necesitarán entre 60 y 80 gigavatios de potencia adicional, y cada gigavatio cuesta alrededor de 50 mil millones de dólares, equivalente a una planta nuclear. “La última vez que revisé, no estábamos construyendo muchas”, sentenció.
El dilema del código abierto
Schmidt abordó el debate sobre los modelos de código abierto y de pesos abiertos, en los que China ha tomado la delantera. Explicó que el gigante asiático optó por esta estrategia porque era la más razonable para compensar su desventaja: necesitaba usuarios rápidamente y estaba dispuesta a asumir el riesgo de apropiación de propiedad intelectual. “Parece que está funcionando, al menos están obteniendo financiamiento”, señaló.
Sin embargo, advirtió sobre un problema que considera hoy irresoluble: los modelos de pesos abiertos incluyen salvaguardas, pero existe una técnica llamada “obliteración” que permite eliminar esas restricciones y obtener el modelo en bruto. Esos modelos sin restricciones pueden ser utilizados para ciberataques. “La velocidad a la que se expanden las capacidades de software en los próximos meses es tan extraordinaria que los técnicos en San Francisco y en otros lugares están realmente preocupados”, afirmó. Ese temor, dijo, alimenta la pregunta de “¿podemos frenar?”, aunque hacerlo sea muy difícil.
Schmidt también mencionó que el movimiento de código abierto ha ganado terreno en Estados Unidos como base para el desarrollo, pero los grandes modelos siguen siendo en su mayoría cerrados por buenas razones. Citó ejemplos como Reflection AI, que lanzó un modelo de 500 mil millones de parámetros; Nemotron de Nvidia, de tamaño similar; y Gemma 4 de Google, un modelo más pequeño pero muy potente. “No es completamente China contra Estados Unidos”, aclaró.
¿Es un juego de suma cero?
El ex CEO de Google sostuvo que la IA no es un juego de suma cero y que China no es el enemigo. Comparó la situación con mercados donde dos empresas competidoras terminan creando un mercado completamente nuevo. El mejor escenario posible, dijo, sería una conversación racional entre las élites estadounidenses y chinas para acordar reglas de gestión, aunque reconoció que el entorno político actual lo hace casi imposible.
Para América Latina, las implicaciones son profundas. La región observa cómo las dos potencias definen estándares tecnológicos, y la adopción de modelos abiertos chinos o cerrados estadounidenses marcará su desarrollo digital. La infraestructura energética y de centros de datos también será un factor de atracción de inversiones. Schmidt dejó claro que la carrera por la inteligencia artificial es “la carrera del milenio” y que sus efectos alcanzarán a las próximas generaciones.

