La Real Academia Sueca de las Ciencias ha anunciado este lunes 12 de octubre de 2026 la concesión del Premio Nobel de Economía, oficialmente conocido como Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, a los economistas estadounidenses Michael Woodford y Robert E. Hall. El jurado ha reconocido sus investigaciones sobre los modelos neokeynesianos, que han propiciado un cambio de paradigma en la política de estabilización, es decir, en las políticas monetarias y fiscales diseñadas para suavizar los ciclos económicos y contener burbujas.
El fallo tiene una relevancia inmediata para México y América Latina, regiones que enfrentan entornos inflacionarios y volatilidad financiera. Los modelos de Woodford y Hall permiten explicar y cuantificar cómo las decisiones de los bancos centrales y los ministerios de Hacienda amortiguan las crisis, un tema crucial en un contexto global donde la inflación sigue siendo una preocupación central.
¿Quiénes son los galardonados?
Michael Woodford nació en Chicopee, Massachusetts, en agosto de 1955, y es profesor en la Universidad de Columbia. Robert E. Hall nació en Palo Alto, California, en mayo de 1943, y es profesor en la Universidad de Stanford. Ambos son estadounidenses, como el 70% de los galardonados con el Nobel de Economía.
Woodford ya había recibido el premio Fronteras del Conocimiento de Economía de la Fundación BBVA y estaba en casi todas las listas de favoritos. Su trabajo es de total vigencia en el entorno inflacionista actual. El economista cambió la forma de entender la fijación de precios al aceptar que las empresas no los modifican de forma instantánea, sino que siguen otras dinámicas, como fidelizar clientes o redistribuir costes. Esta rigidez a la hora de cambiar los precios hace que sean los bancos centrales los que tienen más capacidad para impactar en la economía real.
Para que las subidas de los tipos de interés tengan un efecto adecuado, deben subir más que los precios. Woodford apuesta por una acción decidida e incluso agresiva. Si, por ejemplo, la perspectiva es que la inflación pase del 3% al 4%, un incremento de 100 puntos básicos, los tipos de interés deberían subir 125 puntos básicos. Pasando, por ejemplo, del 2%, al 3,25% para enfriar la economía.
El legado de Robert E. Hall
Bob Hall, como se le conoce familiarmente, es uno de los economistas que ha sentado las bases de los fundamentos de la macroeconomía moderna, pero había caído en el olvido y con este reconocimiento la Academia sueca recupera su legado. Dos de sus teorías más célebres pasan por el desarrollo de un impuesto tipo tarifa plana y la hipótesis del paseo aleatorio. Esta segunda teoría rompe con la asunción tradicional de Keynes de que los hogares consumen en función de la renta del año en curso. Hall introdujo otros parámetros, como las expectativas de renta presente y futura o el acceso al crédito para modelar una idea mucho más compleja en la predicción del consumo de las familias.
Hall desarrolló en los años sesenta junto con su exesposa, la prestigiosa economista de Berkeley Bronwyn Hall, un programa de software que facilitaba a los economistas hacer cálculos econométricos muy complejos, procesando datos de forma masiva que permitieran probar sus hipótesis de trabajo. Lo comercializaron bajo el nombre TSP en 1978 y durante años fue el instrumento básico de trabajo de los economistas, con un tremendo éxito. La pareja se divorció en los años ochenta y fue ella la que se quedó al frente del negocio.
Un cambio de paradigma en la política económica
Las teorías de estabilización económica son atribuidas a John Maynard Keynes, para muchos padre de la macroeconomía moderna. Hace ya un siglo, Keynes demostró la necesidad de estimular la economía durante las recesiones, reduciendo los tipos de interés y aumentando el déficit presupuestario, mientras que, para frenar una economía en auge, los recortes o medidas de contención eran necesarias.
La Academia recuerda que durante las crisis del petróleo de la década de los setenta, pareció que los modelos keynesianos que regulan cuándo y cómo deben aplicarse las medidas ya no funcionaban. “No redujeron el desempleo, sino que, por el contrario, provocaron una inflación descontrolada”. Y se extendió la creencia de que “habían hecho más daño que bien y que debían abandonarse”.
Hall y Woodford han reconstruido los modelos económicos para revitalizar estas teorías sobre cómo lograr la estabilización. En lugar de basar los modelos en variables como la inflación, la producción y el consumo, se han fijado en la microeconomía y han apostado por entender cómo influir en las decisiones de los hogares y las empresas. “Cuando los gobiernos y los bancos centrales comunican sus planes de política económica, pueden influir en esta visión del futuro y orientar la economía en la dirección correcta”, dice el comunicado de la Academia que describe los méritos de los autores. Bajo esta premisa, se han construido los nuevos modelos que, agregan, “han demostrado ser muy útiles para hacer frente a las crisis económicas que nos han afectado”.
Reacciones y contexto
El fallo ha generado diversas reacciones en el ámbito académico. Juan José Dolado, profesor emérito de la Universidad Carlos III y que este año recibió el Premio Nacional de Investigación, lamentó que no se haya incluido al español Jordi Galí: “El español Jordi Galí es tan famoso como ellos y ha contribuido a las mismas teorías económicas. Debería haber sido el tercer premiado”, dijo con pesar.
Woodford, en una rueda de prensa tras el anuncio del galardón, según declaraciones recogidas por la agencia Reuters, destacó: “Las autoridades no deberían considerar la estabilización como un proceso que se lleva a cabo simplemente accionando palancas para controlar la economía, al margen de lo que los agentes económicos entienden al respecto”. El economista también ha subrayado cómo los anuncios explícitos sobre las intenciones de los bancos centrales en cuanto a los tipos de interés ya son una acción en sí misma.
El manual se complica en situaciones como la actual, en la que la inflación viene del lado de la oferta, es decir, del precio de la energía que se ha desbocado por el conflicto de Irán. El dilema de los bancos centrales es que una subida de los tipos puede matar en exceso la demanda y cargarse la economía. A la ecuación se suman las presiones de los políticos, como Donald Trump, sobre cómo deberían actuar.
Implicaciones para América Latina
Los modelos de Woodford y Hall tienen una aplicación directa en América Latina, donde los bancos centrales han tenido que lidiar con shocks inflacionarios y crisis recurrentes. La capacidad de cuantificar cómo las decisiones de política monetaria afectan la economía real es fundamental para diseñar respuestas efectivas. En México, por ejemplo, el Banco de México ha enfrentado el reto de contener la inflación sin sofocar el crecimiento, un equilibrio delicado que estas teorías ayudan a entender.
Además, la comunicación de las intenciones de los bancos centrales, como señala Woodford, se ha convertido en una herramienta clave para orientar las expectativas de los agentes económicos. En un mundo globalizado, las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos o del Banco Central Europeo tienen repercusiones inmediatas en los mercados emergentes, incluyendo los latinoamericanos.
Conclusión
El Premio Nobel de Economía 2026 reconoce a Michael Woodford y Robert E. Hall por sus contribuciones fundamentales a la macroeconomía moderna, en un momento en que las políticas de estabilización son más relevantes que nunca. Sus investigaciones no solo explican cómo las decisiones de política pueden suavizar los ciclos económicos, sino que también ofrecen herramientas concretas para enfrentar crisis y burbujas. Para México y América Latina, estas teorías representan una guía valiosa en la gestión de sus economías.
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