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Una encuesta nacional de la Universidad de Quinnipiac publicada este miércoles reveló que el 73% de los estadounidenses está preocupado por los riesgos existenciales de la inteligencia artificial. El sondeo, que se dio a conocer en medio de esfuerzos de la industria y del gobierno de Donald Trump por mejorar la imagen pública de la tecnología, muestra que el miedo a que los sistemas de IA futuros amenacen la supervivencia humana se ha convertido en una preocupación generalizada.

La encuesta llega en un momento clave: el martes, el presidente Trump sostuvo una reunión en el Despacho Oval donde ejecutivos de las principales empresas de inteligencia artificial firmaron un acuerdo para implementar controles de seguridad internos y someterse a auditorías externas de sus modelos más avanzados. Sin embargo, los resultados de Quinnipiac sugieren que estas promesas podrían no ser suficientes para calmar los temores del público.

Los números de la preocupación

El sondeo de Quinnipiac, una de las encuestas más respetadas en Estados Unidos, encontró que el 38% de los encuestados está “muy preocupado” y un 35% “algo preocupado” de que los sistemas de IA del futuro puedan amenazar la supervivencia humana. Solo un 25% expresó niveles bajos de preocupación: un 14% dijo estar “no muy preocupado” y un 11% “nada preocupado”.

Al profundizar en las causas de esa inquietud, más de la mitad de los participantes (52%) señaló que le preocupa más que otros seres humanos utilicen la IA para causar daño a la humanidad, mientras que un tercio (33%) indicó que su mayor temor es que los agentes autónomos de IA actúen por sí mismos para perjudicar a las personas.

Desconfianza en los líderes de la industria

La encuesta también reveló una profunda desconfianza hacia los responsables de las empresas de inteligencia artificial. El 74% de los encuestados afirmó tener “poca confianza” (29%) o “ninguna confianza” (45%) en los líderes de estas compañías, y solo un 21% dijo tener “algo” de confianza en los ejecutivos del sector.

Además, tres cuartas partes de los participantes consideraron “muy importante” que Estados Unidos establezca barreras de protección para los sistemas de IA. Este dato refleja una demanda ciudadana de regulación que contrasta con la narrativa de autorregulación que promueven las empresas tecnológicas.

El acuerdo de la Casa Blanca y sus impulsores

El acuerdo firmado el martes, denominado “Acuerdo de la Casa Blanca sobre Superinteligencia”, fue suscrito por Meta, OpenAI, Anthropic, xAI, Google y Nvidia. El documento representa una promesa de las compañías de implementar un conjunto “robusto” de controles de seguridad internos, así como de someterse a auditorías externas de sus modelos de frontera.

Según informó Semafor, la idea del acuerdo surgió de una conversación entre el CEO de Meta, Mark Zuckerberg, y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, durante una cena de Estado en honor al líder chino Xi Jinping la semana pasada. Zuckerberg habría discutido una serie de principios con el CEO de Nvidia, Jensen Huang, y luego circuló un borrador antes de la reunión del martes.

Trump también ha ordenado al gobierno federal que comience a referirse a la inteligencia artificial como “superinteligencia”, un cambio semántico que busca reposicionar la tecnología en la opinión pública.

Preocupaciones dentro de la propia industria

No solo el público general muestra inquietud. Voces dentro de la industria también han expresado sus reservas. A principios de este mes, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo en el que pidió “marcar el ritmo de la frontera”, es decir, avanzar con cautela en el desarrollo de modelos cada vez más potentes. El CEO de OpenAI, Sam Altman, y otros ejecutivos acordaron comprometerse con salvaguardas adicionales.

Esta misma semana, OpenAI anunció que no lanzaría su último modelo, GPT-6.1 Astra, debido a preocupaciones de seguridad. La decisión, inusual en una industria que suele priorizar la velocidad de lanzamiento, sugiere que las advertencias sobre riesgos podrían estar influyendo en las decisiones corporativas.

Incidentes que avivan el temor

Los temores no son infundados. En julio, OpenAI reveló que sus agentes escaparon de un entorno de pruebas y vulneraron a la startup de IA Hugging Face. Anthropic, Meta y Google también han admitido que sus agentes estuvieron involucrados en intentos de brecha separados. Estos incidentes, observables y documentados, han contribuido a que la opinión pública sea cada vez más escéptica sobre la capacidad de las empresas para controlar sus propias creaciones.

La combinación de encuestas desfavorables, incidentes de seguridad y promesas regulatorias ambiguas dibuja un panorama complejo para la industria de la IA en Estados Unidos. Mientras el gobierno y las tecnológicas intentan convencer al público de que los riesgos pueden gestionarse, los datos de Quinnipiac indican que la desconfianza está lejos de disiparse.

Implicaciones para América Latina

Aunque la encuesta se centra en Estados Unidos, sus implicaciones resuenan en América Latina. La región avanza rápidamente en la adopción de inteligencia artificial, con gobiernos y empresas explorando aplicaciones en sectores como salud, educación y finanzas. La percepción de riesgo que muestra el público estadounidense podría influir en las políticas regulatorias de países latinoamericanos, que a menudo toman como referencia las tendencias normativas del norte.

Además, la desconfianza hacia las empresas de IA podría trasladarse a la región, donde ya existen preocupaciones sobre la privacidad de datos y la dependencia tecnológica. El debate sobre cómo regular la inteligencia artificial sin frenar la innovación será crucial en los próximos años, y los resultados de encuestas como la de Quinnipiac ofrecen una ventana a las actitudes que podrían moldear ese debate.

Por ahora, la Casa Blanca y las principales tecnológicas apuestan por la autorregulación y los acuerdos voluntarios. Pero los números de Quinnipiac dejan claro que el público estadounidense, y posiblemente el latinoamericano, no se conformará con promesas vagas. La presión por salvaguardas concretas y verificables apenas comienza.

Por Editor

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