La ciencia avanza a pasos agigantados, pero hay preguntas que parecen desafiar cualquier respuesta definitiva. ¿Cómo comenzó el universo? ¿Cómo surgió la vida? ¿Qué es la conciencia? Estas incógnitas no solo están sin resolver, sino que podrían ser irresolubles. Sin embargo, lejos de desanimarnos, nos inspiran y nos recuerdan que el conocimiento humano es una pequeña llama en la inmensidad de lo desconocido.
En un mundo donde la tecnología y la información parecen dominarlo todo, los misterios científicos nos conectan con nuestra humanidad. Nos recuerdan que la ciencia no es un conjunto de verdades absolutas, sino un proceso humilde y colectivo de exploración. Esta idea es el corazón de Unexplainable, un pódcast de Vox que desde 2021 explora los enigmas científicos, grandes y pequeños, desde la naturaleza de la materia oscura hasta la ciencia de las células humanas.
La ciencia como una llama en la oscuridad
En una entrevista con Scientific American, Noam Hassenfeld, conductor de Unexplainable, reflexiona sobre por qué los misterios sin respuesta nos atraen tanto. “La ciencia está hecha por científicos falibles que tienen vidas, cometen errores y hacen lo mejor que pueden”, señala. “Lo más importante es ser transparente sobre tus errores y abierto sobre lo que no sabes”.
Esta honestidad radical es lo que hace que el pódcast conecte con su audiencia. En lugar de presentar la ciencia como un conjunto de respuestas definitivas, Unexplainable celebra las preguntas abiertas. Desde si las plantas pueden ver hasta por qué lloramos, cada episodio nos invita a maravillarnos con lo desconocido.
Misterios cósmicos y cotidianos
Al pensar en preguntas sin respuesta, tendemos a imaginar dilemas existenciales: el origen del universo, el sentido de la vida, la naturaleza del tiempo. Pero Hassenfeld destaca que los misterios más fascinantes a menudo se esconden en lo cotidiano.
- ¿Cómo funcionan las bicicletas? Aunque parezca increíble, no existe una explicación física simple y definitiva de por qué una bicicleta se mantiene en pie. Es un enigma que ha desconcertado a los físicos durante décadas.
- ¿Por qué lloramos? Las lágrimas emocionales siguen siendo un misterio evolutivo. No sabemos exactamente qué función cumplen.
- ¿Debería el yogur ser su propio estado de la materia? Esta pregunta aparentemente absurda esconde complejidades sobre la física de los coloides.
- ¿Por qué algunas personas no pueden eructar? Un trastorno llamado aerofagia puede impedir la expulsión de gas, y sus causas no se comprenden del todo.
Estos ejemplos demuestran que lo inexplicable no es patrimonio exclusivo de lo cósmico. “Entender exactamente por qué estas preguntas no tienen respuesta nos ayuda a determinar qué nos falta por descubrir”, explica Hassenfeld. “Y también me ayuda a dejar de dar por sentado el mundo cotidiano”.
¿Hay preguntas que nunca podremos responder?
Hassenfeld se muestra cauteloso ante la idea de preguntas intrínsecamente irresolubles. “Nunca digas nunca”, dice. “Muchas preguntas que se consideraban imposibles de responder ahora tienen respuesta”. Sin embargo, menciona un caso que roza lo irresoluble: ¿y si el universo observable estuviera dentro de un agujero negro? ¿Y si los agujeros negros contienen universos, en una recursión infinita?
“A cierto nivel, esa pregunta es casi irresoluble porque no puedes salir del agujero negro”, explica. “El científico con el que hablé sugirió construir un acelerador de partículas que rodeara la Luna. Así que tal vez sea posible responderla si hacemos lo más ridículo imaginable”.
Este tipo de cuestiones nos recuerdan los límites de nuestra comprensión y la audacia necesaria para superarlos.
El peligro de saber demasiado
No todos los misterios deberían resolverse. Hassenfeld aborda la ética de la investigación científica y cita el ejemplo clásico: el desarrollo de la bomba atómica. “¿Deberíamos haber dejado esas preguntas sin responder? Es realmente difícil”, admite. “Encontrar la respuesta puede ser peligroso, aunque también nos dio energía libre de carbono”.
También hay preguntas que solo podríamos responder mediante métodos poco éticos. Hassenfeld menciona el caso de la fertilización in vitro y la selección genética de embriones: ¿deberíamos elegir el sexo, la altura o el color de ojos de un hijo? “Puedes ver cómo se descontrola”, advierte. “Tener el impulso de resolverlo todo perfectamente puede ser imposible y llevarnos a un lugar peligroso”.
Lo que aún no sabemos
A pesar de siglos de avances, nuestra ignorancia es vasta. Hassenfeld recuerda un episodio sobre la posibilidad de que existieran especies tecnológicas antes de los humanos, hace millones de años. “Creemos tener una imagen completa del pasado, pero apenas hemos encontrado nada”, dice. “Hemos mapeado menos de un tercio del fondo oceánico. No sabemos realmente cómo funciona el olfato. Todo es mucho más complicado de lo que parece”.
La materia oscura y la energía oscura constituyen el 95% del universo, y apenas las comprendemos. “No nos damos cuenta de que lo que sabemos es como una pequeña vela en la oscuridad”, reflexiona. “Cuando estás cerca de ella, parece mucho. Pero luego te alejas y te das cuenta de que no sabemos casi nada”.
Esta perspectiva podría ser desalentadora, pero Hassenfeld la ve con optimismo. “Me hace sentir mucho más agradecido por lo que hemos descubierto”, dice. “Y me emociona cuánto más queda por entender. Cuando muera, seguiremos sin entender casi nada, pero entenderemos más que ahora. Y hay mucho espacio para que quienes vengan después descubran más”.
El poder de lo inexplicable
En un mundo obsesionado con las respuestas, Unexplainable nos invita a abrazar las preguntas. “Cuando empezamos el programa, pensamos: ¿nos quedaremos sin cosas inexplicables? Y rápidamente nos dimos cuenta de que no”, cuenta Hassenfeld. “De alguna manera, le devuelve la magia al mundo. Te hace ver que este mundo es ridículamente complicado y que mucha gente se esfuerza por entenderlo”.
La ciencia no es solo un cuerpo de conocimiento, sino una actitud de humildad y curiosidad. Los misterios sin resolver no son fracasos, sino oportunidades. Nos recuerdan que, como especie, estamos en un viaje infinito hacia la comprensión, y que cada pregunta sin respuesta es una invitación a seguir explorando.
Así que la próxima vez que te encuentres con un enigma científico, no te frustres. Celebra que aún haya tanto por descubrir. Después de todo, como dice Hassenfeld, “hemos aumentado la montaña del conocimiento hasta un punto absurdo. Y todavía nos queda muchísimo por recorrer”.

