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Las recientes olas de calor en México han puesto en evidencia un problema crítico en la infraestructura educativa: la mayoría de las escuelas no están diseñadas para soportar temperaturas extremas. Mientras los termómetros superan los 40°C en varias regiones, los estudiantes y docentes enfrentan condiciones insalubres dentro de aulas que se convierten en verdaderas trampas de calor.

El diseño obsoleto de las escuelas

Muchas escuelas en México fueron construidas entre las décadas de 1950 y 1970, siguiendo estándares que priorizaban la iluminación natural sobre la ventilación y el aislamiento térmico. Los ventanales de vidrio simple, comunes en esa época, permiten la entrada de luz pero también actúan como invernaderos, atrapando el calor. Además, por razones de seguridad, muchas ventanas tienen restrictores que impiden abrirlas por completo, limitando la circulación del aire.

El problema de los atrios y materiales

En las construcciones más recientes, como las del programa Escuelas al CIEN, se popularizaron los atrios de vidrio y los techos de lámina sin aislamiento. Estos elementos, que buscan dar modernidad, generan un efecto invernadero que eleva la temperatura interior hasta 10°C por encima de la exterior. Las canchas y patios de asfalto o concreto, por su parte, absorben el calor y lo irradian durante horas, impidiendo que las áreas de recreo sean espacios de alivio.

Impacto en la salud y el aprendizaje

Las altas temperaturas afectan directamente la capacidad de concentración y aumentan el riesgo de golpes de calor, deshidratación y enfermedades respiratorias. De acuerdo con la Secretaría de Salud, durante las olas de calor de 2025 se registraron más de 200 casos de golpe de calor en planteles escolares. Los estudiantes de comunidades sin acceso a aire acondicionado o ventiladores son los más vulnerables.

¿Qué se necesita?

La solución no es instalar aire acondicionado en todas las escuelas, lo cual sería costoso y poco sostenible. En cambio, se requiere una modernización integral (retrofit) que incluya:

  • Aislamiento térmico en techos y muros.
  • Ventanas con doble acristalamiento y sistemas de ventilación cruzada.
  • Techos verdes o reflectantes para reducir la absorción de calor.
  • Áreas de sombra con vegetación en patios y canchas.
  • Uso de materiales de construcción con baja conductividad térmica.

El llamado a la acción

El gobierno federal y los estatales deben priorizar un programa de adecuación climática de las escuelas, similar al que se ha implementado en países como España o Chile. Invertir en infraestructura resiliente no solo mejora el confort y la salud, sino que también reduce el consumo energético a largo plazo. Los padres de familia y docentes ya han comenzado a exigir cambios, y es momento de que las autoridades respondan con planes concretos.

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Por Editor

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