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En un contexto donde la eficiencia energética se ha convertido en un pilar fundamental para la sostenibilidad y la economía familiar, una propuesta está ganando terreno: la divulgación obligatoria de las calificaciones de eficiencia energética en las viviendas al momento de su venta o renta. Esta iniciativa, impulsada por organizaciones como la Royal Automobile Association (RAA) en Australia, busca empoderar a compradores e inquilinos con información crucial sobre los costos futuros de climatización, un tema que resuena profundamente en América Latina, donde la desigualdad energética y los altos precios de la electricidad son desafíos persistentes.

El panorama actual: un parque habitacional ineficiente

Según datos de la RAA, aproximadamente el 70% de las viviendas en Australia del Sur fueron construidas antes de 2003, año en que se introdujeron los estándares mínimos de eficiencia energética. En aquel entonces, las nuevas construcciones requerían una calificación equivalente a entre 3.5 y 4 estrellas en una escala de 10. Hoy, el Código Nacional de Construcción exige que todas las casas nuevas alcancen una calificación de 7 estrellas, un estándar adoptado por todos los estados y territorios en 2023. Sin embargo, la realidad es alarmante: el hogar australiano promedio tiene una calificación de solo 1.7 estrellas.

Impacto económico: hasta cuatro veces más en facturas

Esta brecha de eficiencia tiene consecuencias directas en los bolsillos de las familias. Nick Reade, CEO de la RAA, explica: “Una casa con calificación de 2 estrellas, que está por encima del promedio australiano, requerirá cuatro veces más energía para enfriarse en verano y calentarse en invierno en comparación con una casa de 7 estrellas”. Esto se traduce en diferencias de hasta $2,000 dólares anuales en costos de climatización para viviendas de tamaño similar, una carga significativa en medio de la crisis del costo de vida.

La transparencia como herramienta de empoderamiento

La propuesta de la RAA se basa en un principio simple: los consumidores tienen derecho a conocer la eficiencia energética de sus hogares, tal como conocen el consumo de sus electrodomésticos o el rendimiento de combustible de sus automóviles. “Con el aumento del costo de vida, compradores e inquilinos necesitan poder elegir una propiedad con los ‘ojos abiertos’ sobre el probable costo de calefacción y refrigeración”, afirma Reade. Esta transparencia no solo permite decisiones informadas, sino que también incentiva mejoras en el parque habitacional existente.

Los inquilinos: los más vulnerables

Los arrendatarios enfrentan desafíos particulares. Al no ser propietarios, les resulta difícil realizar mejoras de eficiencia energética, y muchos propietarios no tienen incentivos para invertir en estas actualizaciones. La RAA urge a los gobiernos a explorar medidas adicionales, como requerir que los arrendadores aíslen adecuadamente las viviendas y actualicen electrodomésticos y aires acondicionados al final de su vida útil. Ejemplos como Victoria, que ha implementado estándares mínimos para propiedades de renta, y el Territorio de la Capital Australiana, que requiere divulgación obligatoria desde 2001, muestran caminos posibles.

Implicaciones para América Latina: lecciones y oportunidades

En América Latina, donde muchos países enfrentan problemas de vivienda ineficiente y altos costos energéticos, esta discusión es especialmente relevante. La región tiene una oportunidad única para integrar estándares de eficiencia energética en sus políticas habitacionales, considerando:

  • Clima diverso: Desde el calor tropical hasta el frío andino, la eficiencia en climatización es crucial.
  • Desigualdad energética: Acceso desigual a energía asequible y sostenible.
  • Urbanización acelerada: Crecimiento urbano que puede incorporar estándares verdes desde el inicio.

Salud pública y sostenibilidad

Las casas mal aisladas no solo generan facturas elevadas, sino que también exponen a los residentes a temperaturas interiores inseguras. Durante condiciones climáticas extremas, esto aumenta las llamadas de ambulancia, las presentaciones de emergencia y las hospitalizaciones, ejerciendo presión sobre sistemas de salud ya tensionados. Iniciativas como programas de baterías domésticas más baratas o ofertas de energía solar compartida, aunque útiles, no abordan completamente este problema, especialmente para inquilinos que a menudo quedan excluidos de estos beneficios.

Hacia un futuro más eficiente

La llamada de la RAA es clara: se necesitan mejoras reales, no soluciones temporales. Implementar la divulgación obligatoria de calificaciones energéticas podría ser un primer paso crucial para transformar el parque habitacional, reducir las emisiones de carbono y aliviar la carga económica de las familias. En América Latina, adoptar y adaptar estas prácticas podría impulsar la sostenibilidad y la justicia energética, creando hogares más saludables y económicos para todos.

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Por Editor

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