Los fármacos GLP-1 para bajar de peso se han convertido en uno de los mayores avances biotecnológicos de la última década. Sin embargo, para algunos psicólogos clínicos pueden representar algo más siniestro: un posible detonante de trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Un nuevo informe sugiere que la incidencia global de anorexia nerviosa y bulimia nerviosa se disparó entre 1990 y 2023, con un aumento del 71%. Para 2023, se estimaba que 18.1 millones de personas vivían con alguno de estos dos trastornos. Y lo peor es que la cifra probablemente sea mucho mayor si se consideran otros TCA. De manera preocupante, los especialistas ya empiezan a observar que los fármacos GLP-1 están exacerbando el problema.
Un aumento alarmante de los trastornos alimenticios
Cheri Levinson, psicóloga clínica de la Universidad de Louisville, en Kentucky, lleva casi 20 años especializada en trastornos alimenticios. Asegura que ahora ve más pacientes con síntomas más graves que en cualquier otro momento de su carrera, y que muchos de ellos están haciendo un uso indebido de los GLP-1. “Esto es lo peor que he visto”, afirma.
Los trastornos alimenticios son afecciones de salud mental en las que la conducta alimentaria de las personas afecta su salud. Incluyen la anorexia nerviosa (caracterizada por el miedo a ganar peso), la bulimia nerviosa (en la que las personas se dan atracones y luego purgan), el trastorno por atracón y otros.
Se cree que algunas personas tienen predisposición genética a ciertos trastornos alimenticios, pero que un factor externo es lo que desencadena su aparición. Ese factor puede ser el estrés o la presión social por estar delgado. A menudo, simplemente restringir la ingesta de alimentos puede desencadenar un trastorno alimenticio, señala Levinson.
El estudio que cuantifica la crisis
Para averiguar cómo han cambiado las cosas desde la década de 1990, Ruhai Bai, del Hospital Infantil de la Universidad Médica de Nanjing, en China, y sus colegas reunieron datos de estudios y encuestas realizadas en poblaciones de todo el mundo. El equipo utilizó modelos estadísticos para llenar los vacíos de información.
Esa investigación permitió a los investigadores estimar la incidencia anual de dos trastornos alimenticios —anorexia nerviosa y bulimia nerviosa— en cada uno de los 204 países y territorios entre 1990 y 2023. También estimaron el impacto de esos trastornos en la salud global mediante el cálculo de los años de vida ajustados por discapacidad (un AVAD representa un año de vida saludable perdido).
Los hallazgos, publicados en JAMA Psychiatry, son inquietantes. Entre 1990 y 2023, el equipo encontró un aumento del 71% en la incidencia de esos dos trastornos. Estas afecciones también tuvieron un enorme impacto en la salud global. En 2023, “le costaron al mundo el equivalente a unos 3.83 millones de años de vida saludable”, dice Bai.
Bai y sus colegas esperan que estas cifras sigan aumentando. En 2023, se estimaba que 18.1 millones de personas tenían anorexia nerviosa o bulimia nerviosa; para 2050, el equipo predice que las dos afecciones podrían afectar a 21.8 millones de personas.
Y eso no es todo. Esos dos trastornos representan menos de la mitad de todos los trastornos alimenticios, dice Levinson, quien no participó en el estudio de Bai. El impacto real de estos trastornos es “probablemente tres veces la tasa que reportan”, afirma.
¿Por qué están aumentando los trastornos alimenticios?
Bai y sus colegas no exploraron las razones de este aumento (aunque Bai señala que no puede explicarse enteramente por el crecimiento demográfico). Entonces, ¿cómo llegamos hasta aquí?
El papel de las redes sociales
“Las comparaciones en redes sociales, los influencers, los retos, las tendencias dietéticas pueden ser eventos precipitantes de un trastorno alimenticio”, dice Cynthia Bulik, psicóloga clínica de la Universidad de Carolina del Norte, que no participó en el nuevo estudio. Bulik ha estudiado y tratado trastornos alimenticios desde principios de la década de 1980. “Entre 1990 y 2023 ha habido claramente un repunte de ese tipo de exposiciones ambientales”, señala.
Muchos usuarios de redes sociales están expuestos a imágenes filtradas y modificadas de influencers delgadas que pueden haberse sometido a cirugía estética o a dietas extremas y que promueven contenido de “thinspiration” o “fitspiration”. Pero los usuarios con trastornos alimenticios parecen ser más propensos a interactuar con este contenido, y como resultado, los algoritmos les muestran más.
Cuando investigadores de la Universidad de Melbourne investigaron este fenómeno hace un par de años, descubrieron que los algoritmos de los usuarios de TikTok con trastornos alimenticios mostraban un 4343% más de “videos tóxicos sobre trastornos alimenticios” que los de usuarios sin estos trastornos. También recibían más contenido centrado en dietas o ejercicio. A muchos se les mostraban más de 1000 videos problemáticos al mes. Bulik describe las redes sociales como “arenas movedizas” para las personas con trastornos alimenticios o en riesgo de padecerlos.
La pandemia de covid-19
La pandemia de covid-19 —y el aislamiento social que acompañó a los confinamientos— también parece haber contribuido al aumento de los trastornos alimenticios. Una investigación realizada en 2021 encontró que el número de personas hospitalizadas con trastornos alimenticios en Estados Unidos se duplicó entre 2018 y 2020.
Los investigadores aún no tienen buenos datos sobre cómo podrían haber evolucionado las tendencias de los trastornos alimenticios desde 2023. Pero anecdóticamente, las cosas parecen estar empeorando aún más. “Hay más trastornos alimenticios, trastornos más graves… y estamos viendo edades de inicio más tempranas”, dice Levinson. “Estamos viendo a niños de ocho y nueve años con trastornos alimenticios”.
“Por lo que escucho y veo, no me sorprendería que esa cifra al menos se duplicara de nuevo”, agrega.
El peligro de los fármacos GLP-1
Levinson está particularmente preocupada por el impacto de los fármacos GLP-1 para bajar de peso, que se han popularizado enormemente en los últimos años. Una encuesta de Gallup realizada este año sugería que el 15% de los estadounidenses había usado uno de estos fármacos para perder peso. Y cada vez son más accesibles: las farmacéuticas trabajan en nuevas formulaciones más fáciles de tomar y más efectivas, y muchas personas pueden comprar versiones de estos medicamentos en farmacias de compuestos o en fuentes dudosas en línea.
En un pequeño estudio publicado este año, Levinson y sus colegas encontraron que el 30% de las personas con trastornos alimenticios habían usado fármacos GLP-1. Los medicamentos podrían beneficiar a algunas de esas personas. Pero el 10% parecía haber hecho un uso indebido. Y Levinson cree que esa cifra también es una subestimación.
Levinson dice que ella y sus colegas han visto a niños desarrollar trastornos alimenticios después de que se les recetaran GLP-1 por razones médicas. También han visto a otros —incluso niños de tan solo 11 años— comprar versiones de estos fármacos a través de TikTok.
“Nos preocupa mucho que los GLP-1 provoquen una pérdida de peso aún más rápida y extrema en personas con anorexia nerviosa, y que los pacientes lleguen a nosotros en etapas de la enfermedad aún más avanzadas que se vuelven difíciles de revertir”, dice Bulik.
Tanto Bulik como Levinson continúan estudiando los impactos de estos fármacos en los trastornos alimenticios. Mientras tanto, ambas instan a los profesionales médicos a considerar los riesgos que los GLP-1 podrían representar para las personas con estos trastornos. Bulik contribuyó a un conjunto de directrices de investigación y clínicas, publicadas este mes, que recomiendan, por ejemplo, que los médicos evalúen la presencia de trastornos alimenticios antes de recetar los fármacos. Las directrices también recomiendan más educación para los pacientes y un monitoreo más riguroso de quienes toman GLP-1.
Si usted o alguien que conoce podría tener un trastorno alimenticio, puede encontrar información y apoyo en la Asociación Nacional de Trastornos Alimenticios (National Eating Disorders Association).

