Meta y OpenAI han lanzado sus nuevos agentes personales de inteligencia artificial, Muse y Dots, que prometen reservar mesas en restaurantes, comprar víveres y realizar otras tareas digitales por los usuarios. Muse, disponible desde el 8 de septiembre, ha sido descargada 9 millones de veces en Estados Unidos y Canadá, según la firma de inteligencia de mercado AppMagic, y hasta 1.8 millones de personas la usan a diario. Meta aspira a un lanzamiento global. Sin embargo, la expansión de estos agentes a países en desarrollo plantea serios desafíos que podrían profundizar la desigualdad digital y económica en regiones como América Latina y África. La noticia, relevante para México y la región, evidencia que la adopción de estas tecnologías no será homogénea y requerirá adaptaciones locales profundas.
El auge de los agentes personales
Los agentes personales de IA son asistentes digitales que, impulsados por modelos de lenguaje de gran escala, ejecutan tareas en nombre del usuario: desde hacer reservaciones hasta realizar pagos. Meta, con Muse, y OpenAI, con Dots, buscan llevar estas capacidades a miles de millones de personas. Alexandr Wang, director de IA de Meta, declaró al Financial Times que están “muy entusiasmados por llevar agentes personales a miles de millones de personas en todo el mundo”.
El éxito inicial de Muse en Norteamérica ha llevado a la compañía a considerar una expansión internacional. No obstante, para que estos agentes funcionen fuera de los mercados occidentales, se requiere soporte para idiomas locales e integración con servicios locales, según ha reconocido Meta.
Barreras lingüísticas y culturales
Uno de los principales obstáculos es el idioma. Los agentes de IA se basan en modelos de lenguaje que tienen un rendimiento inferior en muchos idiomas distintos del inglés. Esto significa que los hablantes de inglés podrían beneficiarse más de estas herramientas. “La inclusión lingüística es en última instancia una cuestión de poder”, afirmó Payal Arora, profesora de culturas de IA inclusivas en la Universidad de Utrecht y fundadora del Inclusive AI Lab, a Rest of World.
Además, los agentes necesitan comprender la cultura local, incluidas las formas únicas de comunicarse y negociar. “En muchas partes del Sur Global, el significado es profundamente contextual, moldeado por la familia, la comunidad, la religión, las instituciones locales y las redes sociales informales”, señaló Arora. Sin ese entendimiento, los agentes podrían imponer supuestos occidentales a los usuarios. “El peligro entonces es que las formas existentes de hegemonía cultural y económica continúen y el resto del mundo se vea obligado a adaptarse”, advirtió Usha Raman, investigadora independiente en políticas de IA y cultura digital.
Un ejemplo de adaptación local es la startup sudafricana ManyHands, que ofrece a Manny, un asistente personal diseñado para pedir víveres, agendar citas y realizar pagos a través de WhatsApp. Sin embargo, su fundador, Anton Moulder, reconoció que lograr que el asistente converse en los 11 idiomas oficiales de Sudáfrica ha sido difícil.
Presión sobre las redes y la conectividad
Los agentes de IA son usuarios intensivos de red. Según Cisco, en sus pruebas generan hasta un 450% más de tráfico por tarea que un humano. En la red de Cloudflare, las solicitudes diarias de agentes de IA aumentaron más de 1,700% en el último año. Este aumento podría afectar a regiones con redes deficientes.
“La conectividad a internet puede ser pobre [en países en desarrollo], lo que afecta no solo la interacción del usuario con la IA, sino lo que los agentes pueden hacer en línea”, explicó Kentaro Toyama, profesor de información comunitaria de la Universidad de Michigan. Una sola tarea puede desencadenar intercambios repetidos entre el agente, su modelo de IA y distintos sitios web.
Kyle Spencer, director ejecutivo de la Asociación Africana de IXP, señaló que el aumento de tráfico no afectaría de inmediato a regiones con capacidad de red disponible, como África Oriental, pero sí a lugares con redes pobres como Níger, Burkina Faso o el este del Congo. El mayor desafío sería mantener conexiones confiables, ya que la construcción de carreteras suele dañar cables de fibra óptica y los cables submarinos pueden verse afectados.
Aunque Muse y Dots podrían seguir funcionando al estar basados en la nube, podrían no alcanzar los servicios necesarios ni llegar a los usuarios que pierdan conectividad para recibir instrucciones o aprobaciones. Solo el 36% de los africanos usó internet en 2025, frente al 92% de los europeos y el 88% de los norteamericanos y sudamericanos, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Los habitantes de ciudades africanas tenían 2.6 veces más probabilidades de usar internet que los del campo.
Costos y desigualdad
El costo de acceder a los agentes también podría limitar quiénes se benefician. Aunque Muse es gratuito, muchos otros agentes son de pago. Dots está disponible por un mínimo de 100 dólares al mes. “Estos son costos que la mayoría de los usuarios del Sur Global pueden no estar en condiciones de absorber”, dijo Jane Munga, investigadora del Carnegie Endowment for International Peace. “Si los agentes funcionaran en África, lamentablemente podrían profundizar la desigualdad”, agregó.
Las empresas locales tendrían que hacer que sus sitios web sean comprensibles, legibles y utilizables por bots. De lo contrario, corren el riesgo de perder oportunidades económicas digitales. Esto sería especialmente difícil para pequeños negocios sin presencia en línea, como un vendedor en un mercado de verduras, que tendría que digitalizarse, mantener inventario, conocer su stock y crear formas para que los bots paguen. Esto requiere dinero y habilidades.
Las empresas también podrían tener que invertir más en atención al cliente. “Los agentes podrían comprar más y solicitar más devoluciones —cuando los usuarios humanos deciden que los agentes se equivocaron—, lo que ejerce presión sobre las empresas”, dijo Toyama.
Privacidad y regulación
Los agentes funcionan mejor cuanto más conocen al usuario. Los restaurantes, tiendas y lugares visitados con regularidad pueden ayudar a un agente a construir una imagen de los gustos, hábitos y vida diaria de una persona. “Un agente puede sacar conclusiones sobre una persona o un grupo, como su ingreso probable, salud, solvencia o comportamiento, a partir de los datos que maneja”, dijo Mercy King’ori, gerente de políticas para África del Future of Privacy Forum.
Cuando los agentes se desarrollan y alojan fuera del país, los reguladores pueden tener dificultades para supervisar los sistemas, añadió King’ori. Esto es particularmente relevante para América Latina, donde la protección de datos aún está en desarrollo en varios países.
Conclusión: un futuro incierto para la región
La llegada de agentes personales de IA como Muse y Dots representa una promesa de automatización y eficiencia, pero su implementación en países en desarrollo enfrenta barreras estructurales que podrían ampliar la brecha digital. Para México y América Latina, los desafíos de idioma, conectividad, costos y regulación son un llamado de atención para desarrollar capacidades locales y políticas que garanticen un acceso equitativo. Sin una adaptación cuidadosa, estos agentes podrían beneficiar principalmente a los mercados desarrollados, dejando atrás a millones de usuarios potenciales.
Te puede interesar
- Agentes de ICE balean a migrante dominicano en Nueva York
- Agentes de IA borran sus propias huellas, alerta estudio

