Un nuevo mapa elaborado por un equipo de científicos de Estados Unidos revela cuáles son los ríos y arroyos que, con esfuerzos de conservación, podrían mantener la diversidad de vida acuática en un clima cada vez más cálido. La evaluación, publicada el 16 de septiembre en la revista PLOS One, es la más completa hasta la fecha para las cuencas de los 48 estados contiguos.
Los resultados son contundentes: solo el 6 por ciento de la longitud total de los ríos estudiados se encuentra en buen estado de salud y además cuenta con protecciones significativas. Sin embargo, la buena noticia es que una gran parte de esos ecosistemas está a una sola intervención de recuperar su funcionalidad.
Un diagnóstico sin precedentes
Durante décadas, la conservación en Estados Unidos se ha organizado en torno a la tierra. Los científicos saben qué bosques están intactos y quién es su propietario. Pero los ríos nunca habían recibido un tratamiento similar, a pesar de que más de 150,000 presas han fragmentado las vías fluviales del país, cortando el acceso de los peces a zonas de desove y refugios de agua fría. A esto se suma el cambio climático, que altera las temperaturas y los caudales de los que dependen estas especies.
La nueva evaluación, que tomó cuatro años, mapea un tercio de la longitud de los arroyos del país. Cada pequeña cuenca fue calificada según cuatro criterios:
- Conectividad: si los animales, como peces y mejillones, pueden desplazarse libremente a lo largo de la red fluvial.
- Condición de la llanura de inundación y calidad del agua.
- Disponibilidad de agua.
- Alteración de los caudales.
Esas calificaciones se superpusieron a 91 evaluaciones existentes sobre dónde se concentra la vida dulceacuícola. Decenas de científicos y socios de 44 estados ajustaron las medidas para sistemas fluviales tan distintos como el húmedo Este, las áridas Grandes Llanuras y los desiertos del Suroeste.
Ríos resilientes y restaurables
El estudio clasificó los ríos en dos categorías principales. Los que obtuvieron buenos resultados en los cuatro criterios (más de la mitad de la longitud mapeada) fueron considerados resilientes. El resto obtuvo puntuaciones cercanas al promedio y se clasificó como restaurable: todavía funcional, pero limitado por un problema que una sola intervención podría resolver, como la escorrentía de una granja o una presa que obstruye el paso.
Juntas, ambas categorías forman lo que los autores llaman una red conectada y resiliente de agua dulce, una lista de prioridades para conservar la vida acuática del país.
“Un sistema resiliente es aquel que da a las especies opciones y entornos para adaptarse”, explica Mary Khoury, ecóloga de agua dulce de The Nature Conservancy con sede en Chicago y coautora del estudio. “Ahora podemos señalar un mapa por primera vez y decir: estos son los ríos más capaces de sostener la diversidad de vida acuática, y esto es lo que cada uno necesita”.
Dónde están los ríos más saludables
Los ríos más saludables se concentran a lo largo de la costa del Pacífico, en las Montañas Rocosas del norte y en todo el Sureste. Los más vulnerables se ubican en los desiertos del Suroeste, las Grandes Llanuras y el sur de Nueva Inglaterra.
Entre los tramos largos y sin interrupciones dentro del sistema resiliente destacan el río Klamath, en Oregón y California, cuyas presas inferiores fueron removidas en el mayor proyecto de eliminación de presas en la historia de Estados Unidos, y el río Delaware, que fluye libre de barreras a lo largo de su cauce principal desde las montañas Catskill en Nueva York hasta el mar.
“Puedo imaginar que esto se superponga en el futuro, por ejemplo, con los lugares donde expirarán las licencias de presas, para encontrar las oportunidades de restauración más efectivas”, comenta Rafael Schmitt, hidrólogo de la Universidad de California en Santa Bárbara que no participó en el trabajo.
La paradoja de la protección
A diferencia de lo que ocurre en tierra, el estudio encontró que la salud de un río dice casi nada sobre si alguien lo está cuidando. En tierra, los lugares más saludables tienden a ser los protegidos. En el agua, sin embargo, el 13 por ciento de la longitud de los arroyos del país está en buen estado pero sin salvaguardas reales, aproximadamente el doble del 6 por ciento que está sano y protegido.
Los ríos saludables no protegidos son los que corren mayor riesgo de deteriorarse, porque nada garantiza que mantengan su condición. Asegurar la protección de un río es más difícil que la de un bosque. Una reserva designada puede abarcar un kilómetro de arroyo, pero el agua que llega a ella puede drenar 100 kilómetros de campos de cultivo, presas y fraccionamientos.
“Lo que ocurre aguas arriba de esa área protegida importa”, subraya Khoury.
Implicaciones para la conservación
El mapa no solo identifica los ríos más valiosos, sino que también señala dónde las inversiones en conservación tendrían el mayor impacto. Con el cambio climático alterando los regímenes de temperatura y precipitación, contar con esta herramienta permite priorizar esfuerzos y recursos.
Los autores esperan que este trabajo sirva como base para políticas públicas y proyectos de restauración. La posibilidad de superponer datos sobre la expiración de licencias de presas o la contaminación agrícola podría guiar decisiones futuras.
La evaluación, que involucró a decenas de expertos y socios de todo el país, representa un avance significativo en la gestión de los recursos hídricos. Por primera vez, se cuenta con una radiografía detallada de los ríos que merecen ser protegidos y de las acciones necesarias para lograrlo.
En un contexto de crisis climática, este tipo de herramientas son fundamentales para asegurar que la vida acuática continúe prosperando. La pregunta ya no es solo qué conservar, sino cómo hacerlo de manera efectiva y estratégica.

