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El actual fenómeno de El Niño, desarrollado en junio de 2026 y fortalecido rápidamente, podría causar aproximadamente 451,000 muertes adicionales en todo el mundo entre junio de 2026 y febrero de 2027, según estimaciones del Laboratorio de Impacto Climático (LIC) de la Universidad de Chicago. La cifra, dada a conocer este 1 de octubre de 2026, representa uno de los impactos más alarmantes del evento climático en curso y ofrece un anticipo de las temperaturas que podrían ser normales en los próximos 20 años. Para México y América Latina, la advertencia es directa: se prevén aumentos significativos de mortalidad en partes de la región, especialmente en Brasil, donde se concentrará uno de los mayores números de víctimas.

Un vistazo al clima del futuro

El actual El Niño se ha fortalecido rápidamente y está en camino de convertirse en un evento excepcionalmente fuerte, a veces llamado “súper El Niño”. Las temperaturas terrestres durante los próximos meses se prevén aproximadamente 1.2 grados centígrados (2.1 grados Fahrenheit) superiores a lo normal. “Para una persona promedio, ese es aproximadamente el calentamiento que se prevé que el cambio climático provocará dentro de unos 20 años, llegando de repente”, explica Tamma Carleton, jefa de investigación del LIC, en entrevista con DW. “Es como tirar una piedra a un lago”, comenta el investigador climático Fred Kucharski. “Inicialmente, la perturbación en la superficie es localizada, pero luego la energía se extiende por todo el lago mediante la propagación de ondas”. Kucharski detalla que los efectos pueden cruzar los trópicos en una semana y alcanzar latitudes más altas en aproximadamente dos. La trayectoria de las ondas determina si una región se vuelve más cálida, más fría, más húmeda o más seca.

Impacto en la salud y mortalidad

La cifra estimada de 451,000 muertes adicionales abarca las muertes vinculadas a los efectos directos sobre la salud de las temperaturas inusualmente altas asociadas con El Niño. El calor extremo sobrecarga el corazón y los riñones, dificulta mantener una temperatura corporal segura y puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y de otro tipo. A menudo se registra la afección subyacente como causa de muerte, en lugar del calor que la agravó. “La mayoría de las muertes por calor nunca aparecen en las estadísticas oficiales como tales”, señala Carleton. El Niño también puede alterar las precipitaciones, contribuyendo a la sequía en algunas regiones y a las fuertes lluvias e inundaciones en otras. Las inundaciones pueden causar muertes, contaminar el agua potable y propagar enfermedades. La sequía puede dañar las cosechas y provocar escasez de agua y alimentos.

Regiones más afectadas

El LIC prevé algunos de los mayores aumentos de muertes en el Sahel, el sur y sureste de Asia y partes de América Latina. Se pronostica que el mayor número de víctimas mortales se registrará en Nigeria, Sudán, Níger, Chad, India, Indonesia y Brasil. “El impacto de este fenómeno se concentra mayoritariamente en países de bajos ingresos que ya sufren altas temperaturas, donde la gente tiene menos posibilidades de adaptarse y donde es menos probable que estas muertes se contabilicen”, dice Carleton. En América Latina, Brasil se destaca como el país con mayor número de muertes proyectadas, lo que subraya la necesidad de políticas de adaptación urgentes en la región.

El debate sobre el desplazamiento de la mortalidad

Algunas personas que fallecen durante olas de calor extremo ya tienen una salud delicada. Esto plantea si el calor acorta sustancialmente sus vidas, o simplemente adelanta muertes que habrían ocurrido días o semanas después, un efecto conocido como desplazamiento de la mortalidad. Ben Armstrong, profesor emérito de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, dice no poder verificar la cifra de 451,000, pero explica que, dado que esa estimación se basa en datos de mortalidad anuales, excluye en gran medida las muertes adelantadas solo unos días o semanas. Si la cifra es correcta, explica, la mayoría de las personas contabilizadas “habrían vivido al menos seis meses más”.

Medidas de adaptación y predicción

Una mejor predicción estacional permite cada vez más a los investigadores anticiparse a los acontecimientos. Las alertas por calor, los centros de refrigeración y las estaciones de hidratación, las visitas domiciliarias a las personas vulnerables, la protección de los trabajadores al aire libre y el aumento de la capacidad del sistema sanitario podrían reducir la mortalidad. Los investigadores creen que las intervenciones específicas podrían salvar decenas de miles de vidas. “Este fenómeno de El Niño nos da una idea del clima que habrá en la década de 2040”, dice Carleton. “Estas temperaturas se normalizarán en 20 años, lo que nos da tiempo y motivos para empezar a invertir en capacidad de adaptación desde ahora”.

Implicaciones para México y Latinoamérica

Para México y el resto de América Latina, el llamado es a fortalecer los sistemas de alerta temprana y protección civil. La región ya enfrenta eventos climáticos extremos recurrentes, y el actual El Niño podría exacerbar la mortalidad por calor, especialmente en zonas urbanas densamente pobladas y en comunidades vulnerables. La experiencia de Brasil, con el mayor número de muertes proyectadas en la región, debe servir como advertencia para implementar medidas de adaptación inmediatas. La inversión en infraestructura de refrigeración, sistemas de salud resilientes y políticas de protección para trabajadores expuestos al calor es crucial para mitigar el impacto.

Por Editor

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