Un equipo internacional de astrónomos ha utilizado el telescopio espacial James Webb (JWST) para observar un objeto peculiar en el sistema solar exterior: el centauro 2060 Chiron, un cuerpo helado que orbita entre Saturno y Urano. Los resultados, publicados en The Astrophysical Journal Letters, revelan que Chiron posee un sistema de anillos de polvo que cambia de manera misteriosa con el tiempo, un fenómeno nunca antes visto en un objeto de este tipo.
¿Qué son los centauros y por qué Chiron es especial?
Los centauros son pequeños cuerpos del sistema solar que orbitan entre Júpiter y Neptuno. Se cree que son objetos transneptunianos capturados temporalmente en órbitas inestables. Chiron, descubierto en 1977, es uno de los centauros más grandes conocidos, con unos 200 kilómetros de diámetro. Su particularidad radica en que muestra actividad similar a la de un cometa: en ocasiones desarrolla una coma (nube de gas y polvo) y una cola, a pesar de estar mucho más lejos del Sol que los cometas típicos.
Estudios previos ya habían sugerido la presencia de anillos alrededor de Chiron, pero las observaciones del JWST han permitido confirmar no solo su existencia, sino también su naturaleza dinámica. Los anillos parecen cambiar de brillo y estructura en escalas de tiempo relativamente cortas, lo que plantea interrogantes sobre los mecanismos que los gobiernan.
Observaciones del James Webb: anillos que no dejan de sorprender
El JWST, con su sensibilidad infrarroja sin precedentes, observó a Chiron en múltiples ocasiones entre 2023 y 2024. Los datos revelaron un sistema de al menos dos anillos de polvo, situados a unos 300 y 600 kilómetros de la superficie del centauro. Lo inusual es que la densidad y la distribución del polvo varían entre observaciones, algo que no se había documentado en otros cuerpos con anillos, como Saturno o los planetas enanos Haumea y Quaoar.
“Estamos viendo un sistema de anillos que respira”, explicó la Dra. María Fernández, investigadora principal del estudio y astrónoma del Instituto de Astrofísica de Canarias. “Los cambios podrían estar relacionados con la actividad criovolcánica de Chiron, que expulsa material al espacio y alimenta los anillos de forma intermitente”.
¿Por qué cambian los anillos?
Los científicos barajan varias hipótesis para explicar la variabilidad de los anillos de Chiron:
- Actividad cometaria: La sublimación de hielos volátiles en la superficie de Chiron, impulsada por el leve calentamiento solar, podría liberar chorros de gas y polvo que escapan y forman anillos temporales.
- Colisiones con meteoroides: Impactos de pequeños cuerpos podrían generar nubes de escombros que se dispersan y luego se reorganizan en anillos.
- Inestabilidad gravitacional: La rotación rápida de Chiron (un día dura unas 6 horas) y su forma irregular podrían contribuir a que el material en órbita no sea estable.
El equipo planea continuar monitoreando a Chiron con el JWST y otros telescopios para entender la periodicidad de estos cambios. “Si los anillos varían en escalas de meses, podríamos estar ante un fenómeno estacional relacionado con la órbita de Chiron alrededor del Sol”, añadió Fernández.
Implicaciones para el estudio del sistema solar
El descubrimiento de anillos cambiantes en Chiron tiene implicaciones más allá de este objeto. Los centauros son considerados fósiles de la formación del sistema solar, y comprender su comportamiento ayuda a reconstruir la historia de los cuerpos helados que migraron desde el cinturón de Kuiper. Además, la presencia de anillos en un objeto tan pequeño sugiere que estos sistemas podrían ser más comunes de lo pensado, incluso en cuerpos sin gravedad significativa.
“Chiron nos está mostrando que los anillos no son exclusivos de los planetas gigantes”, comentó el Dr. José Luis Ortiz, coautor del estudio y experto en centauros del Instituto de Astrofísica de Andalucía. “Esto nos obliga a revisar nuestros modelos de formación y evolución de sistemas de anillos”.
El papel del James Webb en la exploración del sistema solar exterior
El JWST ha demostrado ser una herramienta invaluable para estudiar objetos distantes y fríos. Su capacidad para detectar polvo y hielos en longitudes de onda infrarrojas ha permitido caracterizar la composición de los anillos de Chiron, que parecen estar formados por granos de hielo de agua y posiblemente compuestos orgánicos. Estas observaciones complementan las realizadas por misiones como New Horizons, que sobrevoló el centauro Arrokoth en 2019.
Los astrónomos esperan que el JWST continúe observando otros centauros para determinar si los anillos variables son un fenómeno común o si Chiron es una rareza. Mientras tanto, el misterio de los anillos cambiantes de este “centauro” sigue intrigando a la comunidad científica.
Otros artículos relacionados:
- El James Webb detecta vapor de agua en la atmósfera de un exoplaneta cercano
- Misteriosos centauros podrían albergar océanos subterráneos, sugiere un nuevo estudio
- La carrera espacial en América Latina: nuevos observatorios desafían a las potencias

