Las imágenes de edificios colapsados en Venezuela durante el reciente sismo han conmocionado a la región. Mientras tanto, países como Chile y Japón han desarrollado tecnologías que permiten a las estructuras ‘patinar’ sobre sus cimientos, absorbiendo la energía sísmica. ¿Qué lecciones puede aprender Venezuela de estas naciones? BBC Mundo consultó a dos expertos en ingeniería antisísmica para entender las claves.
La ingeniería antisísmica: más que hormigón armado
Chile, ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, ha perfeccionado el diseño de edificios resistentes a terremotos. Una de las técnicas más innovadoras son los aisladores sísmicos de base, conocidos popularmente como ‘patines’. Estos dispositivos, colocados entre la base del edificio y el suelo, permiten que la estructura se deslice durante un sismo, reduciendo la transmisión de fuerzas. Japón, por su parte, emplea amortiguadores y sistemas de control activo.
¿Por qué colapsan los edificios en Venezuela?
Los expertos señalan que las fallas en Venezuela no solo se deben a la magnitud del sismo, sino a deficiencias en el cumplimiento de normas de construcción, falta de supervisión y uso de materiales de baja calidad. “En Chile, la normativa es estricta y se actualiza tras cada terremoto. En Venezuela, la aplicación es laxa”, comenta un ingeniero chileno.
Lecciones desde Chile y Japón
- Normativas actualizadas: Chile revisa sus códigos de construcción después de cada sismo importante.
- Aisladores sísmicos: Edificios clave como hospitales y escuelas los incorporan obligatoriamente.
- Capacitación profesional: Ingenieros y constructores reciben formación continua en técnicas antisísmicas.
- Control de calidad: Inspecciones rigurosas durante toda la obra.
El caso de Japón: tecnología de punta
Japón no solo usa aisladores, sino también sistemas de amortiguación con fluidos viscosos y estructuras de acero flexibles. Además, cuenta con sistemas de alerta temprana que detienen trenes y elevadores segundos antes del sismo.
¿Puede Venezuela adoptar estas medidas?
Sí, pero requiere voluntad política, inversión y capacitación. Los expertos recomiendan empezar por reforzar edificios existentes y exigir el cumplimiento de normas internacionales. “No es cuestión de dinero, es cuestión de prioridades”, concluyen.
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