Imagen ilustrativa

José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile el pasado 11 de marzo con un discurso contundente: “Para enfrentar esas emergencias: en seguridad, en salud, en educación, en empleo y en tantas otras, Chile necesita un Gobierno de emergencia”. No era un eslogan, advirtió, sino “la realidad que vamos a vivir”. El prometido Plan Desafío 90 tenía tres pilares: seguridad, economía y control migratorio. Ese mismo día, firmó seis decretos e instrucciones que fijaron las prioridades: una Política Nacional de Cierre Fronterizo, el Plan Escudo Fronterizo bajo el liderazgo del Ejército, una auditoría interna del Estado y destrabar 51 recursos de reclamación en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.

Para sacar todo adelante, el Gobierno de Kast se autodefinió en excepción permanente y, en sus primeras semanas, sumó la desinformación de un “Estado en quiebra”. A noventa días cumplidos, la promesa resultó en una expectativa irreal, e incluso se tradujo en el primer Gobierno desde la vuelta a la democracia en tener un cambio de gabinete antes de la cuenta pública anual del 1 de junio. Pero lo interesante no es el resultado, sino el diagnóstico que vuelve aceptable la “emergencia” y de dónde viene este manual.

Tres espejos, una misma gramática

Kast ha sido claro con sus aliados y modelos de inspiración. Ya en campaña visitó Hungría, habló por primera vez del muro fronterizo que hoy se construye y emuló el manual del entonces primer ministro Viktor Orbán, especialmente usando las redes sociales para contaminar y polarizar el debate público. Ahora en el Gobierno, su proyecto se entiende bajo tres lógicas: el shock fiscal inspirado en la Argentina de Javier Milei, la securitización de Nayib Bukele en El Salvador y la matriz fronteriza y cultural de Donald Trump.

El shock fiscal al estilo Milei

El Gobierno de Kast ha enfatizado que ha habido una sorpresa negativa e inconsistencias en el gasto público, por lo que se debe “ordenar la casa” aunque “sin tocar los beneficios sociales”, según dijo el 1 de junio. Este enfoque recuerda a las políticas de ajuste fiscal de Javier Milei en Argentina, donde la motosierra es la protagonista. Sin embargo, en Chile, la aplicación es más moderada, buscando un equilibrio entre la austeridad y la protección social.

La securitización de Bukele

El Plan Escudo Fronterizo, con el Ejército al mando, es un calco de las políticas de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador, donde las fuerzas armadas tienen un rol central en el control del orden público. Kast ha prometido mano dura contra la delincuencia y la inmigración ilegal, replicando el modelo de “guerra contra las pandillas” pero adaptado a la realidad chilena.

La matriz fronteriza y cultural de Trump

La Política Nacional de Cierre Fronterizo y el énfasis en la identidad cultural son herencia directa de Donald Trump. Kast ha hablado de proteger las fronteras y de una “guerra cultural” contra el progresismo, similar a la retórica trumpista. La construcción del muro fronterizo es un símbolo tangible de esta influencia.

Resultados a 90 días

A tres meses de gobierno, las promesas de Kast se han topado con la realidad. El cambio de gabinete antes de la cuenta pública anual es un indicador de las dificultades para implementar su agenda. La expectativa de un “gobierno de emergencia” ha generado incertidumbre económica y social. Sin embargo, el diagnóstico de crisis permanente sigue siendo el eje de su comunicación política.

Conclusión: un manual de ultraderecha global

Kast en Chile representa la fusión de las estrategias de Orbán, Milei, Bukele y Trump en un solo manual de gobierno. La pregunta es si esta receta funcionará en un país con una tradición democrática sólida y una sociedad civil activa. El tiempo dirá si la emergencia permanente es una solución o un problema.

Otros artículos relacionados:

Por Editor

Deja un comentario