Hay escenas que encajan perfectamente en otra época. En 1989 se casó Diego Armando Maradona y, en plena fiesta, Carlos Bilardo, por aquel entonces entrenador de la Selección Argentina, se acercó a Oscar Ruggeri con un pedido entre absurdo y brillante: que se parara al lado de Careca, delantero de Brasil, para medirlo. Bilardo quería calcular proporciones físicas, alturas y contexturas, preocupado por la pelota parada brasileña ante un eventual cruce en el Mundial de Italia 90. No había tracking, dashboards ni bases de datos integradas. Había obsesión, memoria y una necesidad permanente de entender cómo contrarrestar al rival.
Durante décadas, estudiar el fútbol fue un trabajo artesanal sostenido por libretas, cintas VHS y asistentes técnicos agotados de viajar para espiar adversarios. Los cuerpos técnicos más vanguardistas acumulaban grabaciones borrosas y armaban informes manuales cortando jugadas una por una. Muchas veces el análisis consistía simplemente en rebobinar el mismo partido hasta encontrar patrones. Europa también tiene sus historias. Arrigo Sacchi llenaba pizarras enteras para explicar movimientos colectivos y sincronización defensiva en el AC Milan de finales de los 80. Años después, José Mourinho cortaba videos para estudiar automatismos rivales en el Porto campeón de la Champions League. La lógica era la misma: reducir márgenes de incertidumbre.
Uno de los primeros grandes puntos de inflexión llegó en 1996, cuando la Premier League comenzó a utilizar tecnología para recopilar datos. Uno de los sponsors del torneo financió esta iniciativa para que clubes y medios pudieran acceder gratuitamente a estadísticas avanzadas. Aun así, durante muchos años el análisis seguía siendo una ventaja competitiva de pocos. La mayoría de los entrenadores continuaba confiando principalmente en el ojo experto. Según el libro Performance Analysis of Football, de los investigadores Thomas Reilly, A. Mark Williams y Jens Bangsbo, a comienzos de los 2000 muchos cuerpos técnicos tenían apenas una persona dedicada al videoanálisis: un pasante, un estudiante o el propio ayudante de campo trabajando con cámaras domésticas.
Con el tiempo, el crecimiento fue explosivo. La masificación de cámaras HD, la profesionalización de los cuerpos técnicos y la expansión del big data aplicado al deporte transformaron el análisis en una necesidad estructural. Durante años, sin embargo, persistió un problema: los datos y los videos solían estar desconectados. En este contexto, Marcos González Bertolín, responsable de Soluciones Deportivas en Sportian, destaca cómo la tecnología está transformando el análisis del fútbol, desde la época de los informes manuales hasta las herramientas de inteligencia artificial, datos y videoanálisis que hoy utilizan selecciones y clubes de primer nivel. La columna incluye además el caso de Sportian Performance, joint venture entre Globant y LALIGA, que actualmente utiliza LALIGA y que permite integrar datos, video e IA para optimizar la toma de decisiones deportivas. Entre otros ejemplos, aborda cómo entrenadores como Mauricio Pochettino incorporan este tipo de herramientas para analizar rivales y potenciar el rendimiento de sus equipos.

