Los precios internacionales de los alimentos registraron un aumento durante septiembre de 2026, de acuerdo con el informe más reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El índice de precios de los alimentos alcanzó los 136 puntos, lo que representa un crecimiento del 1.5 por ciento respecto al mes anterior y del 5.8 por ciento en comparación con igual período del año precedente. Este incremento, impulsado principalmente por los cereales, el azúcar y los aceites vegetales, enciende las alertas para países dependientes de importaciones alimentarias como México y varias naciones de América Latina.
La FAO atribuyó este comportamiento a una combinación de factores que afectan los mercados globales. Entre ellos figuran las interrupciones en rutas comerciales estratégicas, como el estrecho de Ormuz y la región del mar Negro, además de los efectos derivados de fenómenos climáticos que han incrementado los costos energéticos y de transporte. Para el público mexicano y latinoamericano, este escenario se traduce en una presión adicional sobre los precios de la canasta básica y sobre las finanzas públicas de los países importadores netos de alimentos.
¿Qué productos impulsaron el alza?
Dentro de los productos agrícolas, los mayores aumentos se reflejaron en los cereales, el azúcar y los aceites vegetales, categorías que impulsaron el avance general del índice alimentario durante el mes analizado. En contraste, los precios internacionales de la carne y los productos lácteos mostraron una tendencia descendente, lo que contribuyó a moderar parcialmente el encarecimiento observado en otros grupos de alimentos.
El encarecimiento del trigo continúa vinculado a las tensiones que afectan las exportaciones procedentes de la región del mar Negro, una zona clave para el suministro global de granos. Asimismo, la FAO señaló que el fenómeno El Niño ha influido en la evolución de los precios de distintos productos agrícolas, alterando patrones de producción y cosecha en diversas regiones.
Factores detrás de la escalada
- Interrupciones en rutas comerciales: el estrecho de Ormuz y la región del mar Negro enfrentan tensiones que afectan el flujo de mercancías.
- Fenómenos climáticos: El Niño ha impactado la producción agrícola y elevado los costos energéticos y de transporte.
- Altas tarifas de transporte marítimo: según el Sistema de Información sobre los Mercados Agrícolas (AMIS), los costos logísticos siguen elevados.
- Mercados de fertilizantes fortalecidos: el encarecimiento de insumos agrícolas presiona al alza los precios finales.
- Disrupciones logísticas persistentes: la incertidumbre en los mercados agrícolas internacionales se mantiene.
Advertencia desde la FAO
Al referirse al escenario actual, el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, afirmó: «Estamos viendo una acumulación persistente y cada vez más generalizada de los precios de los productos básicos». El especialista añadió que, de mantenerse las condiciones que impulsan estas alzas, las presiones podrían trasladarse «al consumidor, especialmente en los países dependientes de las importaciones de alimentos y energía».
Esta advertencia resuena con fuerza en América Latina, donde países como México, Colombia, Perú y Chile importan una parte significativa de sus cereales y aceites vegetales. Un encarecimiento sostenido podría traducirse en una mayor inflación alimentaria, afectando especialmente a los hogares de menores ingresos.
Perspectivas de producción para 2026
En sus perspectivas para el sector, la FAO estimó que la producción mundial de cereales alcanzará 2,979 millones de toneladas métricas en 2026, volumen que sería 2.1 por ciento inferior al registrado en 2025, aunque se mantendría como el segundo más elevado del que se tiene constancia. Esta ligera caída, combinada con la demanda creciente, podría mantener los precios en niveles elevados durante los próximos meses.
El organismo también destacó que las condiciones climáticas seguirán siendo un factor determinante. La persistencia de El Niño podría afectar cosechas en regiones clave, mientras que las tensiones geopolíticas en zonas productoras añaden incertidumbre.
Impacto en México y Latinoamérica
Para México, el alza en los precios internacionales de los alimentos representa un desafío adicional en un contexto de por sí complejo. El país importa alrededor del 40 por ciento del maíz que consume, así como una proporción significativa de trigo y aceites vegetales. Un incremento en estos commodities se refleja directamente en los costos de producción de alimentos procesados y, eventualmente, en el precio final para el consumidor.
En el resto de América Latina, la situación varía según el grado de dependencia de importaciones. Naciones como Venezuela, que enfrentan crisis económicas profundas, son especialmente vulnerables. Otras, como Argentina y Brasil, grandes productores de granos, podrían beneficiarse parcialmente del alza en los precios internacionales, aunque también enfrentan costos más altos de fertilizantes y transporte.
Los gobiernos de la región podrían verse obligados a implementar medidas para contener el impacto en la canasta básica, como subsidios temporales o ajustes arancelarios. Sin embargo, estas acciones suelen tener costos fiscales significativos y no siempre son sostenibles a largo plazo.
Recomendaciones y seguimiento
La FAO y el AMIS continúan monitoreando de cerca la evolución de los mercados. Se espera que en los próximos informes se detallen nuevas proyecciones y posibles recomendaciones para los países importadores. Mientras tanto, los analistas sugieren que los gobiernos de América Latina refuercen sus políticas de seguridad alimentaria y diversifiquen sus fuentes de suministro para reducir la vulnerabilidad a shocks externos.
Para los consumidores, el panorama inmediato apunta a una presión continua sobre los precios de alimentos básicos como el pan, la pasta y los aceites de cocina. La evolución dependerá en gran medida de cómo se resuelvan las tensiones geopolíticas y de las condiciones climáticas en las principales regiones productoras.
Este informe de la FAO se suma a una serie de señales que indican un entorno inflacionario persistente en el sector alimentario global. La combinación de factores logísticos, climáticos y geopolíticos sugiere que el alza no es un fenómeno pasajero, sino parte de un reajuste más profundo en los mercados agrícolas internacionales.

