El Reino Unido enfrenta un momento crítico en su historia. La reciente firma de un memorando de cooperación entre los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte ha reavivado el debate sobre la posible desintegración del país. Este acuerdo, conocido como la Declaración de Cardiff, no tiene efectos legales inmediatos, pero representa un hito político que podría redefinir el futuro de las cuatro naciones que conforman el Reino Unido.
Una alianza histórica por la independencia
El pasado lunes, los líderes del Partido Nacional Escocés (SNP), John Swinney; de Plaid Cymru (Gales), Rhun ap Iorwerth; y del Sinn Féin (Irlanda del Norte), Michelle O’Neill, se reunieron en Cardiff para firmar un memorandum de entendimiento. En él, proclaman su intención de luchar juntos por la independencia de sus territorios, cada uno a su ritmo y por su propio camino, pero con el objetivo común de separarse del Reino Unido y regresar a la Unión Europea.
Este pacto político, sin efectos legales, refleja una corriente de opinión pública cada vez más escéptica sobre la viabilidad del Reino Unido tal como lo conocemos. Según una encuesta reciente de Ipsos, más de la mitad de los británicos cree que el Reino Unido seguirá existiendo dentro de cinco años, pero solo el 35% lo tiene claro cuando se pregunta por un horizonte de diez años. Menos de un cuarto de la población cree que la unión de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte perdurará en su forma actual dentro de dos décadas.
Tres caminos hacia la independencia
Tras las elecciones de mayo, los tres territorios están gobernados por primera vez por partidos nacionalistas independentistas. Sin embargo, las reivindicaciones y estrategias son diferentes:
- Escocia: El SNP, liderado por John Swinney, ha planteado su deseo de celebrar un segundo referéndum de independencia debido al Brexit, contra el que los escoceses votaron mayoritariamente. En 2014, la independencia fue rechazada con un 55% de los votos, pero el SNP argumenta que las circunstancias han cambiado sustancialmente.
- Gales: Plaid Cymru, con Rhun ap Iorwerth al frente, ha ganado las elecciones por primera vez, arrebatando el poder a los laboristas. Aunque el apoyo a la independencia es menor que en Escocia, el nuevo líder aboga por un debate público más profundo antes de convocar un referéndum y reclama un reparto diferente de la financiación.
- Irlanda del Norte: El Sinn Féin, con Michelle O’Neill, gobierna en coalición con los unionistas dentro del acuerdo de Viernes Santo. Su objetivo es la reunificación con Irlanda, lo que requeriría un cambio notable en la opinión pública y la convocatoria de un referéndum, según lo establecido en la legislación de 1998.
El proceso legal para convocar un referéndum
La ruptura del Reino Unido requiere consenso político y, en gran medida, depende de la decisión del gobierno en Londres. La única consulta prevista expresamente por la legislación es la de Irlanda del Norte, pero incluso en ese caso existe un margen de discrecionalidad. La ley de 1998 establece que el ministro para Irlanda del Norte puede convocar un referéndum si le “parece probable” que la mayoría de la población ya no acepta ser parte del Reino Unido.
En Escocia, el Parlamento no puede legislar por su cuenta para convocar otro referéndum, según sentenció el Tribunal Supremo en 2022. La consulta de 2014 se realizó tras una transferencia temporal de competencias del gobierno británico al escocés. En Gales, no existe actualmente un mecanismo para convocar un referéndum y cualquier consulta necesitaría un acuerdo similar.
El primer ministro irlandés, Micheál Martin, ha criticado la participación del Sinn Féin en la cumbre de Cardiff, argumentando que no es una buena estrategia vincular el debate irlandés al de la independencia de Escocia y Gales. “Nosotros nunca hemos metido a Irlanda del Norte en los líos de la política británica. Siempre hemos identificado el norte como un asunto excepcional”, declaró.
El impacto del Brexit y la opinión pública
El Brexit ha sido un factor clave en el crecimiento del apoyo a la independencia de Escocia. El 62% de los escoceses votó en contra de la salida de la UE, al igual que Irlanda del Norte. Gales votó a favor, pero el impulso principal provino de Inglaterra. En la Declaración de Cardiff, los líderes nacionalistas afirman que “el Brexit ha dañado nuestras economías y ha limitado las oportunidades para nuestra gente. Europa es nuestra casa común y creemos que el futuro de nuestras naciones está dentro de la Unión Europea”.
Emily Gray, directora de Ipsos en Escocia, explica que “después del Brexit hubo una subida del apoyo a la independencia de Escocia. El SNP argumenta que la independencia es el único camino realista para que Escocia recupere los beneficios de la pertenencia a la UE”.
Además, los datos muestran que en Escocia hay más disposición a que su gobierno coopere con Gales e Irlanda del Norte que con las autoridades de Londres. El principal factor de esta cercanía es el deseo de independencia.
Reacciones y desafíos internos
La cumbre de Cardiff no ha estado exenta de críticas. En Irlanda del Norte, la viceprimera ministra del partido unionista, Emma Little-Pengelly, recordó a O’Neill que no tenía autorización para firmar ningún documento sobre el futuro de la región. En el Parlamento de Gales, Rhun ap Iorwerth recibió críticas del partido de ultraderecha Reform, que le pidió que dejara de “conspirar con el Sinn Féin”. Él respondió que su misión es defender los intereses de Gales y lograr “más voz” para su nación.
A pesar de estos obstáculos, el acuerdo de Cardiff representa un paso simbólico importante hacia la coordinación de los movimientos independentistas. Como señala Edmarverson A. Santos, analista de derecho internacional, “la importancia del memorando de Cardiff viene de la coordinación política que representa: tres partidos nacionalistas ahora defienden una reivindicación democrática común sobre el estatus constitucional mientras siguen sometidos a distintos marcos legales nacionales e internacionales”.
Perspectivas futuras
El futuro del Reino Unido es incierto. El gobierno laborista de Andy Burnham ha rechazado la idea de que sea el último primer ministro del Reino Unido y se ha declarado firme creyente en la unión. Su prioridad es descentralizar el poder, pero enfocado en dar más competencias a las ciudades de Inglaterra, no a las naciones independentistas.
Lo que puedan alcanzar Escocia, Gales e Irlanda del Norte en los próximos años dependerá en gran medida de que haya consenso más allá de sus regiones. Por ahora, es improbable que el gobierno británico dé pasos hacia la independencia. Sin embargo, la creciente incertidumbre y el descontento con el Brexit podrían acelerar los acontecimientos. Solo el tiempo dirá si la Declaración de Cardiff fue un punto de inflexión o un simple gesto simbólico.
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