Durante 2025, el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) procesó más de 7,300 millones de transferencias electrónicas en México, lo que representó un crecimiento de 36.8 % respecto a 2024. El valor total movilizado superó los 347 billones de pesos, equivalente a diez veces el Producto Interno Bruto nominal del país. De ese volumen, 94 % corresponde a operaciones menores a 13,200 pesos, lo que confirma que la transferencia inmediata ya es un medio de pago cotidiano para millones de mexicanos, no solo un canal para movimientos de alto valor.

Los datos del SPEI describen un cambio de hábitos que ya es irreversible. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 documentó que el uso de aplicaciones móviles para consultar saldos o realizar movimientos pasó de 54.3 % en 2021 a 69.1 % en 2024 entre quienes tienen cuenta bancaria. En la misma dirección, la proporción de personas que utilizan transferencias electrónicas o aplicaciones móviles como medio de pago principal para compras mayores a 500 pesos pasó de apenas 0.3 % en 2018 a 7.6 % en 2024, un crecimiento de más de 25 veces en seis años.

Adicionalmente, BBVA Research proyecta que las operaciones bancarias realizadas desde el celular pasarán de representar 15.7 % del total en 2023 a 23.1 % en 2030, impulsadas por la adopción de nuevas generaciones de usuarios. Para las instituciones financieras, esto tiene una implicación directa: operar de forma desconectada ya no es una ineficiencia interna, sino una barrera visible para el usuario.

Una institución que no puede conectar sus módulos de crédito, ahorro y pagos en una sola experiencia fluida, que depende de procesos manuales para conciliar información entre sistemas o que tarda semanas en integrar un nuevo canal digital, no está compitiendo en el mismo mercado que sus usuarios ya habitan.

“La conectividad entre servicios financieros no es una funcionalidad adicional: es la arquitectura desde la que se construye cualquier propuesta de valor que aspire a ser relevante hoy”, afirma Ernesto García, CEO de AurumCore.

El ecosistema fintech mexicano también confirma esta tendencia. El 75 % de las fintechs ya colaboran con instituciones tradicionales, lo que refuerza la necesidad de una infraestructura integrada como requisito esencial para que las instituciones financieras no pierdan terreno en el mercado actual. El sistema financiero mexicano se encuentra en un periodo de transformación clave: los usuarios ya no toleran procesos lentos, canales desconectados ni productos que no se comunican entre sí.

Por Editor

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