El turismo en México no solo crece en números, sino que está mutando en su esencia. Con un PIB turístico al alza y más de 4.6 millones de empleos directos, el sector vive un momento de auge, pero los hábitos de los viajeros han cambiado de forma acelerada. Ya no se trata de pasar quince días seguidos en el mismo lugar, sino de escapadas más cortas, más frecuentes y con una lógica de uso más flexible del tiempo. Este nuevo patrón de consumo turístico está poniendo en jaque a uno de los íconos de la inversión vacacional: la segunda propiedad.
Durante décadas, tener una casa o departamento en la playa, el bosque o un pueblo mágico fue sinónimo de estatus y seguridad patrimonial. Sin embargo, en la práctica, muchas de estas propiedades permanecen vacías la mayor parte del año. Los costos fijos —mantenimiento, impuestos, servicios, seguridad— no se detienen aunque el dueño solo las ocupe tres o cuatro semanas al año. Ese desajuste entre inversión y uso real ha comenzado a incomodar a una generación que valora más la experiencia que la posesión.
Para Ricardo Straffon, fundador y CEO de Sofía Fractional Residence Club, el cambio es estructural y no una simple moda pasajera. “El mercado inmobiliario no está cambiando por sí solo; está respondiendo a una nueva forma de vivir y consumir destinos. Modelos como la propiedad fraccionada surgen como una manera más eficiente de alinear inversión con uso real”, explica. En lugar de comprar un inmueble completo que se usa poco, estos esquemas permiten adquirir una fracción del mismo —generalmente entre una y ocho semanas al año— con todos los beneficios de la propiedad, pero sin la carga de los costos fijos completos.
Este replanteamiento de la segunda propiedad no solo responde a un deseo de eficiencia económica, sino a un cambio cultural profundo. Las nuevas generaciones priorizan viajar más, conocer más destinos y no atarse a un solo lugar. La idea de “poseer menos para vivir más” se ha instalado con fuerza, y el sector inmobiliario turístico empieza a adaptarse. Empresas como Sofía Fractional Residence Club ofrecen acceso a residencias de lujo en destinos como la Riviera Maya o Los Cabos, donde el usuario paga solo por el tiempo que realmente usa, y el resto del año el inmueble se renta o se comparte con otros copropietarios.
El fenómeno también tiene un impacto positivo en la economía local. Al optimizar la ocupación de las propiedades, se genera un flujo más constante de visitantes durante todo el año, lo que beneficia a restaurantes, transportistas, guías turísticos y comercios. Además, se reduce la presión sobre el desarrollo inmobiliario desmedido, ya que se aprovecha mejor el parque existente en lugar de construir más.
Sin duda, el modelo de la segunda propiedad no desaparecerá por completo, pero sí está perdiendo su lugar hegemónico. La tendencia apunta a un futuro donde el acceso pesa más que la posesión, y donde la flexibilidad se convierte en el nuevo lujo. En un país como México, con una oferta turística tan diversa, esta evolución promete redefinir no solo la forma de invertir, sino también la manera de disfrutar los destinos.
