En un emocionante giro de los acontecimientos en la biología espacial, China ha dado un paso significativo hacia la posibilidad de colonizar Marte. Durante décadas, los científicos han debatido si la vida, en particular la reproducción, es viable en el entorno hostil del espacio. Este dilema no solo abarca la producción de alimentos como tomates y lechugas en órbita, sino que se centra también en si nuestros cuerpos permanecerán funcionales al regresar del vacío espacial. Este último aspecto es crucial para la reproducción humana en potenciales colonias fuera de la Tierra.
El reciente experimento llevado a cabo en la estación espacial Tiangong ha arrojado resultados sorprendentes. Una ratona, que pasó varias semanas en el espacio, dio a luz a nueve crías el 10 de diciembre de 2025 en el laboratorio de la Academia China de Ciencias. Lo extraordinario de este caso no fue solo el nacimiento en sí, sino que la madre había estado expuesta a las condiciones de microgravedad y radiación cósmica, factores que podrían alterar profundamente el desarrollo de sus descendientes.
De las nueve crías nacidas, seis han sobrevivido y crecen en condiciones saludables. Este experimento, que parecía simple en su concepción inicial, se complicó debido a imprevistos durante la misión, lo que llevó a los científicos a extender la estancia de los ratones en el espacio. En el lanzamiento del 31 de octubre, se enviaron cuatro ratones (dos machos y dos hembras) para una misión de dos semanas. Sin embargo, la falta de alimento sólido en el espacio, un componente crítico para el bienestar de los animales, amenazó con convertir la misión en un desastre.
Los científicos en la Tierra se enfrentaron a un desafío urgente: encontrar una solución alimentaria adecuada. El único recurso disponible era la leche de soya líquida, que se administró a los ratones mediante un innovador sistema de bombeo de presión negativa, evitando así que las burbujas del líquido flotasen por la cabina. El monitoreo constante y la inteligencia artificial permitieron a los investigadores seguir de cerca los hábitos alimenticios de los roedores, así como su estado de estrés y los ritmos circadianos.
Una vez superados los desafíos iniciales, los ratones regresaron a la Tierra el 14 de noviembre de 2025, y se llevó a cabo la concepción natural. De las nueve crías, seis no solo sobrevivieron, sino que lo hicieron en excelentes condiciones. Este resultado es un hito en la investigación espacial y plantea interrogantes sobre el impacto de la microgravedad en la reproducción de los mamíferos.
La comunidad científica siempre ha tenido preocupaciones legítimas sobre los efectos de la radiación ionizante y la falta de gravedad en la integridad del ADN y el eje hormonal de los gametos. La exposición a la radiación cósmica, en particular, puede causar daños significativos, como roturas en la doble cadena del ADN. En la Tierra, la atmósfera actúa como un escudo protector, pero a 400 km de altura, los mamíferos están expuestos a niveles de radiación mucho más altos.
La investigadora Wang Hongmei ha señalado que la viabilidad de las crías sugiere que los mecanismos de reparación celular de los mamíferos son suficientemente robustos como para compensar el daño ocasionado durante los breves vuelos espaciales. Sin embargo, este es solo el principio. La competencia entre Estados Unidos y China en el ámbito del espacio ha sido intensa, y este avance coloca a China en una posición destacada en la carrera espacial.
En años anteriores, China ya había logrado avances significativos, como el desarrollo parcial de embriones de ratón en el espacio en 2020. Por su parte, la NASA ha realizado investigaciones en la Estación Espacial Internacional sobre la pérdida de densidad ósea y muscular en el espacio. Cada uno de estos esfuerzos añade un ladrillo más en la construcción del conocimiento necesario para la futura colonización de otros mundos.
Aunque el experimento concluyó con el nacimiento de las crías, la investigación no se detiene aquí. Los científicos están ahora enfocados en lo que denominan “efectos de segunda generación”, evaluando si estos seis ratones experimentarán problemas de salud a mediano y largo plazo, así como si su fertilidad se verá alterada al alcanzar la madurez. Esta información es vital para determinar si los viajes espaciales pueden tener efectos permanentes en la capacidad reproductiva de los seres vivos.
El próximo gran desafío para los científicos chinos será realizar un ciclo reproductivo completo en órbita: concepción, gestación y parto sin la necesidad de regresar a la Tierra. Este objetivo es esencial para entender si los humanos también podrían tener la posibilidad de reproducirse en el espacio, lejos de la protección de nuestra atmósfera. Con cada avance, la humanidad se acerca más a la posibilidad de establecer colonias en Marte y más allá, un sueño que podría convertirse en realidad en un futuro no muy lejano.

