Con cada nuevo año, los diccionarios se empeñan en capturar la esencia de su tiempo a través de términos que definen la realidad social, cultural y tecnológica de la época. En el 2025, esta tarea ha llevado a la creación de un repertorio de palabras que reflejan no solo lo que decimos, sino también lo que vivimos. En un entorno saturado de información, memes y palabras recién acuñadas, cada término se convierte en una pieza clave de un rompecabezas más amplio que intenta ordenar la complejidad de nuestras interacciones.
Este año, los términos seleccionados por diferentes diccionarios revelan una profunda conexión entre la identidad, la tecnología y las relaciones humanas. Por ejemplo, el Diccionario de Cambridge ha elegido la palabra parasocial, un concepto que captura las relaciones unilaterales que los individuos desarrollan con figuras públicas a través de las pantallas. No se trata simplemente de seguimiento, sino de una conexión emocional que, aunque distante, se siente personal. Con el auge de los influencers y creadores de contenido, esta percepción ha tomado un nuevo significado. La audiencia siente que conoce a estos personajes, a menudo compartiendo sus vidas de manera tan íntima que parece que forman parte de nuestra realidad cotidiana.
Pero el fenómeno de lo parasocial no se detiene en artistas o celebridades. Hoy, hasta las inteligencias artificiales se han convertido en confesoras digitales. Muchas personas comparten sus preocupaciones y anhelos con chatbots, que, con su tono amigable y respuestas personalizadas, logran despertar un vínculo emocional auténtico, a menudo unidireccional pero profundamente sentido. Esta relación arbórea entre humano y máquina ilustra el retorno a la búsqueda de conexión en un mundo donde la cercanía se alcanza mediante la tecnología, que a su vez también puede incrementar el sentido de incertidumbre ante las interacciones humanas reales.
En el extremo opuesto del espectro, encontramos el término rage bait, elegido por el Diccionario Oxford como palabra del año. Este recurso hace referencia a un tipo de contenido diseñado para provocar indignación, convirtiéndose en una técnica habitual en las redes sociales. En un espacio donde la interacción se mide por la cantidad de reacciones, el rage bait se erige como una herramienta para atrapar la atención del usuario mediante emociones extremas. Se apela a la rabia del receptor, un sentimiento que garantiza una rápida difusión y un compromiso inmediato. Este fenómeno no solo representa un cambio en la forma en que consumimos contenido, sino que también altera la dinámica de la esfera pública, donde la comprensión va detrás de la reacción visceral.
Como contrapunto a esta realidad fragmentada, el Diccionario Treccani de Italia ha nominado fiducia o confianza, como su palabra del año. Este término, que representa una necesidad fundamental en tiempos de incertidumbre, destaca la urgencia de restablecer la confianza entre individuos y comunidades. En un contexto dominado por tensiones sociales y económicas, fiducia evoca el deseo de construir relaciones auténticas y estables. Este concepto nos recuerda que la confianza no es únicamente un asunto personal; su reciprocidad es esencial para la cohesión social. La necesidad de vincularnos de nuevo, de encontrar un terreno común desde el que empezar a reconstruir nuestras interacciones, se convierte en un objetivo vital en medio del tumulto contemporáneo.
Con la palabra 6-7 designada por Dictionary.com, se introduce una perspectiva más ligera y contemporánea. Este término, que surgió en la cultura popular a través de una canción de rap y que se viralizó en plataformas como TikTok, representa un símbolo generacional. Lo curioso es que su significado, en el fondo, es ambiguo e irrelevante, reflejando una irónica ligereza con la que la Generación Alfa navega a través de un mundo repleto de complejidades y contradicciones. En vez de buscar un profundo significado en la comunicación, este fenómeno destaca la emoción detrás de la expresión, mostrándonos que, en ocasiones, un número puede representar mucho más que un simple valor cuantitativo.
Finalmente, el concepto de vibe coding, elegido por el Diccionario Collins, introduce un cambio radical en la forma en que interactuamos con la tecnología. En este nuevo parámetro, el énfasis se desplaza de la programación tradicional a una colaboración entre humanos e inteligencia artificial, donde la intención y la creatividad toman el protagonismo. En lugar de escribir líneas de código, el usuario describe lo que desea y la IA se encarga de materializarlo. Este modelo democratiza la creación tecnológica, permitiendo que más personas se conviertan en creadoras, siempre que estén dispuestas a imaginar y experimentar. Sin lugar a dudas, esta transformación plantea interrogantes sobre las habilidades necesarias en el futuro, así como sobre la confiabilidad de los sistemas generados por máquinas.
Así, en el tapestry del 2025, las palabras como parasocial, rage bait, fiducia, 6-7 y vibe coding no solo ofrecen un reflejo de nuestras inquietudes, deseos y realidades, sino que también narran la historia de una humanidad que busca desesperadamente la conexión. La narrativa que se despliega a partir de estos conceptos dibuja un paisaje complejo en el que la tecnología juega un papel tanto facilitador como distorsionador de nuestras interacciones. En esta búsqueda constante de significado y relación en un entorno cambiante, estas palabras se convierten en faros que iluminan las características peculiares de nuestra experiencia contemporánea.

