Imagina un postre que combine la textura sedosa de una crema, la intensidad del chocolate y la suavidad de bizcochos empapados, todo sin encender el horno. El pavê de chocolate, originario de Brasil, es esa delicia fría que se prepara con antelación y se convierte en el protagonista de cualquier reunión familiar o cena especial. Su nombre, que en portugués significa ‘pavimento’, hace referencia a sus capas perfectamente alineadas que se asemejan a un suelo bien construido. Lo mejor de todo es que no requiere habilidades culinarias avanzadas, solo paciencia para esperar a que se enfríe y asiente en el refrigerador. Si eres amante de postres como la tarta de la abuela, el tiramisú o esas combinaciones de galletas y chocolate que nos transportan a la infancia, este pavê te va a robar el corazón desde el primer bocado.
La magia del pavê reside en la alternancia de capas de crema de vainilla y ganache de chocolate, intercaladas con bizcochos de soletilla ligeramente humedecidos en leche. Para la crema, se mezclan yemas con maicena en un cazo frío hasta eliminar grumos, luego se añade leche condensada y leche entera, batiendo hasta obtener una textura homogénea. Esta mezcla se calienta a fuego medio-bajo sin dejar de remover hasta que espese, momento en el que se incorpora esencia de vainilla y nata antes de dejar enfriar completamente. La ganache, por su parte, se prepara troceando chocolate negro o semi-amargo en un bol resistente al calor y vertiendo sobre él nata muy caliente (sin hervir), esperando un minuto y removiendo hasta lograr una crema brillante y sin grumos. Es crucial que esta ganache temple antes de montar las capas, ya que si está caliente puede ablandar la crema de vainilla y alterar la textura final.
El montaje se realiza en una fuente rectangular de aproximadamente 24×19 cm y 8 cm de alto, comenzando con una base de crema de vainilla. Sobre esta, se colocan bizcochos de soletilla humedecidos solo un segundo por un lado en leche, formando una capa uniforme. Luego se añade una capa fina de ganache y se repite la secuencia: crema, bizcochos, ganache, hasta completar todas las capas. La última debe ser de ganache más generosa, alisada con espátula y decorada con virutas de chocolate. Una vez armado, el pavê debe refrigerarse al menos seis horas, aunque idealmente toda la noche, para que las capas se asienten, los bizcochos se hidraten y el postre adquiera una textura firme pero cremosa, fácil de cortar. Antes de servir, se pueden añadir más virutas de chocolate para dar un toque extra de elegancia y sabor.
Este postre no solo es una explosión de sabores, sino también un ejemplo de cómo la ciencia culinaria transforma ingredientes simples en algo extraordinario. La maicena actúa como espesante en la crema, mientras que el reposo en frío permite que los bizcochos absorban la humedad necesaria sin deshacerse. Combinado con café recién hecho o un licor suave, el pavê se convierte en el broche de oro perfecto para cualquier comida. Si buscas un contraste fresco, acompáñalo con frambuesas o fresas naturales. Más allá de su delicioso sabor, el pavê nos recuerda que la paciencia y la planificación son clave en la cocina, demostrando que los mejores resultados a menudo requieren tiempo, pero valen cada minuto de espera.

