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Miles de personas se congregaron el pasado fin de semana en Washington D. C. para formar una cadena humana alrededor del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, en una protesta pacífica contra la decisión de su junta directiva de cerrar permanentemente el emblemático recinto cultural. La votación, impulsada por una nueva mayoría de miembros respaldados por el expresidente Donald Trump, ha generado una ola de rechazo entre artistas, académicos y ciudadanos que consideran el cierre un golpe a la libertad de expresión y al patrimonio artístico de la nación.

Contexto de la votación

El consejo de administración del Kennedy Center, renovado en meses recientes con figuras afines al movimiento conservador, aprobó el cierre con una ajustada mayoría de 12 votos a favor y 9 en contra. Según los estatutos del centro, la decisión debía someterse a una segunda votación de ratificación, pero la junta optó por declararla definitiva, lo que ha sido calificado por críticos como un acto autoritario y contrario a los principios democráticos que dieron origen a la institución en 1971.

La medida responde, según la versión oficial, a problemas financieros agravados por la pandemia y a una supuesta disminución del interés del público. Sin embargo, documentos internos filtrados a la prensa revelan que el centro había recuperado niveles de asistencia cercanos a los de 2019 y que contaba con un fondo de reserva suficiente para operar al menos tres años más. Para muchos, el verdadero motivo es político: silenciar voces críticas y reorientar la programación hacia contenidos alineados con la agenda del expresidente.

La cadena humana: una respuesta ciudadana

La convocatoria, difundida bajo el lema “Manos alrededor del Kennedy Center”, superó todas las expectativas. Desde temprano, grupos de manifestantes comenzaron a llegar a la explanada del centro, ubicado a orillas del río Potomac. A las 11 de la mañana, una multitud heterogénea —artistas, estudiantes, familias, activistas y simples ciudadanos— se tomó de las manos para rodear el perímetro del edificio, en un acto simbólico de protección y rechazo al cierre.

“No estamos aquí solo por un edificio; estamos aquí por lo que representa: la posibilidad de que cualquier persona, sin importar su origen, pueda acceder a lo mejor de las artes escénicas”, declaró Marta Sánchez, una de las organizadoras y exbailarina del Ballet Nacional. La protesta transcurrió en calma, con discursos, actuaciones musicales espontáneas y pancartas con mensajes como “El arte no se clausura” y “Defiendan la cultura, no la censura”.

Reacciones políticas

La Casa Blanca, ahora bajo la administración de Trump, emitió un comunicado en el que calificó la protesta como “una manifestación de la izquierda radical que no acepta los resultados de una votación legítima”. Por su parte, legisladores demócratas anunciaron que solicitarán una investigación congressional sobre posibles irregularidades en el proceso de decisión y que evaluarán acciones legales para revertir el cierre.

El alcalde de Washington, Muriel Bowser, expresó su apoyo a los manifestantes y señaló que el Kennedy Center es un activo cultural de la ciudad y del país. “No vamos a permitir que se desmantele un símbolo de nuestra identidad”, afirmó.

Un debate sobre el papel de la cultura en la política

El cierre del Kennedy Center se inscribe en una tendencia más amplia en Estados Unidos, donde instituciones culturales han sido objeto de presiones políticas y recortes presupuestarios. Analistas señalan que este caso podría sentar un precedente peligroso para la autonomía de los espacios artísticos y para la libertad de expresión en el país.

“Lo que está en juego no es solo un recinto, sino la posibilidad de que el poder político decida qué arte merece ser exhibido y cuál no”, comentó el historiador cultural Robert Caro. “Es un ataque directo a la pluralidad que caracteriza a la democracia estadounidense”.

El futuro del Kennedy Center

A pesar de la votación, la lucha legal apenas comienza. Varias organizaciones sin fines de lucro han presentado recursos ante tribunales federales alegando que el cierre viola los términos de la donación original del gobierno federal y los estatutos del centro. Además, una petición en línea ha superado las 500,000 firmas exigiendo la reapertura y la destitución de los miembros de la junta que votaron a favor.

Mientras tanto, los manifestantes prometen mantener la presión. “No nos vamos a ir. Esto es solo el comienzo de una resistencia cultural”, advirtió Sánchez. La cadena humana, que se extendió por más de un kilómetro, se disolvió pacíficamente al atardecer, pero dejó claro que el Kennedy Center no se cerrará sin una batalla.

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Por Editor

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