La creciente inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio energético global, está encendiendo las alertas económicas en México. Aunque el conflicto se desarrolla a miles de kilómetros, sus ondas expansivas ya comienzan a sentirse, con el potencial de golpear directamente el bolsillo de los consumidores mexicanos a través de una combinación peligrosa: inflación, precios más altos de la energía y encarecimiento de los alimentos.
El canal, por donde transita cerca del 20% del petróleo que se consume en el mundo, actúa como el cuello de botella de la economía global. Alfredo Marentes, analista de mercado de VT Markets, explica que la sola incertidumbre en la zona genera una “prima de riesgo” que infla los precios del crudo. “Aun cuando no se produzca un cierre efectivo, la incertidumbre prolongada encarece los fletes, los seguros y las expectativas de abastecimiento”, señala. Esto significa que México, a pesar de ser un productor petrolero, no está aislado del impacto, ya que los precios internacionales marcan la pauta y los costos logísticos globales se disparan.
El efecto dominó es más profundo de lo que parece. El verdadero golpe para la economía familiar podría venir por una ruta indirecta: el gas natural. Este hidrocarburo, cuyo precio también se ve impulsado por la tensión en Ormuz, es un insumo fundamental para la fabricación de fertilizantes nitrogenados. Un encarecimiento sostenido del gas se traduce, inevitablemente, en fertilizantes más caros. Esto presiona los costos de producción en el campo mexicano, desde los cultivos básicos hasta la ganadería, iniciando una cadena de encarecimiento que termina en el supermercado y la tortillería.
Una vulnerabilidad estratégica para México
Aquí es donde la exposición de México se vuelve clara. El país tiene una fuerte dependencia del gas natural importado, principalmente de Estados Unidos. Esta dependencia lo hace particularmente vulnerable a los shocks de precio y suministro que se originan en conflictos geopolíticos lejanos. “El desenlace apunta a presiones inflacionarias, volatilidad cambiaria y mayor tensión fiscal”, advierte el análisis de VT Markets, especialmente si el gobierno recurre a subsidios para intentar amortiguar el impacto en la población, una medida con un alto costo para las finanzas públicas.
El precedente europeo, tras la invasión rusa a Ucrania, es aleccionador. El continente experimentó incrementos de casi el 70% en el precio del gas y del 50% en el petróleo, demostrando que estos escenarios distan de ser teóricos. Para economías como la mexicana, la lección es que la respuesta no puede ser solo reactiva. Los expertos subrayan la necesidad de estrategias anticipatorias que incluyan la diversificación de fuentes de suministro energético, el fortalecimiento de la matriz energética nacional y mecanismos financieros de cobertura para reducir la vulnerabilidad.
En un mundo hiperconectado, la geopolítica dejó de ser una nota en la sección internacional. Un incidente en un estrecho marítimo de Oriente Medio tiene el poder de alterar el costo de la gasolina, la luz, la tortilla y la carne en México. La alerta en Ormuz, por lo tanto, es también una alerta para la estabilidad económica local, recordando que la seguridad energética y alimentaria son dos caras de la misma moneda en la era global.

