En un rincón fascinante del Centro de Convenciones de Colorado, la conferencia Psychedelic Science se transformó en un vibrante cruce de caminos, donde el dinamismo de la cultura contemporánea se entrelaza con tradiciones ancestrales. Este evento, el más grande del mundo en su tipo, reunió desde joyas en forma de hongos hasta gomitas elaboradas con el potente extracto de kanna, mezclando lo lúdico y lo sagrado en un solo lugar. La amplia variedad de estands, que incluían organizaciones comprometidas con el avance de tratamientos psicodélicos, fue un reflejo de la diversidad que caracteriza a este movimiento. Curanderos indígenas y farmacéuticos se encontraban en una armonía inesperada, conversando sobre el futuro de la medicina y el bienestar, mientras algunos, adornados con divertidos sombreros rojos y blancos, evocaban la alegre figura de Mario Bros.
Sin embargo, la impresión más impactante fue observar a exjugadores de la NFL, figuras imponentes que en algún momento fueron gladiadores en el campo de juego, abriendo sus corazones y hablando sobre sus luchas personales. En uno de los paneles más destacados titulado “Healing Behind the Highlights” (La curación detrás de los momentos importantes), los asistentes escucharon las historias íntimas de tres emblemáticos jugadores: Jordan Poyer, Robert Gallery y Jon Feliciano. Cada uno compartió su experiencia sobre cómo los psicodélicos, particularmente la ayahuasca, han influido positivamente en sus vidas fuera del terreno de juego, permitiéndoles reconciliar su dura imagen de atletas con la vulnerabilidad de ser simplemente humanos.
La ayahuasca, un brebaje tradicional sudamericano que contiene la N-Dimetiltriptamina (DMT), ha ganado notoriedad por su potencial para facilitar experiencias transformadoras. Poyer fue quien más se adentró en la conversación, explicando que además del crecimiento personal y espiritual, la ayahuasca podría ofrecer apoyo físico y neurológico crucial para quienes han enfrentado golpes severos a lo largo de sus carreras. “He tenido muchas conmociones cerebrales, pero siento que he superado algunas de esas lesiones”, reflexionó Poyer, resaltando la superficie del impacto que las lesiones pueden causar no solo en la mente, sino en el cuerpo en su conjunto.
El contexto de la NFL, aunque ha tomado medidas para aumentar la seguridad de los jugadores y reducir las lesiones por conmoción cerebral, sigue siendo un espacio donde la cultura del contacto extremo y la alta competencia necesariamente pasan factura. En un análisis reciente, se reportó que la liga había documentado unas 692 conmociones en un intervalo de cinco temporadas. La naturaleza del fútbol americano, en su esencia, implica riesgos que pueden dejar secuelas duraderas, desde problemas de memoria hasta trastornos neurológicos graves como la encefalopatía traumática crónica (ETC). Este diagnóstico, aunque solo se puede confirmar postmortem, ha generado preocupación y ha originado discusiones sobre cómo ayudar a quienes han sacrificado tanto por el deporte.
Se ha revelado una alarmante conexión entre la repetición de traumas y el deterioro cognitivo, lo que ha llevado a un creciente interés en explorar alternativas terapéuticas. Resulta especialmente intrigante cómo los psicodélicos, a través de investigaciones emergentes, podrían contribuir a la reconstrucción neuronal y la mejora de la salud mental. La posibilidad de que una sustancia como la ayahuasca pueda reparar los efectos de lesiones severas es un horizonte que despierta tanto esperanza como escepticismo. Poyer y otros son un testimonio de este nuevo camino hacia la sanación que está ganando tracción en el mundo del deporte profesional.
Uno de los aspectos más llamativos es cómo las experiencias de estos deportistas también les han ayudado a desmitificar su identidad. Muchos de ellos han manifestado cómo el juego había llegado a definirlos, creando una presión inmensa por mantener una imagen de fortaleza inquebrantable. Tras experimentar con los psicodélicos, Poyer ha aprendido a ver su papel en un espectro más amplio, reconociendo que ser un atleta y ser un ser humano no son mutuamente excluyentes. Al explorar su interioridad, ha registrado cambios significativos en sus relaciones personales, haciendo hincapié en su deseo de transformar no solo su vida, sino también la de aquellos que lo rodean.
Aquí es donde surge una pregunta relevante: ¿cuáles son los riesgos de implementar tratamientos psicodélicos sin la supervisión adecuada en entornos controlados? Este es un debate vigente en la comunidad médica, ya que muchos especialistas advierten sobre los peligros de la automedicación. La posibilidad de que un jugdor decida experimentar por su cuenta con psicodélicos plantea dilemas éticos y de salud. Las dosis, las interacciones con otros medicamentos y el estado mental del usuario son aspectos que deben ser tratados con cautela y respeto.
A pesar de estas reservas, lo que queda claro es que la curiosidad y algunas experiencias exitosas abren las puertas al cambio. La NFL, junto con el sindicato de jugadores, han comenzado a integrar aprendizajes sobre sustancias que aunque alguna vez fueron consideradas tabú, ahora se ven bajo una nueva luz. Alienta el diálogo sobre el uso de la ayahuasca y otros psicodélicos como posibles recursos para la salud mental y física de los atletas que corren el riesgo de sufrir daños cerebrales a lo largo de su carrera.
A medida que se continúen llevando a cabo investigaciones, con el respaldo de la comunidad científica, se hace inevitable observar cómo los tratamientos basados en estas sustancias se integrarán en la cultura futbolística y su posible regulación. La historia de Jordan Poyer y sus compañeros subraya que el viaje hacia la recuperación y el bienestar es tanto individual como colectivo, y que en una cultura donde los atletas son constantemente presionados a ser más fuertes y rápidos, encontrar nuevas formas de sanar puede convertirse en la clave para un futuro más saludable en el deporte. Con este renovado enfoque hacia la salud integral, no solo se espera que se transforme la experiencia del jugador, sino el legado significativo que dejarán en la historia de la NFL y en la vida de quienes les rodean.

