El sarampión, una enfermedad que alguna vez se creyó bajo control, está volviendo a acechar a Estados Unidos con una intensidad alarmante. Según recientes revelaciones del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el país podría estar a solo dos meses de perder su ansiado estatus de eliminación del sarampión. Esta situación representa un fuerte retroceso en la salud pública para una enfermedad que se considera prevenible mediante vacunación.

Todo comenzó con un brote masivo en Texas a principios de este año, un desarrollo inesperado que encendió las alarmas de las autoridades sanitarias. Desde mediados de enero, el estado reportó 762 casos confirmados de sarampión. Aunque el brote se declaró oficialmente terminado en agosto, su impacto aún se siente en diferentes regiones. Los brotes en las fronteras de Arizona y Utah están vinculados al brote texano, indicando una propagación continua del virus.

Hasta ahora, Arizona y Utah han reportado un total combinado de 212 casos de sarampión, lo cual es un indicativo de la persistencia del problema. Si esta cadena de contagios, atribuida al subtipo viral 9171 de sarampión, continúa y supera los 12 meses de circulación continua, Estados Unidos perderá oficialmente su estatus de eliminación en enero de 2026. Este estatus fue adquirido en el año 2000 tras arduas campañas de vacunación que lograron poner freno a esta enfermedad.

Reflexionando sobre esta situación, resulta crucial que se renueven los esfuerzos para educar a la población sobre la vacunación y su importancia no solo personal, sino también colectiva. Es un llamado a la acción para no bajar la guardia y continuar protegiendo a las futuras generaciones. La pérdida de este estatus no es solamente un hecho administrativo, sino un recordatorio del frágil equilibrio en el que se sostiene la salud pública global.

Por Editor