En enero de 2026, un tribunal federal en Oregon emitió un fallo histórico que declaró ilegal una norma de décadas utilizada por el Servicio Forestal de Estados Unidos para justificar la tala masiva en tierras públicas. Esta decisión marca un punto de inflexión en el debate sobre la gestión forestal y la prevención de incendios, pero expertos advierten que la batalla está lejos de terminar.
El fin de una excepción categórica abusiva
La norma en cuestión, conocida como “exclusión categórica CE-6”, permitía al Servicio Forestal y a la Oficina de Administración de Tierras eludir las revisiones ambientales para proyectos que supuestamente tenían un impacto “insignificante”. Sin embargo, bajo esta excepción, se autorizó la tala rasa a gran escala con devastadoras consecuencias para la vida silvestre, la calidad del suelo y del agua.
“Estas exclusiones categóricas acortan los procesos normales de planificación de proyectos en tierras públicas”, explica Timothy Ingalsbee, director ejecutivo de Firefighters United for Safety, Ethics and Ecology. “Lo que hacen es permitir que las agencias avancen con estos proyectos con menos análisis ambiental o aporte científico, menos participación pública y menos transparencia gubernamental”.
El mito de la prevención de incendios
Uno de los argumentos centrales para justificar estas prácticas de tala ha sido la supuesta reducción del riesgo de incendios forestales. Sin embargo, según Ingalsbee, esta premisa está fundamentalmente equivocada.
“Es una ideología obsoleta y desacreditada que los árboles grandes causan incendios grandes”, afirma. “En la mayoría de los casos ocurre lo contrario: los incendios naturales eliminan los árboles pequeños y dejan los grandes”.
Lo que las agencias llaman “adelgazamiento” es en realidad una tala selectiva de alta calidad que elimina los árboles más grandes, argumentando que esto ayudará a prevenir o mitigar los incendios forestales.
Impactos ambientales a largo plazo
Las consecuencias de estas prácticas de tala van más allá de la pérdida inmediata de bosques. Las áreas que antes estaban cubiertas de árboles ahora se cubren de arbustos y pastos, incluidas malezas invasoras que propagan el fuego muy rápidamente.
- Pérdida de hábitat para especies silvestres
- Degradación de la calidad del suelo y del agua
- Reducción de la resiliencia forestal
- Aumento paradójico del riesgo de incendio
“Las consecuencias de hacer estas cosas, en lugar de hacer que los bosques sean más resilientes, los hacen más inflamables y durarán generaciones”, advierte Ingalsbee.
Un cambio de paradigma necesario
La experiencia de Ingalsbee como bombero forestal joven en el incendio Silver de 1987 le hizo comprender la necesidad de un cambio fundamental en el enfoque de gestión de incendios.
“Fue una experiencia muy humillante donde nos dimos cuenta de que somos solo seres humanos enfrentando una fuerza de la naturaleza mucho más grande y salvaje de lo que podemos controlar”, recuerda. “Nuestro enfoque de hacer la guerra contra los incendios forestales es realmente hacer la guerra contra la Madre Naturaleza”.
De la prevención a la preparación
Según Ingalsbee, el concepto mismo de “prevención de incendios forestales” es problemático. El fuego ha estado en la superficie terrestre durante 420 millones de años y ha sido una herramienta de gestión indígena durante tanto tiempo como los pueblos han estado en este continente.
“La prevención de incendios forestales es el enfoque equivocado”, argumenta. “Lo que necesitamos hacer es preparación para incendios forestales. Prepararnos para los incendios que son parte de la naturaleza. Si no podemos prevenirlos, debemos prepararnos para ellos”.
La batalla política continúa
A pesar de esta decisión judicial favorable para los conservacionistas, la lucha está lejos de terminar. En el Congreso estadounidense, la llamada Ley “Fix Our Forests” (Arreglar Nuestros Bosques) espera la aprobación del Senado. Este proyecto de ley tiene como objetivo combatir las amenazas de incendios forestales reduciendo los obstáculos ambientales para la tala.
“Está lejos de terminar”, afirma Ingalsbee sobre la batalla política. “De hecho, es un poco confuso ahora con esta decisión judicial que puede preemptar la Ley Fix Our Forests, porque ese es el objetivo central de los proponentes de ese proyecto de ley”.
El papel de la industria maderera
Las exclusiones categóricas permiten al Servicio Forestal y a la Oficina de Administración de Tierras, a instancias de las empresas madereras, realizar tala rasa. “Nadie discute que es una emergencia de incendios forestales”, dice Ingalsbee, “pero eso es más una razón para abordar estos problemas con urgencia, no atacarlos a ciegas”.
El experto critica que las agencias actúen en nombre de corporaciones de extracción de recursos o desarrollo de tierras, apresurándose ciegamente para que los proyectos avancen e ignorando los impactos ambientales.
Un futuro incierto para los bosques públicos
La decisión judicial representa una victoria significativa para los grupos ambientalistas, pero también revela las tensiones profundas en la gestión de tierras públicas estadounidenses. El equilibrio entre los intereses económicos, la protección ambiental y la gestión sostenible de los recursos naturales sigue siendo un desafío complejo.
Como señala Ingalsbee, “las ruedas de la justicia giran muy lentamente. Las ruedas de las máquinas y la industria giran muy rápido”. Esta observación resume el desafío fundamental que enfrentan los conservacionistas en su lucha por proteger los ecosistemas forestales.
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