China, el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, ha dado a conocer sus nuevas metas climáticas y de transición energética para la próxima década. Estos objetivos, incluidos en el plan quinquenal del país, buscan reducir la intensidad de emisiones de CO2 por unidad de PIB en un 3.8% para 2026 y en un 17% para 2030. Sin embargo, expertos y grupos ambientalistas han calificado estas metas como “cautelosas” y “una oportunidad perdida” en la lucha contra el cambio climático.
El contexto de las emisiones chinas
China representa casi el 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero en 2024, más del doble que Estados Unidos, que ocupa el segundo lugar. Esta posición dominante hace que cada movimiento de China en materia climática tenga repercusiones globales significativas. El nuevo plan quinquenal también establece un objetivo de crecimiento del PIB entre 4.5% y 5% para 2026, lo que, combinado con las metas de intensidad de emisiones, podría resultar en un aumento de las emisiones absolutas si el crecimiento económico es fuerte.
Metas de intensidad versus metas absolutas
Las metas de intensidad de emisiones, que miden las emisiones por unidad de producción económica, permiten que las emisiones totales aumenten si la economía crece rápidamente. Norah Zhang, líder de Climate Action Tracker en China, señaló que “la práctica internacional buena es alejarse de los objetivos de intensidad, que permiten que las emisiones aumenten si el crecimiento económico es fuerte, y avanzar hacia objetivos absolutos”. El objetivo de intensidad del 17% para 2030 es incluso menor que el 18% establecido en el plan quinquenal anterior, que según estimaciones, China no logró alcanzar.
Transición energética: avances y limitaciones
China anunció un objetivo para que la energía no fósil represente alrededor del 25% del consumo total de energía para 2030, frente a los niveles actuales de aproximadamente 15%. Además, mantiene su meta existente de aumentar la participación de energía no fósil a más del 30% para 2035. Sin embargo, el carbón continúa representando más de la mitad del consumo energético del país, y los objetivos en esta área fueron igualmente cautelosos en comparación con ambiciones anteriores.
El papel del carbón en la matriz energética
El plan quinquenal busca alcanzar el pico de consumo de carbón durante el período previsto, mientras que un compromiso anterior de 2021 veía al país buscando reducir gradualmente el consumo de carbón entre 2026 y 2030. Esta moderación en los objetivos relacionados con el carbón preocupa a los observadores, dado el papel central que este combustible fósil sigue desempeñando en la economía china.
Compromisos a largo plazo y críticas
A pesar de la naturaleza cautelosa de las nuevas metas, un informe gubernamental emitido junto con el plan quinquenal reiteró los objetivos intermedios y a largo plazo de China para alcanzar el pico de emisiones de carbono para 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2060. Zhang calificó el plan quinquenal como “una oportunidad perdida” que “podría haber ido más allá”.
La primera meta absoluta de reducción
Vale la pena destacar que China estableció el año pasado su primera meta absoluta de reducción de emisiones, con el objetivo de reducir las emisiones absolutas de gases de efecto invernadero entre un 7% y un 10% desde los niveles máximos para 2035. Este hito marcó un cambio significativo en el enfoque climático del país, aunque las metas recientes parecen representar un paso más conservador.
Implicaciones para América Latina y el mundo
Las decisiones climáticas de China tienen implicaciones directas para América Latina, tanto en términos de cooperación sur-sur en tecnología limpia como en el impacto global del cambio climático. La región latinoamericana, particularmente vulnerable a los efectos del calentamiento global, observa con atención la evolución de las políticas climáticas de las principales economías.
Inversión en capacidad de energía limpia
El gobierno chino se ha comprometido a continuar invirtiendo significativamente para aumentar la capacidad de energía limpia. Este compromiso podría crear oportunidades para colaboración tecnológica con países latinoamericanos que buscan acelerar sus propias transiciones energéticas.
Conclusión: un camino por recorrer
Si bien China mantiene sus compromisos climáticos a largo plazo, las metas recientes para 2030 reflejan un enfoque más cauteloso de lo esperado por la comunidad internacional. El equilibrio entre crecimiento económico y reducción de emisiones continúa siendo un desafío central para la mayor economía de Asia, con implicaciones que resonarán en todo el planeta en las próximas décadas.
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