Durante décadas, la exploración espacial ha operado bajo una premisa fundamental: encontrar agua en otros cuerpos celestes para convertirla en combustible. Desde la era Apolo hasta las visiones actuales de SpaceX y la NASA, este concepto ha sido el pilar de los planes para misiones lunares, marcianas y más allá. Sin embargo, nadie ha logrado convertir agua en combustible para cohetes a una escala significativa. Hasta ahora.
El desafío del combustible espacial
La paradoja de la exploración espacial siempre ha sido el peso del combustible. Para viajar más lejos, necesitas más combustible, pero ese mismo combustible añade peso que requiere aún más combustible para ser transportado. Esta ecuación ha limitado nuestras ambiciones espaciales durante generaciones.
“Todo el mundo quiere construir una base lunar o marciana. ¿Quién va a pagarlo? ¿Cómo funciona realmente?”, cuestiona Halen Mattison, CEO de General Galactic. “Nuestra visión es construir una estación de servicio en Marte, pero también eventualmente desarrollar la red de reabastecimiento en el camino”.
General Galactic: una solución innovadora
Fundada por dos ingenieros veinteañeros, General Galactic está preparando una misión que podría cambiar las reglas del juego. Este otoño, la startup planea lanzar un satélite de 500 kilogramos que utilizará agua como su único propelente en órbita.
Los cerebros detrás de la innovación
Halen Mattison, ex ingeniero de SpaceX, y Luke Neise, veterano de Varda Space, se conocieron en la escuela de posgrado de Stanford. Mientras trabajaban para figuras como Elon Musk durante el día, comenzaron a desarrollar su idea de propelente basado en agua por las noches.
“Absorbimos artículos de investigación y llamamos a cualquiera que hubiera trabajado en sistemas similares”, explica Mattison. “Luego lo llevamos al software de modelado. Ejecutamos las ecuaciones. Hicimos muchos scripts en Python analizando diferentes casos de misión”.
Dos sistemas de propulsión en uno
Lo que hace única la aproximación de General Galactic es su capacidad para utilizar el agua en dos sistemas de propulsión diferentes:
Propulsión química
Para maniobras que requieren mayor empuje, el sistema utiliza electrólisis para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno, luego quema el hidrógeno usando el oxígeno como oxidante.
Propulsión eléctrica
Para maniobras de alta eficiencia a largo plazo, el sistema divide el agua y aplica suficiente energía eléctrica para convertir el oxígeno en plasma. Usando un campo magnético, este plasma es expulsado para generar empuje.
“A veces necesitas más que un eructo en el espacio”, dice Neise, refiriéndose a la baja potencia pero alta eficiencia de los sistemas de propulsión eléctrica tradicionales.
Aplicaciones estratégicas
La capacidad de maniobrar satélites de manera más efectiva tiene implicaciones que van más allá de la exploración científica:
- Defensa espacial: Satélites chinos y rusos han estado volando cada vez más cerca de los estadounidenses. Un sistema de maniobra rápida es de interés crítico para la Fuerza Espacial de EE.UU.
- Vida útil extendida: Los satélites podrían mantenerse en órbita por más tiempo sin necesidad de reabastecimiento desde la Tierra.
- Exploración profunda: La capacidad de producir combustible in situ podría hacer viable la exploración de asteroides y planetas distantes.
Desafíos técnicos
Ryan Conversano, ex tecnólogo del Laboratorio de Propulsión a Chorro y consultor de General Galactic, explica los obstáculos: “El oxígeno ionizado interactúa con todo, potencialmente corroyendo el sistema de propulsión eléctrica. No es un elemento fácil con el que trabajar”.
Mark Lewis, CEO del Instituto de Investigación Aplicada de Purdue y ex científico jefe de la Fuerza Aérea de EE.UU., añade: “Podría ser una forma bastante inteligente de proporcionar empuje a un satélite pequeño. Pero hay muchos ‘qué pasaría si'”.
Financiamiento y próximos pasos
General Galactic ha recaudado 10 millones de dólares en capital de riesgo, una cantidad modesta para el sector aeroespacial pero suficiente para su misión inicial. La startup ha reservado un lugar en un lanzamiento del cohete Falcon 9 programado para octubre o más tarde en el otoño.
“Llegamos a un punto donde dijimos: ‘Esto es bastante diferente. Esto es emocionante’. Y así supimos que teníamos algo que valía la pena invertir dinero real”, afirma Mattison.
Implicaciones para el futuro
Si General Galactic tiene éxito, podría comenzar a responder a esa premisa fundamental que ha estado en el centro de los programas espaciales durante décadas. Más que una simple innovación técnica, representa un cambio de paradigma en cómo concebimos la exploración espacial.
La capacidad de utilizar recursos in situ —ya sea agua lunar, marciana o simplemente transportada desde la Tierra de manera más eficiente— podría hacer que la exploración espacial sostenible sea finalmente una realidad. En lugar de depender de costosos y pesados envíos de combustible desde la Tierra, las futuras misiones podrían “vivir de la tierra” en el espacio.
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