Hacer una película es muy similar a ejecutar un atraco perfecto. Esa fue la analogía que utilizó Steven Soderbergh, director de la franquicia Ocean’s y otros clásicos del género, hace algunos años. Según el cineasta, ambos procesos requieren un ángulo creativo, un equipo de especialistas, superar desafíos tecnológicos, ensayos meticulosos, precisión suiza y, si todo sale bien, redistribuir cierta riqueza. Esta descripción podría aplicarse tanto a la trama como a la producción de Ocean’s Eleven.
La realidad versus el cine
Sin embargo, la realidad de los atracos dista mucho de lo que muestran las películas. Las cámaras de vigilancia, alarmas controladas por computadora, gases incapacitantes y láseres rara vez aparecen en crímenes de alto perfil en la vida real. Los sistemas técnicos de seguridad raramente representan un problema significativo, y los gadgets de alta tecnología casi nunca son la solución.
La principal barrera de entrada suele ser literalmente una barrera física: una puerta. El movimiento más común de los ladrones implica coludirse con, engañar o amenazar a alguien interno. El año pasado, un robo en el Louvre costó 88 millones de euros en joyas antiguas, y la tecnología más sofisticada utilizada fue una amoladora angular.
La investigación científica de los atracos
Las maniobras de bajo perfil tecnológico en el Louvre coinciden con lo que la investigación sobre atracos concluyó hace tiempo. En 2014, investigadores de armas nucleares estadounidenses del Laboratorio Nacional Sandia se adentraron en este mundo, produciendo un informe de 100 páginas titulado “El atraco perfecto: recetas de todo el mundo”.
Los científicos estaban preocupados por la posibilidad de que alguien intentara robar un arma nuclear del arsenal estadounidense, por lo que compilaron información sobre 23 robos de alto valor entre 1972 y 2012 en una “Base de datos de métodos y características de atracos”. Descubrieron que los ladrones dedicaban enormes cantidades de dinero y tiempo a la planificación y ensayos, a veces más de 100 prácticas previas.
- Utilizaban fuerza bruta, como tunelar a través de alcantarillas durante meses (robo al banco Société Générale, Niza, Francia, 1976)
- O astucia, disfrazándose de policías para engañar a los guardias (Museo Gardner, Boston, 1990)
- Pero nadie usaba, por ejemplo, generadores de pulso electromagnético para apagar la red eléctrica de Las Vegas
La persistencia de los métodos simples
Avanzando en el tiempo, la situación se mantiene similar. El año pasado, investigadores españoles que analizaron crímenes de arte entre 1990 y 2022 encontraron que los métodos menos técnicos siguen siendo los más exitosos.
“La tecnología de alta tecnología no funciona tan bien”, afirma Erin L. Thompson, historiadora del arte en el John Jay College of Justice que estudia crímenes artísticos. La velocidad y la práctica superan a los sistemas complicados y las alarmas; incluso ese robo del Louvre fue, en esencia, solo un “rompe y toma” de minutos.
La mentalidad de ingeniería en los atracos
El énfasis en la velocidad no significa que los atracos no requieran habilidad, incluso cierta elegancia. Como dice el viejo refrán: los aficionados hablan de estrategia; los profesionales estudian logística. Incluso sin gadgets, los atracos reales y las películas sobre ellos todavía se deleitan con una mentalidad de ingeniería.
“Las películas de atracos celebran absolutamente el conocimiento profundo y especializado: ‘Voy a saber todo lo que pueda sobre la red eléctrica, sobre este tipo de piedra y taladro, sobre Chicago de noche'”, dice Anna Kornbluh, profesora de inglés en la Universidad de Illinois en Chicago.
El atractivo cultural de los atracos
La investigación de Kornbluh, publicada en octubre pasado, analiza cómo las películas de atracos reflejan un enfoque del Hollywood clásico hacia la creación artística colectiva, mientras que los programas sobre nuevas estafas reflejan la mentalidad más individualista de la era del streaming.
Su trabajo podría ayudar a explicar por qué los ciudadanos respetuosos de la ley podrían animar a los tipos que robarían una corona del Louvre o 100,000 dólares en caracoles de una granja en Champagne (como sucedió pocas semanas después del robo del Louvre).
“Todos quieren saber cómo estar en un colectivo competente. Todos quieren que haya mejor logística”, dice Kornbluh. “Necesitamos un mejor estado. Necesitamos una mejor sociedad. Necesitamos un mejor mundo”. Estos son valores compartidos, y como nos dice otro viejo refrán: donde hay valor, hay crimen.
Implicaciones para la seguridad en América Latina
En el contexto latinoamericano, estas lecciones sobre seguridad son particularmente relevantes. Muchas instituciones y empresas en la región invierten fuertemente en tecnología de seguridad avanzada, pero podrían estar descuidando aspectos más fundamentales:
- La importancia de los protocolos humanos y la capacitación del personal
- La necesidad de evaluaciones regulares de vulnerabilidades físicas
- La implementación de sistemas de respuesta rápida ante incidentes
- La importancia de la cultura organizacional en la prevención de robos internos
La paradoja de la seguridad moderna es que mientras más complejos se vuelven los sistemas tecnológicos, más vulnerables pueden ser a métodos de ataque simples y directos.
Conclusión
El mito del atraco de alta tecnología persiste en el imaginario popular gracias al cine y la televisión, pero la realidad demuestra que los robos más exitosos siguen dependiendo de la planificación meticulosa, el conocimiento profundo del objetivo y la ejecución rápida y precisa. En un mundo cada vez más digitalizado, la seguridad física y humana sigue siendo la primera línea de defensa contra el crimen organizado.
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