La conversación sobre el uso de energía en América Latina se ha vuelto cada vez más urgente. Con el crecimiento económico, la digitalización y la electrificación de sectores como el transporte, la demanda de electricidad está aumentando rápidamente. Sin embargo, construir nueva infraestructura de generación eléctrica es costoso, lleva tiempo y tiene impactos ambientales significativos. ¿Existe una alternativa?
El enfoque olvidado: la gestión de la demanda
Mientras muchos gobiernos y empresas se centran en aumentar la oferta energética mediante nuevas plantas de generación, un informe reciente del Consejo Americano para una Economía de Energía Eficiente (ACEEE) revela que la verdadera oportunidad está en el lado de la demanda. Según Mike Specian, autor del estudio, “la eficiencia energética y la flexibilidad siguen siendo un recurso masivo sin explotar en la región”.
Dos estrategias clave para optimizar el consumo
La investigación identifica dos enfoques principales que podrían satisfacer gran parte del crecimiento proyectado en la demanda eléctrica:
- Programas de eficiencia energética: Medidas que reducen el consumo sin afectar la calidad del servicio. Para 2040, estos programas podrían reducir el uso en aproximadamente un 8%, equivalente a unos 70 gigavatios.
- Desplazamiento de carga: Transferir el consumo eléctrico de horas pico a periodos de menor demanda mediante tarifas diferenciadas, dispositivos inteligentes o controles de servicios públicos.
Beneficios económicos y ambientales
Lo más sorprendente de estas estrategias es su relación costo-beneficio. Según el informe, las medidas de eficiencia energética cuestan alrededor de $20.70 por megavatio, mientras que las plantas de energía a gas más económicas comienzan en aproximadamente $45 por kilovatio generado.
Ventajas para América Latina
Para los países latinoamericanos, estas estrategias ofrecen beneficios particulares:
- Reducción de inversiones: Evitar la construcción de nueva infraestructura puede liberar recursos para otros sectores prioritarios.
- Menor dependencia de combustibles importados: Al consumir menos energía, se reduce la necesidad de importar gas natural u otros combustibles.
- Mayor resiliencia del sistema: Un sistema eléctrico más eficiente es menos vulnerable a fluctuaciones en los precios internacionales de energía.
Barreras regulatorias y soluciones
Uno de los hallazgos más importantes del informe es que las empresas de servicios públicos a menudo tienen incentivos perversos para construir nueva infraestructura en lugar de promover la eficiencia energética.
El problema de los incentivos
“Nuestros incentivos no están alineados adecuadamente”, explica Specian. La construcción de infraestructura se considera una inversión de capital, y las empresas pueden transferir ese costo a los clientes más un rendimiento adicional. En cambio, los programas de eficiencia energética generalmente se consideran un gasto operativo, que no es elegible para ese rendimiento adicional.
Soluciones regulatorias
Varios expertos proponen soluciones regulatorias para alinear los incentivos:
- Estándares de recursos de eficiencia energética: Requisitos obligatorios para que las empresas implementen programas de eficiencia.
- Regulación basada en el desempeño: Vincular las ganancias de las empresas a métricas de eficiencia en lugar de a la cantidad de energía vendida.
- Desacoplamiento: Separar los ingresos de una empresa de la cantidad de electricidad que vende.
- Compartición de costos de combustible: Permitir que las empresas y los clientes compartan cualquier ahorro o costo adicional.
El papel de la tecnología
La digitalización del sector eléctrico está creando nuevas oportunidades para la gestión de la demanda. Los medidores inteligentes, los dispositivos conectados y los sistemas de gestión de energía permiten:
- Monitoreo en tiempo real del consumo
- Programación automática de electrodomésticos para operar en horas de menor demanda
- Respuesta dinámica a las condiciones de la red
- Integración más eficiente de energías renovables variables
Casos de éxito en la región
Aunque el informe se centra en Estados Unidos, varios países latinoamericanos ya están implementando estrategias similares:
México: Programas de eficiencia energética
La Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha implementado programas de sustitución de equipos ineficientes y promoción de tecnologías de bajo consumo.
Chile: Gestión de demanda industrial
El sistema eléctrico chileno incluye mecanismos que permiten a grandes consumidores reducir su demanda durante periodos de estrés en la red a cambio de compensaciones económicas.
Brasil: Tarifas diferenciadas
El país ha implementado tarifas horarias que incentivan el consumo en periodos de menor demanda, especialmente en el sector residencial.
El futuro de la energía en América Latina
Ben Finkelor, director ejecutivo del Instituto de Energía y Eficiencia de la Universidad de California, Davis, enfatiza la importancia de actuar ahora: “La planificación es a 10 años vista. Prepararnos hoy podría ahorrar miles de millones en el futuro. Quizás podamos evitar construir esos activos de carga base”.
Para América Latina, la oportunidad es particularmente significativa. Con economías en crecimiento y necesidades de desarrollo urgentes, optimizar el uso de la energía existente puede liberar recursos para educación, salud e infraestructura social.
Recomendaciones para stakeholders
El informe concluye con recomendaciones específicas para diferentes actores:
Para gobiernos:
- Implementar marcos regulatorios que incentiven la eficiencia energética
- Establecer estándares mínimos de eficiencia para equipos y edificios
- Promover la investigación y desarrollo en tecnologías de gestión de demanda
Para empresas de servicios públicos:
- Desarrollar programas robustos de eficiencia energética
- Invertir en infraestructura de medición inteligente
- Educar a los clientes sobre oportunidades de ahorro
Para consumidores:
- Adoptar tecnologías eficientes
- Participar en programas de gestión de demanda
- Exigir transparencia en las políticas energéticas
Conclusión
La respuesta al aumento de la demanda eléctrica en América Latina no necesariamente implica construir más plantas de generación. Como demuestra el informe del ACEEE, las estrategias de eficiencia energética y gestión de la demanda ofrecen una alternativa más rápida, económica y sostenible. El desafío ahora es superar las barreras regulatorias y de incentivos para aprovechar plenamente este potencial.
“Quien sea que lo lea”, dice Specian, “el mensaje debería ser claro: tenemos herramientas poderosas para satisfacer nuestras necesidades energética sin sobrecargar nuestros sistemas o nuestros presupuestos. Solo necesitamos la voluntad política y regulatoria para usarlas”.
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