En medio de un clima de creciente tensión política y tecnológica, TikTok, la plataforma de videos cortos propiedad de ByteDance, enfrenta una nueva ola de críticas en Estados Unidos. Miles de usuarios y creadores de contenido han denunciado en las últimas semanas que sus publicaciones con temáticas políticas están siendo sistemáticamente suprimidas o reducidas en alcance, un fenómeno que se ha intensificado desde que la operación estadounidense de la app se separó estructuralmente como parte de las negociaciones con el gobierno.

Las acusaciones apuntan a un supuesto sesgo algorítmico que penalizaría discusiones sobre ciertos temas sensibles, elecciones o figuras políticas, especialmente aquellas que podrían considerarse críticas hacia la administración actual o hacia posturas bipartidistas establecidas. “Noté que mis videos sobre reformas electorales simplemente dejaron de llegar a mi audiencia habitual”, comenta Carlos Méndez, un creador de contenido latino con base en Texas que tiene más de 500.000 seguidores. “Las métricas cayeron en picada sin explicación alguna, justo cuando el debate sobre la ley de datos digitales estaba en su punto más álgido”.

Esta situación no es nueva para las redes sociales, pero adquiere matices particulares en el caso de TikTok. La plataforma, de origen chino, ha estado bajo el escrutinio constante de legisladores estadounidenses por preocupaciones de seguridad nacional y posibles injerencias extranjeras. La reciente creación de TikTok US, una entidad operativa separada que gestiona los datos y las operaciones dentro de territorio estadounidense, fue una medida para calmar esos temores y cumplir con los requerimientos regulatorios. Sin embargo, lejos de disipar las dudas, esta transición parece haber avivado las sospechas sobre la transparencia y neutralidad de la plataforma.

Desde la compañía, los voceros han sido categóricos en su rechazo a las acusaciones. “Nuestros algoritmos están diseñados para promover contenido relevante y entretenido, sin discriminación por temas políticos”, afirmó una portavoz de TikTok US en un comunicado enviado a EnLaRedMX. “Cualquier variación en el alcance puede deberse a cambios orgánicos en el interés del público o a actualizaciones técnicas rutinarias. Nos comprometemos a investigar cualquier reporte específico que recibamos”.

No obstante, expertos en ciberseguridad y gobernanza digital ven con escepticismo estas explicaciones. “La separación operativa de TikTok US implica una migración masiva de sistemas y posiblemente la implementación de nuevos filtros de contenido para ajustarse a las leyes locales”, analiza la Dra. Valeria Ríos, investigadora en políticas tecnológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “En ese proceso, es plausible que hayan surgido ‘falsos positivos’ donde contenido legítimo sea erróneamente marcado como sensible. El problema es la opacidad: sin auditorías externas, es difícil distinguir entre errores técnicos y censura intencional”.

El contexto geopolítico añade capas de complejidad. Las relaciones entre Estados Unidos y China están en un punto delicado, con disputas comerciales, tecnológicas y de seguridad que se extienden al ámbito digital. TikTok se ha convertido en un símbolo de esta pugna, un campo de batalla donde cada movimiento es analizado bajo el lente de la soberanía digital y la influencia cultural. Para los usuarios latinoamericanos, muchos de los cuales consumen y producen contenido en la plataforma, estas dinámicas tienen repercusiones directas. “Gran parte de la información política que llega a jóvenes en México y Centroamérica pasa por TikTok”, señala el analista Rodrigo Paz. “Si hay sesgos en la versión estadounidense, eso podría moldear percepciones y debates públicos en nuestra región, especialmente en temas como migración, tratados comerciales o cambio climático”.

Además, la sostenibilidad del ecosistema digital está en juego. Las plataformas sociales dependen de la confianza de sus usuarios para mantenerse relevantes. Acusaciones recurrentes de censura, sean fundadas o no, pueden erosionar esa confianza y llevar a migraciones masivas hacia alternativas descentralizadas o locales. “En América Latina ya vemos ejemplos de apps que ganan terreno al posicionarse como espacios libres de interferencias extranjeras”, comenta Ana Lucía Fernández, especialista en desarrollo de software con enfoque en redes sociales. “El caso de TikTok podría acelerar esa tendencia, impulsando a desarrolladores regionales a crear soluciones que prioricen la transparencia algorítmica y la protección de datos locales”.

Mientras tanto, los usuarios afectados han comenzado a organizarse. En foros como Reddit y en otras redes sociales, comparten capturas de pantalla, comparan métricas y documentan caídas súbitas en el engagement. Algunos han recurrido a herramientas de análisis de datos de terceros para intentar demostrar patrones de supresión. “No pedimos trato preferencial, solo transparencia”, exige Mariana Soto, creadora de contenido colombiana enfocada en activismos ambiental y social. “Si un video infringe las normas, que nos lo digan claramente. Pero esta sombra de duda perjudica a quienes usamos la plataforma para informar y debatir”.

El futuro inmediato de TikTok en Estados Unidos, y por extensión su influencia global, parece depender de cómo maneje esta crisis de credibilidad. Posibles caminos incluyen la publicación de informes de transparencia más detallados, la colaboración con organismos independientes de verificación o incluso la apertura de ciertos aspectos de su algoritmo a escrutinio académico. Lo que es seguro es que el debate sobre la censura en redes sociales ha encontrado un nuevo episodio, con profundas implicaciones para la libertad de expresión, la competencia tecnológica y el flujo de información en el mundo digitalizado de hoy.

Para los actores latinoamericanos, este escenario sirve como recordatorio de la necesidad de fortalecer marcos regulatorios propios que protejan a los usuarios sin sofocar la innovación. La dependencia de plataformas globales conlleva riesgos de alineación con agendas ajenas, ya sea por decisiones comerciales, presiones gubernamentales o fallas técnicas. En la era de la información, la soberanía digital no es un lujo, sino una condición para el desarrollo sostenible y democrático de la región.

Por Editor

Deja un comentario