En los últimos años, la melatonina ha pasado de ser un recurso ocasional para adultos con problemas de sueño a convertirse en un elemento común en los hogares mexicanos, especialmente en aquellos con niños que enfrentan dificultades para dormir. Esta hormona, que regula los ciclos de sueño y vigilia, se ha popularizado por su disponibilidad sin receta, su relativo bajo costo y la percepción de que es “natural” y segura. Sin embargo, detrás de esta aparente solución fácil se esconde una realidad preocupante: el uso indiscriminado de melatonina en niños está generando un aumento alarmante de casos de sobredosis y tratamientos crónicos sin supervisión médica, un fenómeno que ya ha sido documentado en países como Estados Unidos y que comienza a observarse en México.
El insomnio y los trastornos del sueño se han convertido en compañeros constantes en la vida moderna, afectando no solo a adultos sino también a los más pequeños. En un contexto donde el estrés y las exigencias académicas o sociales pueden alterar los patrones de descanso, muchos padres buscan soluciones rápidas para ayudar a sus hijos a dormir. La melatonina, disponible en formas atractivas como gomitas o jarabes, parece ofrecer una respuesta sencilla. Pero esta facilidad de acceso tiene un lado oscuro: la falta de regulación adecuada y la escasa información sobre sus efectos a largo plazo en el desarrollo infantil.
Un estudio reciente liderado por la Universidad de Kansas ha puesto cifras concretas a esta tendencia. Al analizar datos de casi dos décadas, los investigadores descubrieron que entre 2009 y 2021, las ingestas accidentales y sobredosis de melatonina en menores en Estados Unidos aumentaron en un impresionante 500%. Este crecimiento exponencial refleja no solo un mayor acceso al producto, sino también una normalización de su uso que preocupa a pediatras y especialistas en sueño. Lo que comienza como una ayuda ocasional para una noche difícil puede convertirse en un hábito crónico: entre el 40% y el 50% de los niños que inician tratamiento con melatonina continúan tomándola dos o tres años después, sin que existan estudios sólidos que avalen la seguridad de este uso prolongado.
En México, la situación presenta desafíos particulares. La melatonina se puede encontrar como suplemento alimenticio en farmacias, supermercados y tiendas en línea, con precios que van desde aproximadamente 150 hasta 500 pesos mexicanos por frasco, dependiendo de la concentración y la marca. También está disponible como medicamento con controles de calidad farmacéutica, pero esta distinción no siempre es clara para el consumidor promedio. El problema se agrava por la variabilidad en la composición real de estos productos: estudios han demostrado que la cantidad efectiva de melatonina en suplementos de venta libre puede diferir drásticamente de lo indicado en la etiqueta, con variaciones que llegan hasta el 400% en algunos casos.
Para el público mexicano, es crucial entender que la melatonina no es una solución mágica ni inocua. Como hormona que afecta directamente al sistema endocrino, su uso debe ser cuidadosamente considerado y supervisado por profesionales de la salud. Expertos en medicina del sueño advierten que medicalizar el sueño infantil sin una evaluación adecuada puede tener consecuencias imprevistas. En niños con condiciones específicas como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o Trastorno del Espectro Autista (TEA), la melatonina puede ser una herramienta valiosa cuando se prescribe correctamente, pero incluso en estos casos se recomienda limitar su uso a periodos definidos y bajo estricto control médico.
La comunidad científica mexicana ha comenzado a alertar sobre este fenómeno, señalando la necesidad de mejores regulaciones y mayor educación pública. Algunos especialistas proponen que la melatonina debería considerarse siempre como un medicamento que requiere receta médica, garantizando así un control adecuado de dosis y duración del tratamiento. Esta medida no solo limitaría el consumo innecesario, sino que aseguraría que los niños reciban exactamente lo que su médico ha prescrito, eliminando los riesgos asociados a productos de calidad variable.
Un dato curioso que pocos conocen es que la melatonina fue descubierta en 1958 por el dermatólogo Aaron B. Lerner mientras investigaba sustancias que pudieran aclarar la piel de ranas. Este hallazgo accidental abrió el camino para entender uno de los mecanismos fundamentales que regulan nuestros ciclos circadianos, demostrando cómo la ciencia básica puede tener aplicaciones insospechadas en la medicina moderna. En México, la investigación sobre melatonina y sueño ha ganado relevancia en instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), donde se estudian tanto sus aplicaciones terapéuticas como sus posibles riesgos.
Para los padres mexicanos preocupados por el sueño de sus hijos, existen alternativas que pueden explorarse antes de recurrir a la melatonina. Establecer rutinas consistentes de sueño, limitar el uso de pantallas antes de dormir, crear ambientes tranquilos y oscuros en las habitaciones, y fomentar actividades relajantes pueden ser estrategias efectivas. Cuando estas medidas no son suficientes, la consulta con un pediatra o especialista en sueño infantil es fundamental. Estos profesionales pueden identificar causas subyacentes de los problemas de sueño y recomendar intervenciones apropiadas, que solo en casos específicos podrían incluir melatonina como parte de un plan integral.
El componente atemporal de esta discusión nos recuerda que, a lo largo de la historia, las sociedades han buscado soluciones para el insomnio y los trastornos del sueño. Desde infusiones de hierbas en las culturas prehispánicas hasta los somníferos sintéticos del siglo XX, la humanidad ha enfrentado el desafío de descansar adecuadamente. La melatonina representa el capítulo más reciente en esta búsqueda, pero su popularidad actual no debe hacernos olvidar las lecciones del pasado: ninguna sustancia, por “natural” que parezca, está exenta de riesgos cuando se usa sin conocimiento y supervisión adecuados.
En el contexto geopolítico latinoamericano, México tiene la oportunidad de aprender de las experiencias de otros países y desarrollar políticas públicas basadas en evidencia científica. Mientras naciones como Venezuela enfrentan crisis sanitarias que limitan el acceso a medicamentos esenciales, México puede fortalecer su sistema regulatorio para proteger a la población, especialmente a los más vulnerables. La regulación inteligente de sustancias como la melatonina no solo previene daños a la salud, sino que fomenta una cultura de uso responsable de medicamentos y suplementos.
Mirando hacia el futuro, es probable que veamos avances significativos en nuestra comprensión del sueño infantil y en el desarrollo de intervenciones más seguras y efectivas. La investigación en cronobiología, neurociencia y pediatría continúa revelando los complejos mecanismos que regulan el descanso. Mientras tanto, la responsabilidad recae en padres, educadores, profesionales de la salud y autoridades para abordar este tema con la seriedad que merece, priorizando siempre el bienestar y desarrollo saludable de los niños mexicanos.

