En el contexto global actual, donde la búsqueda de nuevas experiencias y la exploración cultural se han vuelto esenciales para muchos, Arabia Saudí está dando pasos significativos hacia la modernización, y uno de los cambios más sorprendentes es su apertura al consumo de alcohol. Tradicionalmente, el reino ha sido conocido por sus estrictas leyes sobre la bebida, prohibida bajo la interpretación de la sharía que guía gran parte de su legislación. Sin embargo, da la impresión de que el país ha comenzado a entender que para atraer a expatriados adinerados y turistas, necesita ofrecer algo más que solo un paisaje impresionante y recursos petroleros abundantes.

El alcohol ha estado severamente restringido en Arabia Saudí por más de 70 años. Aunque los españoles y otros occidentales pueden estar alejándose poco a poco de sus hábitos de consumo, la cerveza, el vino y otros destilados siguen siendo parte integral de la vida social y cultural de muchos. La llegada del siglo XXI trajo consigo una serie de cambios en el reino, impulsados principalmente por el príncipe Mohammed bin Salman y su visión de una Arabia Saudí más abierta y acogedora.

Uno de los momentos cruciales llegó a principios de 2024, cuando se inauguró la primera licorería del país en más de siete décadas, ubicada en Riad. Este hecho fue un símbolo de los cambios en la política saudí, aunque el acceso al alcohol sigue estando limitado y regulado. La venta de bebidas alcohólicas está restringida únicamente a diplomáticos no musulmanes inicialmente, pero la apertura ha sido un indicativo claro de que los tiempos están cambiando.

En un principio, el proceso para adquirir bebidas alcohólicas en esta nueva licorería era laborioso. Se requería que los clientes se registraran a través de una aplicación para obtener un código de autorización, reflejando así un control severo sobre la distribución y el consumo. Sin embargo, en un país donde cualquier presencia de alcohol en público ha estado prohibida, este pequeño avance es significativo. La apertura de esta tienda ha comenzado a desmantelar uno de los tabúes más arraigados en la sociedad saudí, permitiendo que un número cada vez mayor de residentes y visitantes se acerquen a esta nueva realidad.

A medida que se difundieron las noticias sobre la primera licorería, comenzaron a circular rumores sobre nuevas aperturas en otras ciudades como Dhrahan y Yeddah. Estas nuevas licorerías apuntan a una expansión del mercado de bebidas alcohólicas en el reino, creando un pequeño pero creciente ecosistema que podría, en un futuro cercano, convertirse en una alternativa viable para aquellos que buscan disfrutar de una copa al atardecer o durante una cena.

Un aspecto particularmente notable de este cambio es cómo se está gestionando el acceso a las bebidas alcohólicas. La nueva licorería en Riad ha empezado a vender a ciertos residentes no musulmanes, específicamente aquellos con un estatus de residencia premium, que abarca a empresarios, inversores y profesionales altamente calificados. Este requisito de ingresos mínimos, fijado en alrededor de 50,000 riyales al mes, añade una capa adicional de exclusividad a la experiencia de consumo de alcohol, convirtiéndolo en un lujo accesible solo para unos pocos.

Los precios también han aumentado considerablemente. Un ejemplo claro se presentó cuando se informó que una botella de vino en esta licorería costaba aproximadamente 85 dólares, un precio que resulta significativamente más alto que el de Estados Unidos. Esto refleja la intención del gobierno saudí de mantener un control estricto sobre el mercado, regulando tanto la oferta como la demanda y asegurándose de que la apertura del sector no desencadene problemas de consumo masivo o descontrol.

En el marco de esta transformación, se ha hablado incluso de permitir el consumo de alcohol en hoteles y complejos turísticos de lujo, principalmente alrededor de la costa del Mar Rojo. Esta política no solo atraerá a turistas, sino que también podría convertirse en un incentivo para la inversión externa, algo que el reino requiere urgentemente para diversificar su economía, que ha estado profundamente arraigada en el petróleo.

Las intenciones del príncipe Mohammed bin Salman son claras: hacer de Arabia Saudí un destino atractivo no solo para turistas, sino también para expatriados y grandes inversores que buscan nuevas oportunidades en mercados emergentes. Al observar el éxito de ciudades como Dubái, donde el acceso al alcohol es mucho más tolerante, el reino parece estar aprendiendo que la flexibilidad en esta área podría ser un componente clave para atraer el tipo de inversiones que desea.

La historia de Arabia Saudí y su relación con el alcohol ha estado marcada por prohibiciones y restricciones. Sin embargo, el viento del cambio parece soplar fuerte, y la apertura gradual hacia un consumo más liberal podría ser solo el comienzo de un proceso más amplio de modernización. Las licorerías recién inauguradas representan un paso audaz que puede cambiar la percepción del país entre los extranjeros y también transformarán su paisaje social y cultural.

Así, mientras los ojos del mundo están puestos en Arabia Saudí y sus ambiciosos planes de desarrollo, la manera en que el país gestiona el acceso al alcohol será un indicador crucial de su capacidad para equilibrar tradición y modernidad. El desafío no es solo abrir la puerta a los placeres de un buen trago, sino hacerlo de manera que mantenga la identidad cultural y la cohesión social que han definido al reino durante generaciones.

Por Editor

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